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Escritura creativa
para escritores creativos

Debajo del velo


Todavía es enero, pero es el último día. No estoy mal pero tampoco estoy bien. Estoy pasando por una de esas etapas del aislamiento en los cuales el tiempo se transforma en algo que deja de tener sentido, si es que alguna vez lo tuvo. Me encuentro dando vueltas en la cama que hice esta mañana, en una habitación muy oscura, en un momento del día en el que todavía es muy temprano como para irme a cenar. Ya llamé a mi mamá por teléfono, ya vi una película, ya leí un libro. Me espera una semana nueva adelante mío y sé que va a ser buena porque ahora me gustan mis días, pero también sé que voy a tener que lidiar con cosas que surgirán. Ya aprendí que siempre surgen cosas.
 

 

Foto: Camila Godoy.           

Me quedo mirando el techo, esquivando esas cosas en las que no quiero pensar porque me ponen incómoda. No puedo hacerlo. Sé que hay algo del otro lado de mis molestias y sé que no voy a estar tranquila hasta no quitarle el velo. Agarro mi cuaderno, empiezo a escribir palabras sueltas, sentimientos crudos, pensamientos polémicos. Escribo hasta que mi mano se cansa de acobardarse y se anima a decir eso que me encuentra de frente con partes de mí que no me hacen sentir orgullosa. La niebla tiene un nombre, una cara, un color.  Sigo escribiendo hasta que encuentro cómo darle forma. Va surgiendo algo que tiene un claro principio y fin, algo tan obvio que parece obsceno, algo concreto que puedo trabajar y resolver.
En el silencio que queda cuando el escándalo se va, una idea empieza a aparecer. Ya sé de qué voy a hablarles en febrero. Por primera vez en mucho tiempo, este newsletter se organiza frente a mis ojos, con todas las secciones decididas, todo lo que quiero decirles escupido en la página antes de que mis manos lleguen a transcribirlo con claridad.
Me quedan menos misterios en la cabeza y el corazón.  La claridad me despojó de todos mis escondites. Sólo me resta ser esto que a veces me gustaría no ser. Otro descubrimiento aflora: puedo con eso. Puedo conmigo. Y en la quietud que me abraza cuando dejo de correr, me alcanzan las ideas. Es la recompensa. El arte aprieta pero no ahorca.

¿Es tu primera vez leyendo este newsletter? 
Podés encontrar las ediciones anteriores
acá.

 Nosotros

En el newsletter de hoy nos vamos a dedicar a hablar de misterio. La sección anterior relata de una forma complicada (quizás demasiado complicada pero me gustaba mantener el velo presente en esa sección) cómo me sentí cuando me descubrí teniendo pensamientos críticos hacia una persona que no me hizo nada.  No es que dude de mi intuición y tampoco es que todo el mundo me caiga bien, pero no estoy acostumbrada a no saber por qué alguien me cae mal. Mi psicóloga me suele retar porque soy muy racional, pero yo creo que por lo general me beneficia sacar tantas conclusiones. O quizás no sirve de nada, pero yo necesito entender las cosas.
La realidad es que, más allá de que no nos guste ser gente prejuiciosa, somos gente prejuiciosa. Más importante es reconocer que, a pesar de que enterremos estos sentimientos, ellos nos dominan. Me acuerdo de haber leído en Blink, el libro de Malcom Gladwell, sobre el poder de la intuición. Malcom contaba muchos casos en los cuales las personas tomaron decisiones basadas en alarmas que los sentidos detectaron antes de que la racionalidad pudiera darles un nombre. El problema es que no siempre esos estímulos se interpretan de formas justas. Una cosa es cruzarte de vereda porque hay un perro que te da desconfianza, y otra es no querer ponerte una vacuna sólo porque viene de Rusia *cof cof*. Es necesario hacernos cargo de ese unconscious bias del que tanto se habla en el último tiempo.  Por eso, yo le dediqué mi domingo a pensar qué era exactamente lo que me molestaba tanto de una persona que ni siquiera conozco. No porque esté mal que alguien que ni siquiera conozco me caiga mal, sino porque tengo que estar segura de no estar ejerciendo un juicio de valor basada en estímulos equivocados. 
Pero bueno, basta de tanto misterio, porque la verdad es que no necesito seguir manteniendo el suspenso. La persona que me cae mal es Florence Given, una influencer a la que sigo y banco muchísimo.  Creo que eso era lo que tanto me hacía ruido. Si es una persona que crea un contenido que me gusta y me ha hecho bien, ¿por qué hay algo que me hace ruido? Sobre todo, ¿por qué hay algo de mí que disfrutó verla caer en estos últimos meses? (No voy a meterme a explicar el escándalo porque no le importa a nadie y es largo, pero pueden googlear Florence Given vs The Slumflower y sacar sus propias conclusiones.)  Lo que más miedo me daba era sentir envidia. Después de todo, es una persona que a los 21 años logró todo lo que yo quise siempre, sacar un best seller. Soy una persona segura de sí misma, pero vamos, ¿de verdad no tengo ni una pizca de envidia?  Digo que era lo que más miedo me daba porque la envidia (además de envenenar el alma como dice el dicho) es la forma que tiene el ego de alejarnos de cosas que nos podrían hacer bien.
Como les dije, soy racional y pragmática. Hice una lista de personas que lograron cosas que yo no logré y a las que quiero mucho para recordarme que puedo apreciar el éxito ajeno sin resentimiento. Lorde, Charly Cox, Zadie Smith y su debut increíble a los 25 años. Sus triunfos me alegran, siempre. Concluimos entonces que la envidia que siento suele ser controlada, trabajada y no le gana jamás a mi admiración. Sin embargo, había algo en Florence que me hacía retorcerme en hipocresías cuando consumía su contenido.  Seguía sin encontrar la respuesta. Y tienen que entender que yo no puedo jamás permitirme no tener la respuesta a una pregunta así. Nos molesta lo que somos o tenemos miedo de ser. Si algo no nos interpela, simplemente lo ignoramos o nos genera un rechazo limpio. Hay incontables celebridades que no me gustan pero no me importan en lo absoluto.  Verlas subir o caer no me da bronca ni placer. En cambio, había en Florence algo primario, íntimo, incluso propio. Lo que sea que me molestaba en ella, me molestaba también en mí. 
Para escaparme de estos sentimientos que no podía revolver, me fui un rato a Twitter. Fue entonces que me encontré con una nota de Tamara Tenenbaum que pueden leer acá. Este apartado me llamó mucho la atención y me dio una respuesta:

