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Escritura creativa
para escritores creativos

 


Del dicho al hecho

Sí señores, una vez más es viernes! Qué lindo tenernos de vuelta. El newsletter de hoy tiene muchísima data así que no voy a perder el tiempo girando lejos del punto. Demasiado me atrasé la semana pasada porque sobreescribí un archivo y perdí el equivalente a una semana de trabajo en mi novela, así que no estoy de humor para que mi ascendente en piscis tome las riendas y les cuente una historia irrelevante sobre esa vez en la que bailé un chico me levantó en sus brazos como en Dirty Dancing. Es una hermosa historia, quizás otro día.
El tema de este newsletter es ideas y por eso voy a necesitar que ustedes también pongan su energía a trabajar y saquen su cuadernito para seguirme en estos ejercicios. Algo que digo en mis talleres que a mi amiga Lucila le encanta es que escribir es como cocinar y que las ideas se pueden guardar en la alacena o en la heladera, depende de cuan frescas estén. Con esto lo que quiero ilustrar es que si ustedes reciben una idea (porque muchas veces sucede así, las ideas caen como por paracaídas) no tienen que correr a hacer algo con ella como si fuese un pollo que en dos días se pone feo. Hay ideas que ya vienen congeladas, otras que procesamos un poco y después guardamos en un tupper porque justo ahora nos falta el acompañamiento pero sabemos que más adelante va a quedar increíble, y también hay ideas que vienen listas para que las explotemos, como si un cocinero ya las hubiese preparado y nosotros sólo tenemos que funcionar como canal entre el plano creativo y el plano real. Lo importante, como en todo, es algo que les vengo repitiendo hace rato: aceptar la realidad como es. Entiendan qué tipo de idea tienen en sus manos, qué herramientas tienen en ese momento, qué es lo que más les conviene hacer en el momento. Básicamente, de nada sirve hervir una hamburguesa o freír un yoghurt. Así que, como primera medida, les voy a pedir que saquen su cuadernito o Google doc de ideas y que se pongan a organizarlas como si recién les llegara la compra del super. Piensen en la energía que ustedes tienen en esto momento y en qué es más natural priorizar ahora. También es importante recordar que sólo porque ustedes no pueden ponerse a honrar una idea ahora, no significa que tengan que dejarla ir para siempre. Yo tuve ideas pensadas por muchísimo tiempo hasta que las concreté. Me atrasé por cuestiones de tiempo pero sobre todo me atrasé por falta de conocimiento. Hay cosas que puedo escribir hoy que hace cinco años no podría haber escrito. Y no tiene que ver con el talento literario o con cómo pongo puntos y comas, sino al hecho de que en realidad, a veces no aprendimos lo suficiente sobre la vida como para poder desarrollar una historia como corresponde. Bueno, demasiado hablar de mí, es momento de que se pongan ustedes. ¿Listos? A ordenar.

Manos a la obra

Ahora sí, suponiendo que tienen todo en orden, quiero que agarren la idea que se van a poner a explotar ahora y que la pongan en un lugarcito especial. Suponiendo que a esta altura ya leyeron los newsletters anteriores en los que les conté cómo cazar ideas y organizar sus tiempos (si recién se suscriben y quieren los newsletters anteriores, clickean acá), vamos a taclear cómo convertir esa idea en algo concreto. Lo primordial es, aunque suene estúpido, escribir esa idea. No hay forma de que puedan visualizar qué es lo que esa idea va a terminar siendo si no la tienen escrita. Creo que con otras formas artísticas la gente fluye más, pero los escritores tenemos una tendencia a pretender que todo nos cierre con moño antes de sentarnos a escribir. Es una locura! Lo que más me han repetido en los cursos que hice fue 1) es necesario tener un primer borrador de mierda para lograr algo increíble y 2) las grandes novelas se escriben en las reescrituras. Por eso, si bien ahora voy a contarles un poco sobre la importancia de planificar de antemano, quiero que tengan siempre en la cabeza que es necesario accionar después de la planificación. No pueden pasarse cinco años PENSANDO en una novela, no es romántico ni idealista, es bastante tarado. Dicho esto, voy a contarles las diferentes formas en las que yo he encarado diferentes cuentos, novelas o proyectos. Todos tienen un proceso de planificación diferente pero algo en común: todos son algo concreto que existe en papel o en mi computadora. Así que si algo quiero que se lleven de este newsletter es el empujón para HACER.
 

