Copy

Escritura creativa
para escritores creativos

And a happy new year

Feliz navidad, año nuevo, y ya que estamos felices reyes si están leyendo esto justo un seis de enero. ¿Por qué dejamos de festejar reyes como adultos? Acá en Inglaterra las casas son siempre alfombradas entonces es muy común sacarte los zapatos apenas entrás. Siento que es como vivir en un seis de enero constante. Yo tengo mis zapatos favoritos en exposición al lado de mi escritorio. A veces los miro como si mágicamente fuera a aparecer un regalo ahí. No sé por qué, pero siempre me costó dejar ir la fantasía.
 

Foto: Paloma Santiago            

La primera vez que se me rompió la ilusión fue alrededor de los siete años. Se me cayó uno de mis tantos dientes y en lugar de sentirme emocionada por el Ratón Pérez como hasta entonces, me largué a llorar. Tengo muy buena memoria. Puedo ver la escena con claridad. Cuando mi mamá me preguntó qué me pasaba, le dije que no quería que el ratón se siguiera llevando mis dientes a otra dimensión. No sé de dónde saqué el tema de otra dimensión y no sé por qué justo ese diente fue el que me rompió y determinó una línea que yo no estaba dispuesta a cruzar. Soy muy protectora de mis cosas y mis espacios. No me gusta que los chicos con los que salgo vengan a mi casa. Me molesta darles esa parte de mí porque siento que van a llevársela y nunca me la van a devolver. Se ve que todo comenzó con los dientes. Ahí fue que descubrí que el ratón ese eran mis papás. Y uno pensaría que ahí metí todo en la misma bolsa y dejé ir también a las ilusiones que me quedaban, pero yo jamás pude vivir en un mundo de verdad. No me gusta, me aburre. Ahora exploto ese amor por lo extraordinario escribiendo poemas a hombres que no los merecen para tener algo que contarle al mundo. Cuando era chica, agrandaba historias y me aferraba a las fantasías. Un año después de mi llanto por la dimensión desconocida en la que vivían mis dientes, me enteré de que el vestido que me habían traído los reyes magos había venido en realidad en la valija de mi amiga del club que acababa de volver de Brasil. Juli, si me estás leyendo, me acuerdo de que vos tenías uno igual. El mío era rojo, ¿el tuyo azul? Me molesta que me falten detalles, es como si me convirtiese en una versión barata de mí misma. Esa misma noche me encerré en el cuarto de mi mamá y escuché cómo se rompía otro de los cristales a los que yo me aferraba. Me acuerdo de estar sentada en su cama, mirando las manijas de su mueble de tocador. Okay, le dije sin mirarla, entonces los reyes no existen tampoco, pero por suerte existe Papá Noel. Me encanta contar esta historia y que la gente se ría. Me gusta contarla porque me encanta haber sido esa nena que se aferraba a la magia, que creía a pesar de todas las pruebas que tenía que la empujaban a ver el mundo de forma ordinaria. Pasó mucho tiempo desde ese momento. Sigo recibiendo regalos de mi mamá y mi papá pero esta vez yo también le hago regalos a ellos. Juntos mantenemos la ilusión de que estamos cerca. Casi parece real. A veces sueño con que se me caen los dientes y dicen que eso tiene que ver con el miedo a perder el control. Me sigue costando dejar entrar a la gente al centro de lo que soy pero a veces hago fuerza y dejo que un chico de un metro noventa y tres llegue a mi casa con una botella de vino que después termino de tomar mientras escribo estas palabras. Cuanto más los dejo acercarse, menos pesadillas tengo sobre mis dientes cayéndose. Cambiaron muchas cosas y algunas cambiaron para mal. No tengo abuelos. Tuve cuatro y ya no tengo ninguno. Esto empezó a cambiar hace once años cuando mi abuelo Rodolfo se murió en navidad. Él nunca habló mucho y yo hablaba por los dos. Ahora no puedo hablar de él porque lloro. A veces lloro por otra gente pero por él lloro siempre. Quizás es la forma que tiene mi cuerpo de procesar el honor de haber sido su nieta. Quizás si él hubiese sido una persona más normal y menos noble entonces sería más fácil aceptar que lo tuve y lo perdí y que ahora vive en mí. Algunas cosas cambiaron y no sé si la vida ahora es mejor o peor. Vivir lejos de casa es la decisión que sigo tomando todos los días, pero nunca puede ser catalogada como mejor que mi vida en Argentina cuando en Londres no tengo sanguchitos de miga ni una gata que se llama Aceituna y me ignora cuando le digo que es el único amor de mi vida. Mi nueva normalidad de vivir en Londres es hermosa cuando puedo pasarme una tarde entera paseando por Soho pero cuando pido una Guinness y no puedo hacer un brindis con mi papá esa misma vida es gris y triste como esas remeras que mi mamá usaba de trapos. Algunas cosas cambiaron para mejor. Ahora puedo bancarme que Papá Noel no exista, que la muerte no perdone y que el vino de una resaca horrible. Ya no me siento tan tentada de aferrarme a fantasías porque descubrí que puedo hacer cosas mágicas con mi vida real. Porque puedo ser el cliché que a mí me gusta ser: la que pinta a la tarde envuelta en su bata de flores, la que te recuerda que no se pudo olvidar de vos, la que sabe cuidar plantas y dejó de cuidar las paredes que la recubren, la que sigue torciendo la realidad de las historias para hacer que los otros se diviertan y se olviden por un rato de eso que todavía no pudieron dejar en ninguno de los años que ya pasaron.
Como notarán, el tono de esta edición es diferente al que tenemos casi siempre. Hoy me dan ganas de fluir con ustedes. El tema de este newsletter es giros inesperados. No tengo idea de qué voy a terminar diciéndoles. Espero que les interese. Espero que me sirva. Espero que nos podamos encontrar al final y hayamos aprendido algo juntos.