"En la era de las redes sociales, un verdadero famoso no tiene por qué ceder nada de su construcción subjetiva a ninguna persona ajena a su equipo de marketing: si una directora de cine, un periodista o una plataforma quisiera mostrarlo de una manera que no le gusta, sencillamente puede decir que no y subir su contenido directamente a una red social. De modo que todo lo que exceda a lo que el artista piensa de sí mismo queda afuera: igual que en los relatos que armamos las personas comunes en las redes sociales, en las nuevas historias de celebridades no hay lugar para la falla. Mi sensación es que hay un vínculo en estas narrativas hipercontroladas y algo de eso que llaman la cultura de la cancelación: no me refiero tanto a la producción de una nueva ética sexual y feminista, sino sobre todo a la voluntad muy poco feminista de encontrar al otro en un error, de señalar y castigar cualquier desvío mínimo. Tiene que haber una relación entre esta construcción ubicua de relatos calculadamente naturales sin espacio para el error y el goce social que se produce cuando en esas construcciones perfectas se revela un agujero: una palabra incorrecta, un gesto mal pensado, un chiste que ya no corre más, una noche de descontrol."

Ahí estaba, entre las palabras de Tamara, el porqué de mi molestia. Cuanto más crecen mis proyectos, más me expongo, más gente me conoce, más me despersonalizo. Y creo que mi mayor miedo siempre (y algo en lo que muchas veces caigo) es en jugar el rol de influencer copada, dejando de lado quien soy. Si tengo que ser honesta, me gustaría sólo escribirles a ustedes por acá, como hace Lorde para avisar que se va a la Antártida. No porque no me guste la atención de Instagram, el feedback instantáneo y la constante validación que obtenés en forma de likes, comentarios e engagement. Me gustaría no tener que usar esa red social justamente porque esa atención me gusta mucho. Encima es imposible salir perdiendo, porque excepto que hagas algo terrible, nadie va a ir a tu perfil a criticar tu contenido. Controlás tu exposición (obviando el tema de que hoy todos estamos condicionados a compartir lo mismo), controlás el feedback, te drogás en el hype. No me molesta ver a Florence siendo una figura autoritaria que no supo reaccionar a las críticas hasta que fue demasiado tarde, me da pánico porque sé que esa también puedo ser yo.
Uno de los problemas más grandes de la humanidad (creo) es intentar resolver los misterios ajenos antes que los propios. Perdemos horas pensando qué siente la persona con la que estamos saliendo en lugar de preguntarnos por cinco minutos por qué nosotros soportamos estar en una relación sin claridad. Pasamos siglos mirando el perfil de alguien que nos cae mal, intentando encontrar una foto en la que sonría de forma natural y se note que tiene los dientes torcidos, en lugar de sacar turno con el dentista o  solucionar nuestra inhibición a la hora de sonreír en fotos. Hace poco tuve una conversación que me dejó algo muy en claro: no vinimos al mundo a perder tanto tiempo pensando en otros.  Y si me leyeron el mes pasado y llegaron, como yo, a la conclusión de que nadie la tiene clara, creo que van a coincidir conmigo en que ninguno de nosotros puede darse el lujo de ir por la vida sin cuestionarse nada.
Aunque mi psicóloga me rete por ser demasiado racional, sigo creyendo que es importante desenmascararme a mí y a mis miserias antes de que otra persona lo haga. Los invito a ustedes a enfrentarse a sus misterios antes de querer descubrir a otros. Creo que el mundo realmente puede ser un lugar mejor si cada uno se ocupa de su pedacito de jardín en lugar de criticar el parque ajeno.