Mi adorada novela que me está haciendo putear diariamente y que a esta altura ya tuvo dos títulos y quién sabe si no tiene un tercero:

La idea de mi novela surgió más o menos en el 2015. No recuerdo bien cuando, pero sé que fue por esa época. No es la novela de la que les hablé hace dos newsletters, aclaro por las dudas. Partió de un punto del cual parten muchísimas de mis historias: qué pasaría si…. Especificamente, me pregunté un día qué haría yo si a mi amiga Belu, una de mis mejores amigas de la infancia con la cual en ese momento no me hablaba desde hacía cuatro años, le pasaba algo malo. Las amistades para mí son fuertísimas, mucho más que cualquier relación amorosa. Si bien yo me había distanciado de ella en términos “buenos” (no fueron buenos, pero voy a que no nos agarramos de los pelos y nos dijimos que nos odiábamos), yo no podía dejarla ir. Soñaba con ella muy seguido y en mis sueños siempre estaba todo bien y nuestra amistad volvía a la normalidad como si nada. Se me ocurrió llevar la historia hacia un futuro más lejano. ¿Qué sería de nosotras en quince años, si no volvíamos a hablarnos? Así nacieron los dos personajes que le dieron luz a mi novela. En mi cuaderno de ideas empecé a escribir retazos de ellas: por qué se habían peleado, qué había sido de sus vidas, cómo iban a volver a encontrarse.
No tenía ni tiempo ni sabiduría para escribir esa novela. La realidad era que no tenía las respuestas a esas preguntas en mi vida real entonces tampoco podía tenerlas en la ficción. El tiempo pasó, Belu y yo nos reconciliamos y por una sucesión de cosas que coincidieron, empecé a escribir la novela. Como ya les expliqué hace dos newsletters, yo escribo el primer capítulo y a partir de ahí planifico. En este caso planifiqué bastante capítulo a capítulo. ¿Qué quedó de todo eso en el primer borrador? Un 50%. ¿Qué quedó de eso en la versión que tengo ahora? Un 35%. ¿Sabía adónde quería llegar? Sí, más o menos tenía una idea y creía que entendía el camino, pero después entendí que estaba muy equivocada. Lo que me permitió escribir esta novela fue justamente no preocuparme por el final. Y entiendo lo que me van a decir, que si no tenemos el final pensado, entonces no sabemos qué pistas ir dejando por el camino. Bueno mi respuesta es, si no saben siquiera cual es el camino, ¿realmente están dejando las pistas que corresponden? Obvio que la planificación sirve, por supuesto, y ahora les voy a dar más ejemplos de otras cosas que planifiqué más minuciosamente, pero la idea es que la planificación ayude, no que nos castre. Si yo hubiese intentado planificar hasta el más mínimo detalle de esa novela antes de empezarla, no existiría. Y claro que en el camino me quedaron mil huecos, y eso es lo que estoy corrigiendo ahora, pero esa es la palabra clave: corregir. Si dejamos de pensar que escribir implica no cometer errores y por el contrario nos permitimos fallar y tener un primer borrador de mierda, vamos a lograr completar algo que después vamos a poder mejorar.
 

Un cuento que escribí hace ya mucho tiempo que no es lo mejor que pude haber escrito pero la verdad le tengo cariño y sirve para ilustrar el punto:

(lo pueden leer acá)

Esta idea surgió de un comentario que me hizo un amigo una vez. Él me dijo que si pusiéramos una cámara en un taxi y escucháramos todo lo que escucha un taxista, tendríamos jugo como para escribir quince novelas. Me quedé pensando sobre la concatenación de eventos, las causas y las consecuencias, cómo realmente a veces somos nuestros peores enemigos sin saberlo. Me puse a analizar los discursos de las personas que siempre se las arreglan para culpar a alguien más por sus problemas y la impunidad con la que escupen mierda sin entender que quizás el otro no se siente cómodo. Sabía qué cuento quería escribir. Con los cuentos, casi siempre es necesario saber adónde queremos llegar. El espacio es reducido y hay que aprovechar cada palabra. Si bien es posible fluir y de hecho lo hago cuando escribo ciertos cuentos, es verdad que en la mayoría de ellos es necesario un norte más claro. En mi caso, cuando escribo algo que ilustra el vínculo entre dos personas, me permito un poco más de libertad, porque no es importante lo que pasa sino como los personajes lo viven. Si escribo algo como el cuento linkeado, necesito que haya una claridad en la concatenación de eventos porque sí o sí una acción lleva a la otra. Ahora sí se viene el tipo de planificación más copada de enseñar y la que más machaco en mis talleres cuando mis alumnos caen a mí asustados por no saber cómo actuar.
1) Se empieza siempre por los personajes. A esta altura ustedes deberían saber todo lo que opino sobre los personajes por los newsletters anteriores, así que voy a ir al punto. Quiero que sepan TODO de su personaje antes de ponerse a escribir. No me importa lo que le pasa en el cuento, me importa quién es, qué quiere, a qué le teme. Para muchos, el mayor problema a la hora de cranear una historia es pensar en la historia. La historia es lo de menos, es importante por la persona que la vive, así que denle vida a esa persona.
2) Busquen la primera certeza que tengan. A veces es el principio, a veces el final, a veces el personaje. Yo por ejemplo sabía que quería escribir un cuento sobre un taxista que se genera a sí mismo un daño por su egoísmo. Lo primero que hice fue pensar varias situaciones de egoísmo que podían darse en un taxi. Ahí tenía mi certeza. A partir de la certeza, manipulo el resto de las variables para darle tensión al texto. Las historias que vale la pena leer son aquellas donde hay personajes con conflictos. Se suele creer que en los cuentos lo que importa es el final cuando el realidad, es el conflicto lo que determina el impacto.
3) El final es importante y es necesario que sea pensado, pero lo que también es importante es que no lo usen para subirse el ego. Roald Dahl hubo uno sólo, chiquis, y dudo que a alguien le salga escribir sus plot twist como le salía a él. Con esto no digo que no busquen el giro, para nada. Lo que quiero decir es que para generar un shock al final, tienen que tener al lector atrapado durante la duración de todo el texto. Es una cuestión de ritmo y de manipular la tensión, no de intentar dar una estocada final. Si se me permite, voy a decir que la escritura tiene que ser sensual, erótica, hablemos de lo que estemos hablando. Necesitamos un juego previo, mantener al otro en suspenso, dosificar los avances, hacernos un poquito los difíciles, volver cuando el otro ya está a punto de olvidarse de nosotros. No pueden escribir un cuento chato y rematarlo con un final explosivo y pretender que a la gente le vuele la cabeza. Es como que alguien te mande una dickpic de la nada, no funciona y logra el efecto contrario al deseado. Voy a expandir un poco más sobre eso más adelante, porque últimamente estoy muy introspectiva y te relaciono todo con todo. Por ahora, quédense con eso.
 