¿Es tu primera vez leyendo este newsletter? 
Podés encontrar las ediciones anteriores acá.

 Nosotros

Elegí hablar de giros inesperados porque a todos nos encantan esos cuentos que nos dejan con la boca abierta, esas películas que nos hacen gritar, esas canciones que meten una batería y te hacen darte vuelta para mirar a tu novia y decirle "y, sí", como le pasó a mi amigo Fermín. Elegí hablar de giros inesperados porque el 2020 fue para todos nosotros un torbellino de cosas que nadie podría haber prevenido. 
No quiero hacer balances. No hay manera de explicar qué saqué en limpio de este año. Saqué muchísimas cosas sucias. Sucias del virus que seguro me pasó muy cerca cuando tenía que ir a trabajar a la oficina en pleno pico de COVID. Sucias de la tierra de ese parque al que me escapaba a leer en mayo cuando empezaron a liberar las restricciones. Sucias del vino que tomé este año por primera vez. Sucias de la tintura que me cambió el color del pelo y la identidad de mi alma. Sucias de todas las acuarelas que usé para colorear encima de los poemas que jamás me ayudaron a olvidarme de alguien. Sucias de la arena del mar al que fui para sentir que podía darme un regalo. Sucias de todo eso que me tocó aunque yo no quería que lo hiciera: la angustia, el miedo, la inseguridad, el dolor, la vergüenza, el desamor, el amor de mentira, el amor a medias, el amor que no se puede abrazar.
Como mi cumpleaños es también a fin de año, yo me paso un mes entero haciendo reflexiones. No sé si estoy lista para mostrarles las reflexiones de este año, pero me gustaría un poco compartirles como estaba cerrando el 2019 y qué esperaba de este 2020. Si me sale, puedo mover algunas cosas y cerrar algunas conclusiones. (Sí, es lo mismo que hacer balances y sacar cosas en limpio, pero saben que siempre me voy a esconder en tecnicismos.) A continuación, extractos de mi diario. Brace yourselves.

24.11.2019:
Es mi último día con 26. Este año fue increíble. Estoy volviendo a ser más yo, más actriz, más valiente, más buena, más escritora. Entendí que el paso del tiempo no es algo malo, que no estoy dejando nada atrás. Tengo todo por delante y con eso tengo paciencia. Sé que tengo todo el tiempo del mundo entonces ya no pienso qué debería estar haciendo. Estoy en donde tengo que estar.

25.11.2019
Mis tres deseos esta noche fueron: 
1) empezar a trabajar en alguna editorial.
2) enamorarme.
3) seguir siendo feliz como ahora.


26.11.2019:
Quiero cumplir cosas. Quiero enamorarme. Quiero viajar. Quiero tener una novela increíble lista para ser presentada. Quiero dejar de necesitar entender. Quiero aceptar cada uno de mis deseos. Quiero ser yo todo el tiempo. Tener un norte y un sur. Quiero tener tiempo para verlo todo. 


05.01.2020:
It's the new year! Y con este nuevo año viene una nueva actitud, responsable y respetuosa de mí misma. En enero no voy a tomar alcohol, voy a arrancar a tomar talleres y voy a hacer 21 días de meditación. También voy a ponerme a tiro con concursos y competencias. (...) Durante navidad y año nuevo descubrí que algo que me pesa es la falta de lo extraordinario. Nos conocemos, sabemos cómo soy. Y no está tan bien ponerle tanto peso a todo. Algunos momentos son tranquilos. La juventud no se me está escapando. Este año voy a amigarme con lo que a mí me hace bien, porque realmente me hace bien pasar tiempo sola. 