Lo que yo no puedo darles, existe en alguien más.
Por eso, aquí van mis recomendaciones:



- Si les gusta ver películas y quieren leer los comentarios de chicas jóvenes como tú y como yo, tengo dos recomendaciones para hacerles. La primera es La Monstra Pop. El Medium (amamos Medium, Blogspot no existís) de otra chica nacida en los 90s que escribe sobre series y películas. ¿Por qué deberíamos leerla? Porque entiende el cine un poco como nosotros, los que vemos Star Wars sólo por Baby Yoda. Recomiendo fuerte porque además de dar data te hace reír y se siente como una amiga cercana.  Mi segunda recomendación es Beludrome, un newsletter que me hizo ver una película francesa y DISFRUTARLA. Tiene data muy piola no sólo de películas que seguramente no vimos, sino también de cómo conseguirlas. Lo mejor es que está atravesado por una visión honesta, abierta y super sincera que nos va a ayudar a educarnos para pelearle a ese hombre que te dice que deberías ver Pulp Fiction y que posta le hagas caso, él sabe porque es cinéfilo. 

- Después de meses de esquivarlo, en febrero leí Free Play de Stephen Nachmanovitch. No es el mejor ni el único libro de creatividad, pero sí es un libro que creo que todos tendrían que leer. Habla bastante sobre la improvisación en la vida y en el arte y nos deja muy lindas lecciones sobre lo que realmente importa a la hora de crear. 

 
- Algo que para mí es clave en el camino del escritor es exponerse a ser rechazado. Dicen que tenemos que aspirar a conseguir 100 rechazos en un año para sentir que realmente estamos buscando lo que queremos. En la página Escritores.org hay que revolver, un poco como en la rebaja de Falabella, pero siempre se encuentra algún concurso copado que nos inspira.

- Si me siguen en las redes ya saben que amo a Phoebe Bridgers y su disco Punisher, pero después de ver esta entrevista, me elevé a un plano astral magistral. Su forma de transitar el trauma y convertirlo en arte???? Su manera de verse a ella misma y valorarse por ser la persona que trae las ideas a la mesa??? Otro nivel.

- Una recomendación que jamás pensé dar: un jueguito de la compu. Mi hermano me mostró Firewatch y si bien lo voy jugando muy lento, me hace bien porque me abstrae, me conecta con una parte de mi cerebro en la cual no entran preocupaciones y además me permite pasear por un bosque.

- Un poco hipócrita porque esta vez sí voy a compartirles algo que yo puedo darles, pero la realidad es que estoy muy orgullosa de estas playlists que hice, sobre todo porque indica que pude organizar ALGO. Si quieren llevarse un poco de lo que a mí me inspira, acá tienen mi perfil de Spotify.

- En la clase de terapia creativa compartimos mucho nuestras formas de hacernos bien y devolvernos nuestros momentos con nosotros mismos. Una de las chicas sugirió algo que bautizamos meditación en movimiento. Consiste en alejarse del celular y la computadora por una hora, ir al jardín o al balcón y dedicarse a hacer cosas que no nos pidan un esfuerzo mental. Creo en el poder del aburrimiento y en que en el silencio llegan las cosas. Si nos cuesta sentarnos en canastita con los ojos cerrados para sacar el mundo de nuestra cabeza, estemos en el mundo pero dejemos la cabeza afuera. Pueden hacer jardinería, cantar, arreglar un pantalón. 