Y obvio que es más fácil todo con el diario del lunes y el diario íntimo del 2020 ya estallado. Acá va mi voz narradora explicando lo que realmente pasó:
Ojalá no hubiese perdido la paciencia que tenía hace más de un año, pero estuve muy desesperada en muchos momentos. Ahora estoy probando a ver si soy un poco más feliz jugando a ver qué onda. Voy poco tiempo, pero estoy más tranquila que cuando simulaba tenerla clara.
Por suerte quedó demostrando que si deseamos mucho algo lo conseguimos. Este año me enamoré de una forma diferente a los enamoramientos que tuve antes. Me enamoré mejor que en 2012 y con mucho más desapego que en 2016. Me enamoré bastante sola y un poco obligada por alguien que quería que yo me enamorara de él a toda costa. También queda demostrado que eso se puede lograr pero que el resultado no siempre es lindo.  Ya no pido enamorarme ni pido un novio. Ahora pido amor y un compañero. Y quizás ese compañero venga en forma de perro. Quizás me termine reconectando con mi Kindle. Estoy leyendo un libro sobre poliamor y mi psicóloga me dijo que me va a servir para saber amar a otros sin dejar de amarme a mí en el proceso. Espero que tenga razón.
No empecé a trabajar en ninguna editorial pero descubrí que existe una forma de trabajar de algo que me hace bien y hace bien a los demás. Se dio todo demasiado rápido y demasiado bien y por eso me cuesta un poco creer en lo que estoy viviendo. Hoy pienso en todos CVs que mandé que nunca me contestaron y en lo cerradas que parecían las puertas alrededor mío. Soy una de esas hijas de puta que salieron ganando con la pandemia, raza casi tan odiada como la gente que no tiene problemas para dormir. Aprendí que te puede salir todo bien y vos podés seguir estando mal porque si no arreglás el engranaje que tenés adentro que decide con qué ojos ves el mundo, la circunstancia tampoco puede hacer maravillas. Aprendí, sobre todo, que muchas veces creemos que sabemos lo que nos conviene y no tenemos razón. Y que no es responsabilidad nuestra marcar cada paso. A veces hay que dar la cara y dejar que el mundo decida cómo quiere que juguemos.
Mientras escribo esto, a mi novela le quedan los últimos cambios. Después de eso, estará lista para ser presentada ante ojos confiables que me ayuden a pulirla para ojos exigentes. No sé si es increíble. Aprendí que no quiero ser increíble. Quiero hacer que mis personajes estén conformes. Cuando no sé para qué lado ir, pienso en Federica, que es mi favorita. Ella sabe lo que quiere que yo haga con ella. Ojalá no falte mucho para que puedan conocerla. Es la nena más maravillosa del mundo, y no lo digo porque haya salido de mis dedos. Si los hijos eligen a los padres, entonces los personajes eligen a los escritores. Me honra saber que ella me eligió a mí. Empecé el año queriendo impresionar a los grandes y terminé descubriendo que sólo me interesa ganarme la atención de una pequeña de quince años que sólo existe entre mis páginas y mi alma. Terminé descubriendo que no hay desafío más grande que ese y que su confianza me obliga a estar a la altura. Como a veces le digo a mis alumnos, creernos poco dignos de una idea es como ponernos el traje de hombre mediocre y decirle "no te merezco" a una chica que sólo quiere amarnos. No hagan lo que no les gusta que les hagan. Den la cara, estén a la altura, hagan el esfuerzo de merecer a sus Federicas.
Sigo necesitando entender pero estoy sintiendo más. A veces me amigo con mis deseos y no los cuestiono. A veces tengo que esforzarme para esto. No sé cuál es mi norte y mi sur, pero sé que todos los días tengo que hacer un paso y después otro y después otro y así voy a llegar a donde tengo que estar.
Pasé mucho tiempo sola. No logré sentirme orgullosa de quien soy cuando estoy sola. Sigo sintiéndome menos por elegirme. No cuando lo pienso, porque siempre tengo la teoría. Pero me cuesta la práctica. Me cuesta no avergonzarme cuando digo que me alcanza conmigo, porque siento que nadie me va a creer, porque no ven lo que yo veo en mí, no saben lo buena amiga que soy cuando me dedico a cuidarme y entretenerme. Me sirve pensar en mi mamá, que este año se reencontró con su mejor amiga, esa nena que vive adentro suyo. Me sirve lo tranquila que me siento cuando pienso que por fin mi mamá está acompañada de la mejor persona que conozco: ella misma. Creo que todos somos el amor de nuestra propia vida. Si tuviera que quedarme con alguien, sería conmigo. Por suerte no tengo que hacer esas elecciones y puedo amar a más personas. Y a mi gata, que no se acuerda de mí.

No tengo tantas conclusiones que puedan servirles con respecto a esto. Creo que, como punto final, puedo decirles que en el camino del arte todo funciona mejor cuando nos dedicamos a jugar y dejamos que del resultado se encargue la energía que nosotros tiramos al universo, amorfa pero bien intencionada. Salgan más seguido con ustedes mismos, llévense de paseo, dense esa compañía que sólo yo me puedo dar a mí y sólo mi mamá puede darse a ella. Por último, den la cara y estén a la altura. Y tengan un diario íntimo. Vuelvan a leerlo en un año. Vuelvan a leerlo todo el tiempo. Dejen una parte suya en algún lado, para poder volver siempre, para poder darle todo su amor a los demás sin tener miedo de quedarse sin sus dientes y sus pensamientos porque se fueron a otra dimensión. 

Lo que yo no puedo darles, existe en alguien más.
Por eso, aquí van mis recomendaciones:


- Si tienen ganas de leer un newsletter que me dejó recalculando por su forma de tratar el amor, lean a Charly Cox. Está en inglés, así que a los lectores en español les doy de premio consuelo el Instagram de Leti Sala que escribe cosas muy lindas también.

- Si quieren una novela terminada llena de giros inesperados, lean Monstruos Invisibles, de parte de Chuck Palahniuk que escribió Fight Club, película con un giro increíble si los hay. Lejos mi libro favorito de todo este año, aunque haya salido hace tanto tiempo. Encima lo leí porque lo encontré por la calle. El universo ocupándose de nutrirme por donde corresponde.
 
-  Si les copa aprender un poco sobre copy writing de parte de una persona que, a diferencia de mí, sabe hablarle a las masas con brevedad, sigan a Luchi Inés. Además tiene talleres piolísimos para que destraben su creatividad.

- Si realmente quieren empezar el año con el pie derecho, vayan a comprarse ya mismo un cuaderno y asegúrense de dejar registro de el 2021. No queremos más años para olvidar. Todo lo que pueden encontrar leyéndome a mí o a cualquiera que sigan, está en realidad adentro suyo.  Ustedes que no están del otro lado del mundo, compren su diario en Paper Corner. No sólo tienen un diseño y unas hojas suavecitas, sino que la energía con la que están hechos van a ayudar a que sus pensamientos se transformen en magia.

Eso 

Este año escribí un cuento excelente con un final que nadie se vio venir. Es una cagada. No es una cagada porque el cuento sea una cagada, sino porque la forma en la que yo lo escribí es una cagada. Y quizás las mismas palabras escritas con los dedos de alguien más serían perfectas, pero saliendo de mí esas palabras son, repito, una cagada.
Desglocemos. Si hubo un giro inesperado para mí este año fue el de descubrir que me falta muchísimo por descubrir en mi escritura. Des-cubrir. Sacarle a lo que amo todas esas capas que usé para taparlo. Por mucho tiempo, en parte por miedo a errar y en parte con el afán de deslumbrar a otros y por fin tener la certeza de que mi arte cuenta, intenté entender el mercado, estudiar técnicas ajenas, imitar lo que estaba a mi alcance. No sólo es una estupidez sino que es peligroso. Si te quedás mucho tiempo dando vueltas en lo que pensás que tendrías que estar haciendo, te olvidás de qué es lo que te gusta hacer.
El giro más inesperado de mi 2020 con respecto a la escritura fue, entonces, darme cuenta de que no tenía que ir, sino volver. Volver a lo que a mí me conmueve, a lo que le gusta a mi mamá, a lo que no me cuesta porque sale del fondo de mi corazón. Volver a eso que sale bien porque no intentamos controlar el resultado. Volver para llegar. ¿Mi recomendación personal? Agarren esos textos que escribieron hace uno, tres o veinte años. Traten de buscar qué partes les gustan, qué sienten cuando vuelven a encontrarse con eso que los motivó tanto en el pasado.
Los invito a que hagan dos reflexiones. ¿Qué ideas erradas de su escritura tuvieron hasta este año? ¿Qué es eso que sale solo y sin esfuerzo?
Ojalá dejen de ver lo que hacen con los ojos de la persona que quiere mejorar y lo puedan ver como alguien que quiere hacer brillar lo que ya existe. 

🌸El taller que va a hacer que sus días florezcan 🌸
 

Los invito a conocer El Semillero.  Cuatro encuentros grabados para hacer a tu tiempo en la comodidad de tu hogar:

O sea, me entendés? - un taller para aprender a poner tus sentimientos en palabras, mejorar tu comunicación con los demás y quizás escribir por fin esa carta de amor que nunca te animaste a enviar.
Había una vez - Storytelling personal para Instagram. Trucos para hacer que el lector viaje con vos y viva tus historias desde adentro.
Todos los días, amor, toda la vida - los diarios como herramienta para mejorar tu autoconocimiento y hacer que tu amor propio crezca a través de escrituras cortas de todos los días.
Los trapitos al sol - distintas herramientas para salir del closet creativo y empezar a mostrar lo que escribís, sin miedo y con apoyo.

Toda la info para anotarte
acá.

Ellos 

Algo de lo que hablo muchísimo en mis talleres es sobre las resoluciones bien logradas y esas que, por el contrario, nos dejan gritándole al televisor. En mi opinión, todo tiene que ver con los personajes. Cuando la motivación es clara desde el principio pero el escritor fue inteligente escondiéndola, todos terminamos sorprendidos. Cuando te metés en un problema que no sabés resolver y elegís doblar al personaje para cerrar algo, perdiste a tus lectores para siempre. Porque es diciembre y estoy cansada, voy a dejar que trabajen ustedes. Les voy a dejar una lista de giros que, a mi entender, están bien o mal logrados. Pueden organizar su propio grupo de debate y pelearse como cuando me peleo por La La Land con mis amigas.