Eso 

Una profesora de escritura que me cambió la vida me dijo una vez que todas las historias son una historia de misterio. Me encanta verlas como eso, una pregunta a contestar. Creo que ayuda a estructurar un cuento o novela sin que nos vayamos por las ramas, a que podamos ver cada elemento críticamente, a que hagamos lo mejor por dejar el ego de lado y demostrar nuestras habilidades. ¿Esta escena responde a la pregunta? ¿Este personaje me importa? 
Ayer (que en realidad no es ningún día, porque esto no va a salir mañana) hablaba con mi mamá sobre el libro The Friend de Sigrid Nunez. Hablamos de esas partes en las que el narrador se iba y se ponía a teorizar sobre cosas que se iban de la historia. Hablamos de otros libros en los que el autor hace lo mismo. Un poco me pasó con Immortality, mi libro favorito de Kundera. Obvio que cada uno hace lo que quiere con su libro (y de esto voy a hablarles en un ratito), pero tanto mi mamá como yo lo tomamos como una traición al acuerdo entre escritor y lector. No digo que en un libro no se pueda ir uno por las ramas, meterse en cosas que parecen no tener nada que ver con la historia, digo que yo personalmente no disfruto cuando el escritor nos saca de una buena historia para ponerse en ensayista en medio de una novela. Porque eso es lo que más bronca me da de ambos libros: las historias son excelentes, no necesitan ser interrumpidas con una columna de opinión del Página 12. Las dos coincidimos en que este salto en la forma se siente un poco como cuando vas a un recital y de pronto hacen un solo de bajo de diez minutos que sólo sirven para que uno diga "FAH (el Diego), qué virtuosismo". De vuelta, repito por las dudas: cada uno puede hacer con su arte lo que quiere. Yo, personalmente, disfruto leer historias que son historias, preguntas a contestar, misterios a descubrir. No me interesa lo que el autor piensa sobre el rol de los escritores en la actualidad. Que vaya y escriba otro libro llamado Lo que creo sobre el rol de los escritores en la actualidad. Es importante saber lo que nos gusta y los códigos que nosotros queremos mantener. Yo sé que por honor a mis personajes, jamás voy a hacerles decir cosas que ellos no dirían porque me levanté esa mañana con un golpe de academicismo y quise ponerme a teorizar.
Pero la palabra clave  de todo el párrafo anterior es "yo", que es de lo que realmente quería hablarles. Si todas las historias son realmente una historia de misterio, los escritores son los primeros detectives. Es por eso que no puedo entender que uno la pase mal escribiendo un primer borrador. Debería ser como esos primeros meses de relación en los que todo es nuevo y emocionante, cuando las red flags se vuelven transparentes y nosotros ignoramos cualquier cosa que pueda salir mal. El compromiso llega con años de noviazgo o nuevos borradores que nos hacen perder ese enamoramiento inicial pero nos encuentran dándole nuestra absoluta lealtad al otro sin dudarlo. No sé nada de noviazgos, pero sé mucho sobre borradores y cómo disfrutarlos. Yo soy muy feliz escribiendo algo por primera vez, no porque no tenga dudas o me sienta segura de lo que otros van a pensar, sino porque mis primeros borradores son un viaje íntimo hacia el fondo del misterio. No me importa en lo absoluto lo que otros pueden pensar, no me importan los editores imaginarios que algún día van a pensar que mis oraciones son una mierda. Sólo me importa contarme la historia, llegar al final en el cual todo es claro y ya no quedan dudas.
Si ustedes sí tienen dificultades para disfrutar un primer borrador, les diría que apliquen el consejo que mis amigas me han dado para mis relaciones: dejá de intentar controlar todo y disfrutá descubriendo qué puede ofrecerte la situación. Parece muy consejo de persona que te manda a VIBRAR ALTO pero realmente, si hacen que el primer borrador sea 100% suyo, cerrando la puerta y preocupándose sólo por descubrir el misterio que los personajes quieren contarles sin pensar en cosas como la coherencia, la gramática o la claridad, van a pasar a disfrutar un proceso que debería ser disfrutado. Aunque sí debo detenerme a pedirles algo y es que tengan piedad por su yo futuro y traten de no hacer anotaciones vagas que después no van a entender. Mi amiga Cecilia y yo tenemos un proyecto en común y en uno de los borradores anotamos "IGUANA!!!!!" como algo súper importante a tener en cuenta que iba a agregar muchísimo a la historia y hoy, después de seis años, seguimos sin tener idea qué carajo tiene que ver una iguana en todo eso.

En resumen: saquen la lupa y pónganse a descubrir a dónde los llevan las pistas. Eso sí, recuerden que un buen detective siempre hace anotaciones.

🌸El taller que va a hacer que sus días florezcan 🌸

 
Los invito a conocer El Semillero.  Cuatro encuentros grabados para hacer a tu tiempo en la comodidad de tu hogar:

O sea, me entendés? - un taller para aprender a poner tus sentimientos en palabras, mejorar tu comunicación con los demás y quizás escribir por fin esa carta de amor que nunca te animaste a enviar.
Había una vez - Storytelling personal para Instagram. Trucos para hacer que el lector viaje con vos y viva tus historias desde adentro.
Todos los días, amor, toda la vida - los diarios como herramienta para mejorar tu autoconocimiento y hacer que tu amor propio crezca a través de escrituras cortas de todos los días.
Los trapitos al sol - distintas herramientas para salir del closet creativo y empezar a mostrar lo que escribís, sin miedo y con apoyo.

Podés ver ejemplos de qué cosas enseño en el taller en estas historias destacadas. Si decidís sumarte, toda la info para anotarte
acá. En el supuesto caso de que leas esto antes del 1 de marzo, corré a anotarte, ya que febrero es el último mes antes de que aumente de precio.

Ellos 

Para esta sección quise hacer algo distinto y preparé unos ejercicios para que trabajemos esos misterios que nos acechan en nuestro día a día: esas cosas que nos pasan y decimos "¿por qué a mí?". Recomiendo que hagan este vivo que grabamos en Instagram, sobre todo porque implica guardarse los minutos para ustedes en lugar de sólo leer los ejercicios y decir que después van a hacerlos pero no hacerlos nunca. Si no tienen ganas de escucharme hablar, les dejo los ejercicios escritos acá abajo, para que hagan la prueba:

- ¿Qué es la primera cosa que se te viene a la mente cuando decís "soy la única persona a la que..."? ¿Cómo reaccionan por lo general cuando esta situación se hace presente? La realidad es que seguramente no lo seas, pero está bueno que explores esta individualidad con la que alguien va a identificarse. Vamos a usar esto después, por ahora sólo déjenlo ahí.
- Piensen en una persona que les moleste, les haya hecho mal, les caiga mal, les incomode o simplemente les genere intriga. Piensen en la característica que más les choca de esa persona. Traten de recordar un momento en el cual esa característica se vio reflejada con claridad. Si tienen ganas de ser buenos, traten de pensar qué situación crítica puede haber llevado a esa persona a convertirse en alguien que a ustedes no les cierra. A veces no hay misterio y hay personas que simplemente no son buenas, pero qué se yo, como escritores, siempre es bueno inventarse razones.
- Ahora sí, showtime. Quiero que tomen esa situación que sólo les pasa a ustedes y suelten a la persona que les molesta en la misma situación.  No piensen mucho en cómo va a resolver el problema, cómo va a reaccionar, qué va a pasar al final. No busquen contar una historia, busquen "vengarse" o, en realidad, divertirse un poco. 