Historias que sí:

- White Teeth, Zadie Smith.
- Before Sunrise, Before Sunset y Before Midnight. 
- Mr Robot, primera temporada.
- The Murder of Roger Ackroyd, Agatha Christie.
- Arrête Avec Tes Mensonges, Philippe Besson. (Obvio no la leí en francés pero si ustedes saben leer en ese idioma, adelante.)
The Usual Suspects: sabemos que tanto Kevin Spacey como Bryan Singer están cancelados pero si hacen click en el link del título van a encontrarse con el guión original. 


Historias que no:

- The Kissing Booth. Más allá de que esta película es un Lollapalooza de cosas mal logradas, me gustaría que le prestaran atención a lo que dice ella en el monólogo final. ¿Toda la película pensando en un Tincho genérico y ahora te empoderaste mágicamente?
- The Revenge of the Sith. Sobre todo por Padmé. No diré más. Igual amo esta película con toda mi alma pero WHY, GOD, WHY?!
- Esa temporada en la que Rachel y Joey se enamoraron.
- How I Met Your Mother. Que la historia me juzgue, pero es el ejemplo perfecto de que no podés planear un final desde el principio si tu proyecto va mutando frente al público.
- The Forgotten. Perdón Julianne Moore. *vomita*
- Notarán que no nombré ningún libro. Esto es porque hago un estudio de mercado consciente antes de leer un libro, porque es tiempo que le estoy robando a leer otro libro. Si por esas cosas me equivoco, suelo dejarlo en las 100 páginas. Ningún libro merece tu atención gratis por más tiempo. He leído pocos libros malos malos. Uno se llama The Man Who Didn't Call de Rosie Walsh. Si quieren estudiar a consciencia un mal libro, los invito a destruirlo con críticas en mi bandeja de entrada. Vengo soñando con un compañero de odio hace rato. Sin embargo, prefiero que usen su tiempo leyendo algo que disfruten.
Por último y a pedido del público, les traigo la lista de algunos de los libros que leí este año, ordenada como un semáforo entre lo que recomiendo convencida y no que no le compraría ni a mi peor enemigo. Les recomiendo que investiguen antes porque mi gusto es bastante variado y quizás lo que les gusta de un libro de la lista no aparezca necesariamente en otro. Para conocerlos, hagan click acá.

Este espacio funciona a base de amor por la propuesta, libros que leo para crecer todos los días un poco más y Coca Cola que me acompaña cuando tengo sueño. Si quieren ayudarme a solventar esos libritos y coquitas, pueden hacer click acá desde el exterior o acá desde Argentina.

Elles 


Ahora sí, sin más preámbulos, es momentos de darles a elles, mis pollites, el lado protagonista. En esta edición estoy FELIZ de poder darle el protagonismo a más de une.
Sofi y Rochi, dos alumnas fieles de todos los talleres, participaron en el Mundial de Escritura y quedaron como finalistas. Imaginarán mi fascinación cuando me contaron. Nada de lo que lean en sus palabras tiene que ver con algo que yo haya enseñado, pero según ellas el espacio que creamos juntas les dio el valor para mostrar sus palabras. De eso voy a permitirme sentir orgullo. De su prosa, sólo siento admiración.
El tercer texto de este newsletter es de Lizzy Blanco, también participante fiel de estos espacios y una escritora híper talentosa que me alegro muchísimo de haber conocido, aunque insista en escribir historias que no tienen finales optimistas como a este cachorrito que soy le gustaría. Los invito a angustiarse conmigo y con los chicos del taller de Terapia Creativa que eligieron este cuento como ganador de nuestro segundo mundialito regional (todo en minúscula porque es pequeño y adorable como nuestra familia).
Por último, les dejo el cuentazo de María Centeno, que surgió gracias a una de las ideas que recolectamos allá lejos y hace tiempo cuando hicimos nuestro rejunte de ideas a la canasta en el newsletter de septiembre y octubre. Esa idea decía: "La víctima de un asesinato relata la historia de la investigación de su caso en primera persona. Es un hombre soltero de 30 años aproximadamente, fue asesinado en su cocina mientras se subía a una silla a alcanzar latas de la alacena." Pasen y vean lo que María hizo con ese diamante un bruto.

 

Por goteo - Sofía Hualde 

No sabría precisar cuándo empezó. Hay sonidos que irrumpen por su violencia. Incluso los hay imperceptibles mientras duran, esos que sólo se identifican por una ausencia repentina. Otros se imponen por repetición, como si gotearan en el oído hasta llenarlo. Este subía y bajaba, subía y bajaba. Si conociera algo de teoría musical podría definirlo técnicamente, nombrando sus notas; supongo que eran dos. Tampoco sé decir el compás. En mi mente está intacto, conozco de memoria la duración del primer impacto, la extensión agónica del segundo, luego el silencio expectante, la duda: ¿Cómo saber cuando estamos presenciando la última estocada de una constante? Hay, pese al hincapié que se hace en la cultura popular a la idea de que todo termina, una fe ciega y subrepticia en la infinitud de las cosas. Sucede principalmente con la vida de uno, pero se extiende a la vida en general y se escurre por los poros de lo cotidiano, llegando incluso a hacer que un sonido nuevo y repetitivo de origen incierto se agrupe con lo no perecedero.
Lo había considerado una curiosidad de mí misma, que me llegue a gustar: “Patricia un día notó que había aparecido un golpeteo constante en su departamento, ¿se quejó al encargado?, para nada, le acabó resultando grata la compañía de esa música”. Reconozco que es una reacción algo egocéntrica, perversa incluso, y sería tonto de mi parte confesar que a veces echo en falta el arrullo cuando me estoy por dormir. 

Pueden leer el cuento completo por acá.

 

Adictos - Rocío Alonso

Nunca te falta el cigarrillo; en la mano, en el bolsillo, en la boca. Aunque empezaste a fumar hace dos o tres años, el tubito bicolor se cuela en todos tus recuerdos. Tu casa era la típica a la que tus amigos no querían ir de chicos. O eso pensabas, pero en realidad eran los hipócritas de sus progenitores: les dolía el orgullo ver a sus hijos empapados en el aroma de su propia juventud.  Y me acuerdo; tenías tanto enojo, tanto resentimiento… Hiciste promesas, juzgaste, pusiste cara de asco. Nunca ibas a sostener un cigarrillo, decías. No ibas a ser así de débil, jurabas. 
Y es gracioso pensar que lo primero que te llevó a romper tus tan sentidas promesas no fue la nicotina, sino otro tipo de adicción. Una que la mayoría de la gente tiene: yo y todos los que caminan nuestros pasillos y toman nuestros exámenes. Todos los que se emocionan con los vasos rojos, y dejan la botella boca abajo justo un poco más de lo que saben que les conviene. No conoces el trasfondo de tus acciones, o tal vez sí, no sé. Me encantaría saber qué meditas con tu almohada cuando no hay nadie que mida con regla tus pensamientos como lo hacen con tus palabras. Me encantaría saber cómo sos cuando no usas de espejo nuestros ojos pesquisantes, ojos animales listos para desnudar cada una de tus cagadas. Me encantaría saber cómo actúas cuando no hay un lente de por medio y no estas calculando a cuántas previas te pueden invitar si subís una foto que contabilice tu cantidad de amigos.  

Pueden leer el cuento completo por acá.

 

Vinieron de noche - Lizzy Blanco

Los grandes mienten todo el tiempo. Papá y mamá, ellos mienten. Hace un año dijeron que al final Papá Noel no existe, que ellos ponen los regalos. Puede ser, puede que los regalos sean ellos, pero cuando les pedí que me probaran que no existía se quedaron mirándome con la cara tonta los dos. ¡Mirá si van a ser ellos! ¡Era obvio que mentían! Debería haberme dado cuenta ahí.
Dijeron también que los monstruos no existen. Y eso también es mentira. Una mentira gorda, no, grande. Se que es mentira porque yo los vi.
Vinieron de noche. Cuando rompieron la puerta de calle, mamá entró corriendo y pateando juguetes y me subió a upa. El corazón le golpeaba tan fuerte que parecía que quería meterse al lado del mío. Se arrodilló al frente del banco cuadrado, ese que tiene un hueco adentro para guardar los zapatos. Lo abrió y me miró con ojos como huevos, mientras no dejaba de temblar.
—Metete adentro, Vivi, y no salgas —me dijo como si le estuvieran apretando la garganta desde adentro—. No importa lo que escuches, vos no salgas.

 

Pueden leer el cuento completo por acá.


Suipacha 313 - María Centeno
 

Nunca fui protagonista de nada. No es que no quisiera. Supongo que todos en el fondo queremos ser protagonistas, aunque más no sea solo de nuestra propia historia. Probé de todo, pero parece que ese no soy yo. He tratado, realmente lo he intentado mucho, la vida siempre me empujó a un costado. En el mejor de los casos el costado del personaje secundario: el mejor amigo gracioso, el ex novio intenso, el tío compinche. En el peor de los casos, la mayoría, el costado del extra, del actor de relleno, del pequeño soporte que hace que una historia sea pintoresca o realista pero su aporte a la trama es insignificante: el cajero del supermercado, el jardinero o, por los últimos nueve años, el cartero. 
Estoy acostumbrado a pasar desapercibido en la vida de los demás. Las maestras de primaria jamás se memorizaron mi cara y si me las he vuelto a cruzar, incluso poco tiempo después de terminar un año escolar, nunca me reconocieron. Mi desempeño laboral, debo admitir, nunca fue sobresaliente, pero jamás me han echado de ningún lado, ¡Venga! Que hasta mi abuela me llamaba por el nombre de todos mis primos antes de llegar al mío que siempre era el último. 
Pero como un actor que se prepara toda su vida agarrando papeles nimios, esperando pacientemente su gran momento de brillar, su papel único que marcará toda su carrera, la primera de muchas ofertas de ser el centro del rodaje, es que me encontré ese domingo. A simple vista un domingo cualquiera, una tarde casi común. Yo sentado en la mesada, en el living escucho a un montón de gente. No los alcanzo a ver, pero se quiénes son. Hace menos de cinco minutos estaban acá conmigo. Más importante, estaban acá por mí, toda esta gente reunida para verme. Menos mal que limpié. Las ventanas están cerradas a pesar de que afuera el día esta hermoso. Quisiera poder abrirlas y sentir el aire fresco del atardecer, o comprobar si puedo sentirlo. Todo es tan nuevo. La alacena esta descolocada y es como si quisiera chocarse con mi cabeza. La puerta entreabierta y en el suelo yo, tirado, al lado de una lata de arvejas. Bueno, no soy yo, por supuesto, no es que puedo estar en dos lugares al mismo tiempo. Es mi cuerpo que ya no habito. 