Este espacio funciona a base de amor por la propuesta, libros que leo para crecer todos los días un poco más y Coca Cola que me acompaña cuando tengo sueño. Si quieren ayudarme a solventar esos libritos y coquitas, pueden hacer click acá desde el exterior o acá desde Argentina.

Elles 


En este mes no sólo tendremos los textos de les chiques de Terapia Creativa, sino que además invité a Juliana Zabala, una alumna del taller de Técnicas a compartir este cuento que, a mi entender, juega muy bien con el misterio y su tratamiento. Quiero desglosar por qué funciona tan bien, pero primero, los invito a leerlo:
 
 
Silencio - Juliana Zabala
 
Cuando Alicia despertó, la decisión ya estaba tomada. Ojerosa de la noche anterior, arrastrando todavía las pesadillas que la habían mantenido despierta, se miró en el espejo del baño mientras se lavaba los dientes. Hacía años que le costaba mirarse. Sobrevolaba sobre el reflejo como si este fuera un cartel publicitario en una parada de subte. Esa mañana se miró a los ojos, buscando algo dentro. Coraje, quizás. Coraje para hacer lo necesario.
Bajó las escaleras, lento, como cada mañana. Miró por la ventana mientras la pava calentaba el agua. Era tan temprano que el sol pegaba del lado derecho del jardín. Parecía otro lugar. El chillido de la pava la arrastró a la realidad. En un vals por la cocina buscaba las cosas: yerba, bombilla, edulcorante, mate, galletitas. Las acciones eran automáticas, no necesitaba pensarlas ni meditarlas. No sabía cuántos años llevaba haciendo esto y no se animaba a contarlos tampoco. Se sentó en la punta de la mesa a desayunar. Enrique dormía. Seguiría durmiendo, probablemente una hora, dos horas más. No era eso lo que le preocupaba.

Seguí leyendo acá.
 
Ahora sí, van los motivos por los cuales quise que este cuento apareciera en el newsletter. Todas las historias tienen un misterio, pero algunas lo plantean de entrada. La primera oración del cuento de Juli hace que nos preguntemos qué decisión hay que tomar y por qué. Como comienzo de un cuento, es impecable. No sólo te llama la atención y te hace seguir leyendo, sino que rompe con una de las reglas de oro de la escritura: jamás comiences una historia con un personaje que recién se despierta. Si van a hacerlo, no pierdan el tiempo y aclaren rápido que esta historia en realidad tiene mucho más para contar.
Sobre la mitad del cuento, el misterio de adónde va Alicia y qué va a hacer ya queda resuelto. Esto nos presenta con una humildad de parte del escritor. No está manteniéndote en vela o amagando con una sorpresa que vos no te esperás. No, la sorpresa está puesta frente a tus ojos y si bien quizás no te lo viste venir, porque aparece bastante rápido en el cuento como para que saques conclusiones, tampoco es algo que te deja boquiabierto. Te relaja, la tensión baja y pasás a disfrutar el cuento desde otro lado. Enseguida podemos ver quién era Alicia, quién es ahora y quién es Enrique. Su marido no es un dato casual, habla mucho de por qué ella terminó convirtiéndose en alguien distinto. La elección del diálogo es clave: en lugar de decirme cómo es él, lo muestra con una conversación que no deja lugar a dudas. El misterio es descubierto por el lector, que ata cabos, y no por un escritor que sobre explica.
Llegamos al final de forma tranquila. Repito, hasta lo disfrutamos. Entendemos quién es ella y entendemos qué va a pasar y el lenguaje es tan hermoso que no necesitamos una tensión que nos empuje a seguir. Seguimos porque la estamos pasando bien, porque estamos a salvo y con la guardia baja. O al menos eso creemos. El final nos demuestra no sólo que no conocíamos a Alicia, sino que tampoco conocíamos a Juliana. Todo tiene sentido, no hay un momento en el cual el personaje salga de sí y, sin embargo, nos quedamos con la boca abierta. No es esta la única forma de desenvolver un misterio, pero es humilde y por lo tanto más sorpresiva que aquella que sostiene tus nervios a punta de pistola. Personalmente, me ayudó a encontrar otra forma de estructurar un cuento que quería trabajar hacía mucho y que ya me parecía insalvable. Quizás a ustedes los ayude también.

Y pasando a mis pollitos de terapia creativa, me toca presentarlas a ellas:
 
Una carta - Sara Sammartino
 
De la mano de Sari Sammartino, a quien ya nombré el mes pasado por su cuento-video que quedó finalista de nuestro mundialito interno de escritura de enero. Este mes volvió recargada y nos trajo Una carta que más que una carta o un cuento es una estocada en el corazón. Un poco la cancelé porque me hizo llorar y un poco aprovecho para decirle ahora que es un honor tenerla en mi taller y escucharla pelando su alma clase tras clase, trayéndonos textos siempre sentidos, que no buscan sorprender ni sacudir sino conmover.  Sara tiene el poder de contar algo íntimo sin dar detalles pero haciéndote sentir la historia entera.  Hay muchas cosas que no sé de Sara, pero sé que sabe amar y sabe escribir y sabe escribir sobre el núcleo del amor. Como dicen los famosos en Intrusos, te admiro y te respeto, como artista y como persona.
 