Pueden leer el cuento completo por acá.

Si se suman al taller de Terapia Creativa para escritores van a:

- trabajar sus miedos en un ambiente seguro.
- hacer ejercicios concretos para mejorar sus técnicas de escritura.
- tener acceso al grupo de Discord en el cual compartimos material y recibimos feedback.
- poder participar del torneito regional de escritura entre compañeros, para ganarse un lugar y mostrar sus cuentos en este newsletter.

Pueden ver más info acá y reservar su lugar acá.

Ella

Hoooooola Juaniters! ¡Felices fiestas! ¿Les regalaron libros? ¿Ustedes le regalaron algún libro a un ser querido? ¿Ya se recuperaron del exceso de mantecol y pan dulce? ¿No? Bueno, se sirven un cafecito y prestan atención eh, que el newsletter se la merece.
Estuve muchísimo tiempo dándole vueltas al tema de los giros argumentales, pensando en cómo recomendarles cosas que tengan un buen plot twist pero sin arruinarles la diversión. No está bueno subirse a la montaña rusa literaria sabiendo que en algún momento se va a sacudir tanto que te vas a querer bajar. Así que resolví lo siguiente: hoy voy a hablar de un clásico. Si, ya sé, les dije que no les iba a recomendar nada que ya conocieran pero BUENO. No hay nadie que haya vuelto a escribir como él. Y, ¿quién es él? Nada más ni nada menos que el señor -me pongo de pie- Julio Cortázar.
Rey indiscutido del giro argumental, barrilete cósmico del cuento. Estos son mis tres cuentos favoritos. Léanlos, si ya los leyeron en la escuela vuelvan a pegarles una leída. Cortázar se lo merece y ustedes también.

 

 
Disclaimer: toda esta sección será ilustrada con fotos de Cortázar con gatitos

La continuidad de los parques

A mi parecer, el mejor cuento de toda la literatura latinoamericana. Publicado originalmente en la antología Final del juego, está compuesto solamente por 541 palabras y 3180 caracteres. No se necesita más para lograr sacudirte la cabeza y dejarte mirando a un punto fijo. En sus propias palabras: “el buen cuentista es un boxeador muy astuto y muchos de sus golpes iniciales pueden parecer poco eficaces cuando en realidad están minando ya las resistencias más sólidas del adversario. El cuentista sabe que no puede proceder acumulativamente, que no tiene como aliado al tiempo, su único recurso es trabajar en la profundidad”. 
Los que hicieron el tercer nivel con Juana seguro lo tengan fresco en la memoria, pero los empujo a que se tomen un ratito para apreciar cómo construye tanto en tan poco tiempo. Pueden leerlo haciendo click acá y también lo pueden escucharlo leído con su propia voz.

 

 
 

La isla a mediodía

Con Cortázar uno nunca sabe muy bien donde empieza la trama y donde termina la realidad. Este cuento publicado originalmente en Todos los fuegos el fuego no es la excepción. Super breve y ultra extraño. Recomiendo fuertemente que lo lean dos o tres veces para empezar a ver los hilos que se tejen detrás de lo aparente. Lo pueden leer haciendo click acá.
 

 

La noche boca arriba

Ahhhh MI FAVORITO (que no me escuche Cartas a una señorita en Paríspero bueno, ambos pueden convivir en el pedestal de mis gustos). Nunca sÉ muy bien hasta dónde contarles y hasta dónde dejarlos libres para que exploren, pero acá les explico un poquito. Dos líneas argumentales: un señor que tiene un accidente de moto, y por otro lado, toda una persecución azteca. Queda en manos del lector definir hasta dónde llega la realidad y cuales son los hechos concretos. Publicado originalmente en Final del juego junto con La continuidad de los parques, es uno de sus cuentos icónicos y pueden leerlo acá.