La habitación en que nací - Clara Vincentín
 
Clarita Vincentín llegó a los talleres con una de esas combinaciones que amo escuchar: una voz calma y una lengua afilada. En las clases nos hace reír pero también nos comparte con pasión lo que lee. Este mes en el taller vimos *voces*, un tema que me fascina. La consigna era escribir desde el rol de un personaje que no tuviera nada que ver con nosotros y ella lo cumplió al encarnar un señor de unos setenta años intolerante a la lactosa. Nada más alejado de esta joven niña maravillosa. Lo que más me gustó de este cuento es que tiene un efecto rebote hermoso. Si conocemos el final y volvemos al principio, nos encontramos con guiños sutiles que le suman muchísimo a la historia. Les dejo un adelanto debajo, pero pueden leerlo completo aquí.

Todavía recuerdo el día en que nací. Fue a esa hora de la noche en que la luna empieza a oler a rosas, a eso de las diez y media de la noche, un 21 de septiembre. Un padre y una madre, claro, más toda la parafernalia tradicional para bienvenir a alguien al mundo de los vivos. Los globos, las flores, las tarjetas. Los tíos, las abuelas, los padrinos. Las risas, los acallamientos, los llantos, el bochinche. Todo lo que rellenaba esa habitación del hospital, todo pululando alrededor de mi madre.
Pero eso ya no es así hoy. Esta vetusta habitación de hospital la relleno yo y mi sombra. Mi madre ya no está, y mucho menos mi padre, ese cobarde se fue por la puerta de atrás apenas se enteró de cómo se cambiaba un pañal. Atrás suyo fueron también sus amigos “de toda la vida” -mis padrinos-, mis tíos y abuelos; dejándola sola a mi pobre madre, quien se las tuvo que arreglar con un hijo histérico con constantes infecciones de oído e intolerancia a la lactosa. Hoy, sin embargo, soy un hombre de 73 años, con constantes infecciones de oídos, intolerancia a la lactosa y cáncer de pulmón, con metástasis en los riñones. 


Como siempre, aprovecho para agradecer a les chiques de esta comunidad hermosa que formamos. Gracias a elles me divierto en cada clase y jamás siento que estoy trabajando, sino que estoy pasando un rato divertido con mis amigues.  No es algo menor encontrar tu lugar en un momento en el cual estás cerrado en vos mismo y no podés salir ni a la vereda. Gracias a elles por darme el sentimiento de pertenencia de un último año del secundario sin dramas por los buzos de Bariloche. 

Si se suman al taller de Terapia Creativa para escritores van a:

- trabajar sus miedos en un ambiente seguro.
- hacer ejercicios concretos para mejorar sus técnicas de escritura.
- tener acceso al grupo de Discord en el cual compartimos material y recibimos feedback.
- ser parte de proyectos en grupo, como el
cuaderno viajero que largamos hace poco.
- poder participar del torneito regional de escritura entre compañeros, para ganarse un lugar y mostrar sus cuentos en este newsletter.

Pueden sumarse al grupo de los lunes a las 16 o los jueves a las 8 de la mañana. Encuentran más info 
acá y reservan su lugar acá.

Vos 


Esta es una sección nueva, creada especialmente para vos. ¿Para vos? Sí, para vos, que querés convertirte en un autor publicado y no sabés cómo hacerlo. 
Hacía rato que quería que este espacio sirviera más que para sólo producir, y fue por eso que me puse en contacto con Belu, ex alumna del taller y ex editora de estilo con muchísima experiencia en el rubro. A partir de febrero, Belu va a estar respondiendo tus preguntas acerca de la industria. La primera pregunta de esta sección es:

 
¿Cómo se hace para que alguien de una editorial
lea tu manuscrito si sos desconocido y no tenés contactos?   

 
La pregunta del millón. No es imposible –tenemos que aferrarnos a la esperanza que da revisar la historia y ver que grandes nombres nacieron sin contactos y llegaron a ser escritorxs consagradxs–, pero sí es difícil. De todos modos, me atrevería a decir que es menos difícil que hace algunos años. Y, si les sirve de consuelo, aunque tengas contactos igual es difícil que lean tu manuscrito, así que nadie corre con tanta ventaja.
Para evitar desilusiones y desgaste emocional, recomendaría que no manden manuscritos a editoriales de manera espontánea. Es decir, enviar un mail con el archivo adjunto para ver si lo leen, porque probablemente no lo hagan. Tal vez ni lo abran. No es de maldad, lo juro: nadie tiene tiempo de sobra, en el ambiente editorial siempre se está corriendo y encima la plata no sobra (a veces ni siquiera hay). Ni hablar que, la mayoría de las veces, las propuestas editoriales que llegan a la bendita casilla de mail no encajan ni un poco con el perfil de la editorial, y uno del otro lado ya se siente hasta que lo están boludeando–pero de eso hablamos otro día. Es información importante y que ahorra muchas frustraciones tanto para escritores como para editores.
Lo que sí pueden hacer es mandar un mail consultando si la editorial está recibiendo propuestas y, de ser así, a dónde y cómo pueden enviarse. (Algunas –las grandes– incluso tienen apartados en sus páginas de Internet donde dicen cómo se puede enviar material). Si a la editorial le interesa leer escritorxs aunque no los conozcan, les va a contestar cómo pueden hacerlo, y si no trabajan así les van a contestar amablemente que no. Es preferible esto que prepararse mentalmente con toda la ilusión para mandar un manuscrito (con lo que eso nos implica a nivel emocional como escritores), adjuntar el Word de un millón de páginas al que tanto esfuerzo le pusiste y que nunca te respondan. Más que nada por el gasto de energía y de moral que implica. Es mejor guardarnos esas fuerzas para orientarlas en maneras que sí puedan rendir mejor.
De todos modos, la mejor manera de acercarnos a publicar, si somos “desconocidos” y no tenemos padres con amigues en la cultura, sigue siendo enviar material a concursos y convocatorias abiertas. Les juro que hay más de las que uno se imagina. Es cuestión de meterse un poco, investigar el ambiente y saber por dónde puede funcionar lo que tenemos. En las próximas ediciones del Newsletter voy a ahondar más en todo esto, porque hubo preguntas en esta línea. ¡Besos! Y hasta la próxima 💌


Si tenés material que quieras publicar o simplemente te gustaría saber de antemano, te invito a que dejes tu pregunta en este formulario. Belu va a estar seleccionando tus preguntas en la próxima edición del newsletter. 

La alegría sólo es verdadera cuando es compartida,
o al menos eso dicen. 
A todos los que hacemos este espacio nos gusta conocer gente nueva con ganas de compartir proyectos para colaborar.
Si tenés algo en mente y te gustaría verlo en este espacio o en nuestras redes, podés responderme este correo y contarme un poco de vos y cómo creés que podríamos trabajar juntos.

Ella

¡Buen viernes mis querides! Un placer estar en sus casillas este mes. ¡Ya murieron de calor? ¿Los mosquitos les chuparon toda la sangre? La temática de este newsletter es misterio, así que use mi cerebro (lo más que pude considerando el calor que hace) para traerles estas tres recomendaciones. Esta vez no son autores latinoamericanos porque lamentablemente no leí tanto y las cosa que consumí no me gustaron ni un poco, y no les voy a andar vendiendo pescado podrido. Los tres se consiguen muy muy fácil online o en librerías amigas. Así que aquí vamos:

La  trilogía de Nueva York, Paul Auster

Bueno, en realidad son tres libros que ahora se consiguen recopilados bajo este título. Originalmente Ciudades de cristal, Fantasmas y La habitación cerrada. Son tres relatos de suspenso que no están conectados explícitamente pero tienen muchísimo que ver entre ellos. En el primero, el escritor de policiales Daniel Quinn es confundido con un detective (cuyo nombre es Paul Auster porque al autor le encanta ponerse meta) y comienza una investigación. El segundo libro, Ghosts, los personajes tienen todos code names. El protagonista es Azul, un investigador al que le encargan seguir a Negro. Redacta informes semanales que terminan convirtiéndose en la propia obra literaria del detective. En La habitación cerrada se reasignan los nombres de los personajes y narra la historia de  un escritor de policiales que recibe la carta de la esposa de un amigo de la infancia, diciéndole que está desaparecido y necesita su ayuda para encontrarlo.
Estos tres libros no solo tienen diferentes acertijos a resolver, sino que el misterio está planteado desde la estructura narrativa y la interconexión entre los tres libros.

 

El visitante, Stephen King

Un hombre no puede estar en dos lugares al mismo tiempo. Salvo que sea un libro de Stephen King y pueda llegar a haber alguna razón para que si pueda. En este libro del 2019, asesinan a un niño en Flint City, Oklahoma. Encuentran el ADN de Terry Maitland en el cuerpo y lo arrestan en el medio de un partidito de baseball. Todo el mundo queda sorprendido: Terry es un padre ejemplar, buen vecino, querido por toda la comunidad y, sobre todo, tiene una coartada verificada por todo el pueblo.  Este libro es una montaña rusa de locura y se pone todavía mejor cuando le piden a Holly Gibney, el personaje que aparece en la saga de Mr. Mercedes, que colabore con la investigación.
Lo consiguen en todos lados y hay una serie de HBO muy bien adaptada con el rey de Jason Bateman como productor y protagonista.