 

¡Eso es todo por hoy! Espero que fin de año los haya tratado mejor que a mi, que el otro día le mande un mensaje a Juana diciendo que me siento un chicle masticado, sin sabor y medio duro, pero que por alguna razón el 2020 INSISTE EN SEGUIR MASTICANDO.
Les quiero agradecer a todos, primero a Juana por 1) arrancar este newsletter y alegrarme los viernes de cuarentena 2) crear el taller y darle un sentido diferente a mis sábados y 3) dejarme formar parte desde este lugar tan especial. Y a ustedes les agradezco muchísimo por leerme y dejarme entrar en sus casillas de mail cada tanto. No se dan una idea de lo hermoso y divertido que es leer sabiendo que en algún momento les voy a contar sobre eso.
¡Que tengan un genial arranque del 2021! La vara está bajísima, saquémosle provecho! 

Si tienen ganas de formar parte de una comunidad de escritores que se juntan por Zoom a aprender técnicas de ficción, comparten clubes de lectura y se apoyan los unos a otros, ¿por qué no le dan una oportunidad al taller de Escritura Creativa? El miércoles  06/01 comenzamos con el taller de enero. Toda la info está acá.

Ustedes y yo

 

Este newsletter nació este año, como el primer giro inesperado de una serie de giros inesperados que hoy conforman mi vida y quizás también forman parte de la vida de ustedes. Comenzó sin muchas certezas, sólo quería compartir lo que había aprendido hasta ahora. En el camino fue cambiando la regularidad con la que salió, fuimos agregando y quitando secciones y sumando invitados de honor, entre ellos Katerina, mi preferida. (Otro giro hermoso fue haber re-conocido a Kate, que era alguien que orbitaba cerca mío y de mis amigos, desde un lugar más cercano, más hermano, más común. Espero que este espacio haya servido para que ustedes también la conozcan como aprendí a conocerla yo.) Si me hubiesen preguntando qué quería lograr con este newsletter, jamás hubiese anotado todas las cosas que finalmente se dieron gracias a él. Esto debería servirme de lección. Las cosas que menos controlo, mejor salen, y cuando pido deseos amplios, el universo se encarga de darme lo que cree que merezco, que es mucho más de que eso que yo misma creo merecer. Si hubiese esperado a tenerla clarísima en cuanto a qué contar y cómo hacerlo, seguramente nunca hubiese empezado. Esto debería servirles de lección si son de esos que no se animan a crear porque están pensando en algo que va a suceder quince casilleros más adelante. Quizás hoy no tienen las armas para llegar al resultado final que su idea merece, pero si no comienzan a transitar el camino, no van a tener esas armas nunca. Y, como me dijo mi hermano este año a modo de mantra que me cambió la vida, es necesario saber cuándo parar, porque si estás siempre intentando ser mejor, nunca vas a disfrutar siendo quién te toca ser ahora.
Por último, como giro inesperado, les cuento que este año descubrí que Nicolás Meli, mi amigo de la cancha con quien he tomado mucho fernet en botellas cortadas, es un escritor muy talentoso. Comencé este newsletter queriendo poner en palabras qué es escribir y nunca me quedé conforme. Él dijo todo eso que yo no pude:

Escribir historias es como dar las noticias del clima. Puedo estar acá, sentado desde la incomodidad de mi casa diciéndote que salgas abrigado porque el viento hoy va a soplar más fuerte que ayer. Puedo estar en tu televisor, diciéndote que el sol va a salir solo para unos pocos, y que el resto deberá conformarse con imaginarlo sobre las nubes. Decirte que lleves el paraguas porque puede que llueva hasta que el cielo se seque, y que también te muestre los dolores después de la tormenta más grande que pudiste soportar. Pero hay algo mucho más importante: puede que todo sea mentira. Puede que el viento cambie de dirección y las nubes se escapen como si sonara el timbre del recreo, que los rayos que veías de lejos se conviertan en el calor más insoportable del último año, y puede que solo existan finales felices. Las historias pueden ser como el clima. Predecibles, intensas, sofocantes, encantadoras, terroríficas, inolvidables, y también pueden ser todo lo opuesto. Escribir sobre leyes no te convierte en abogado y decir que va a llover no te vuelve el dueño del cielo. Escribir solo puede transformarte en una cosa: en escritor. Escribir no significa estar sentado ante el juez, jurando decir la verdad y solo la verdad, más bien lo contrario. Las historias no tienen obligaciones y los escritores tienen libertades. La libertad de inventar una ciudad que no existe, la libertad de matar por placer, la libertad de darle amor a quien creemos que no merece amor. La libertad de no creer en nada, y hacer que los demás crean en eso. Una historia puede ser una gran mentira, pero una palabra te puede salvar la vida. Y nadie quiere vivir sin libertad.

No me animo a pedir deseos, pero ojalá el 2021 nos encuentre más libres y seamos muchos los que se animan a hablar del clima.

Feliz navidad, feliz año nuevo,

Juani.

Facebook
Twitter
Link
Website
Copyright © 2020 Escritura Creativa anti Apocalipsis, All rights reserved.