 

Memoria de crímenes, Ray Bradbury

Traigo esta antología (ni que estuviera mostrandoles los libros en la vida real, ¿no?) porque 1) las cosas de Bradbury que caen por fuera de la ciencia ficción no son tan conocidas 2) los cuentos fueron publicados en revistas de policiales y suspenso durante la década del ‘40, que fue como la golden age del género y 3) siempre es un buen momento para leer a Bradbury.
Son quince cuentos, algunos siguen la tradición del cuento policial norteamericano y otros hasta ironizan ese estilo de narrativa. Entre los que más destaco están La larga noche, Media hora de infierno y El pequeño asesino (considerado por el mismo Bradbury como uno de sus mejores cuentos)
Un dato no menor es que todos los relatos fueron escritos en el medio del ejercicio obsesivo de Bradbury: escribir al menos 1000 palabras todos los días. Les dejo un fragmento de la introducción de este librazo:

“El año en que dejé la escuela secundaria en Los Ángeles adopté para el resto de mi vida el régimen de escribir un cuento por semana. Yo sabía que sin cantidad no podía haber calidad. Sentía que mis cuentos de esa época eran tan malos que sólo la práctica podría despejar los trastos viejos de mi mente y permitir que fluyeran las cosas buenas. Mientras tanto, trataba de meterme por los ojos toda la experiencia literaria posible —buena, mala, indiferente o excelente— para que, con un poco de suerte, saliera luego de mis dedos.
De manera que todos los lunes escribía un primer borrador del cuento que brotaba en mi cabeza. El martes escribía el segundo borrador. El miércoles, jueves y viernes aparecían la tercera, cuarta y quinta versiones. El sábado enviaba por correo la versión final. El domingo me derrumbaba en la playa por un día, con Leigh, y el lunes empezaba un cuento nuevo. Así ha sido durante unos cuarenta y cuatro años. Todavía escribo un cuento por semana, o su equivalente. Ahora escribo siete u ocho poemas en una semana, o una obra en un acto, o tres capítulos de una novela, o un ensayo. Pero es ahora,como antes, la misma cantidad de páginas: entre dieciocho y treinta y dos por semana.
Me apresuro a añadir que esto no es mecánico. No me exijo cuentas. No es necesario. Amo lo que hago, como una madre ama a sus hijos, aunque sean aburridos o feos. A usted pueden gustarle o no mis hijos, pero cuando los escribía araba con mi máquina de escribir y cosechaba párrafos. Dios protege a los escritores jóvenes y hace que ignoren, mientras escriben, hasta qué punto están descaminados. Por eso es importante la producción en cantidad. Los buenos cuentos que se escriben más tarde son un paraguas sobre los malos cuentos que uno deja atrás a lo largo de los años. Todo se compensa. Y si le gusta a usted escribir, es una verdadera fiesta.”


¡Eso es todo por hoy! De yapa les voy a dejar mis librerías favoritas, donde se que hay libreros comprometidos que saben recomendar cosas hermosas. Hay un par a las que nunca fui pero sé que tienen una selección muy cuidada y una excelente atención:


En Rosario: Oliva libros, Paradoxa, Arde libros.
En Capital Federal: Céspedes, Suerte maldita, La montaña.
En Córdoba: Volcán Azul .
En Tandil: Hola Librería.

Como siempre pueden encontrarme en Twitter e Instagram. ¡Nos vemos el mes que viene!

Si tienen ganas de formar parte de una comunidad de escritores que se juntan por Zoom a aprender técnicas de ficción, comparten clubes de lectura y se apoyan los unos a otros, ¿por qué no le dan una oportunidad al taller de Escritura Creativa? El lunes  08/03 comenzamos con el taller de marzo. Toda la info está acá.

Ustedes y yo

 

Y ahora sí llegó la hora de terminar febrero, que para mí se siente como el mayor logro de mi vida porque TERMINA EL INVIERNO LONDINENSE. Entiendo que no tengo derecho a quejarme porque es una decisión que tomé a sabiendas de que el invierno acá es complicado, pero al momento venirme una pandemia jamás estuvo contemplada, así que creo que tengo un poquito de derecho a decir que esto fue más difícil de lo que esperaba.
Mientras escribo esto y cierro el newsletter, estoy hablando con mi mejor amiga Vicky (que es mi mano derecha en todo lo que hago) para terminar un taller un nuevo que vamos a sacar y un proyecto hermoso en el cual voy a poner en práctica mis años estudiando teatro, mi amor por la escritura y lo mucho que me gusta conectar con gente a través del arte. Todo eso lo van a encontrar en mi Instagram durante marzo, así que si todavía no me siguen, vayan a hacerlo para enterarse.
Para culminar la ronda de anuncios, les cuento que en San Valentín publiqué un ebook con las compilaciones de mis textos de amor. Seamos del mundo es un ejemplo de que mientras estamos haciendo cosas no solemos saber qué va a pasar y que a veces el misterio se revela antes de que nos demos cuenta de que teníamos un misterio adelante nuestro. Hoy parece un librito bien pensado y hasta planeado, pero mientras iba escribiendo esos textos, lo único que buscaba era dejar de sentirme tan triste por amor. Un poco como resulta con todo en mi vida, por ejemplo con este newsletter o mis talleres, las cosas que toman forma frente a mis ojos sin mucho control son las que más feliz me hacen. Pienso en lo que hubiese sufrido escribiendo esos textos, lanzando este newsletter o planeando el primer taller si hubiese sabido en qué se iban a convertir más adelante.  Creo que está bueno que existan los misterios que no se anuncian hasta que están resueltos, como lo está siendo básicamente mi vida últimamente.
Ahora sí, como digo en mis talleres después de un rato de hablar mucho, paso a callarme la boca.  Gracias por llegar hasta acá, compártanlo con quien quieran y nos vemos a fines de marzo.
Los quiere,
Juani

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