Mi proyecto creativo que amé con todo el corazón y que disfruté muchísimo hacer pero que no tomó forma hasta que lo hice:
Antes de irme de Argentina en 2019, decidí que quería hacer un poco de ruido. Yo había empezado a hablar sobre mi amor por la escritura hacía poco y había entendido como eso había cambiado mis días, mis conversaciones, mis interacciones con desconocidos. No paraba de pensar en la cantidad de tiempo que había perdido escondiendo eso que tan feliz me hacía y que era una muestra tan fiel de quien era. Quería que más personas se animaran a salir de esos closets creativos en los que se habían metido por un miedo que en realidad no existe. Así fue como empecé a idear Historias Desenterradas. Para ilustrar el punto del que trata este newsletter, sólo voy a contarles acerca de la ejecución. La realidad es que en mi cabeza yo entendía lo que quería hacer pero no podía transmitirlo. Por eso comencé con Paloma, que si bien en ese momento no era tan amiga mía, estaba dispuesta a sumarse al proyecto e ir entendiéndolo sobre la marcha. Ella quería sacarme fotos, yo quería escribir sobre ella. Nos juntamos a ver qué onda, grabamos su entrevista aunque terminé escribiendo todo desde lo subjetivo de mi memoria. Gracias a eso, pude mostrarle al resto de las personas que convoqué exactamente qué quería lograr con sus historias.
Los proyectos que incluyen a otras personas tienen que ser mucho más flexibles que los demás. En un primer momento, por ejemplo, había pensando en entrevistar personas a las que conocía muy poco y que de alguna manera inspiraban más a mis conocidos que a mí. Después no las llamé, porque el tiempo se me escapaba de las manos y quería concentrarme en aquellas personas que me habían generado algo a mí personalmente. Seguramente, si me hubiese quedado en Rosario, la serie de entrevistas hubiese sido tres veces más larga, pero la flexibilidad también venía por el lado de adaptarse a esos contratiempos. En un primer momento pensé en entrevistar sólo a mujeres, pero después conocí a Mati que es no binario (y el mejor poeta de su generación por común acuerdo de aquellos que lo leímos) y decidí que tenía que estar en mi historia sí o sí.
Por último, el orden en el que puse las historias fue super aleatorio y tuvo que ver más con una cuestión organizativa porque ya me iba del país que con otra cosa. A veces no es tan importante planificar cada mínimo detalle. Entiendo que es una lástima que el proyecto no haya seguido creciendo, porque realmente era hermoso, y que quizás con una planificación más exhaustiva podría haberlo hecho suceder, pero la realidad es que ese proyecto tenía que ser orgánico y su forma natural de fluir fue lo que tanto generó en los otros. Este apartado sirve para decirles que a veces, cuanto menos planeamos, mejor sale todo.
 

Llegar al clímax

Me disculpará mi madre que lee este newsletter por lo que va a suceder pero me voy a poner un poco temática y voy a profundizar sobre el erotismo de las historias. Una de las preguntas que más me hicieron en el último formulario es “¿cómo cierro una historia?”. No me sorprende pero sí me causa gracia la obsesión que todos tenemos con los finales. Yo también era así, de hecho hace muy poco entendí por qué la pregunta estaba tan errada, así que no se me enojen por favor si sienten que les estoy hablando con superioridad. Entiendo perfectamente lo que piensan, pero les recomiendo que intenten salirse de ese juego. Preguntar cómo cerrar una historia es como preguntar cómo hacer para asegurarse de que al final de una cita vaya a haber sexo o peor, preguntar cómo hacer para asegurarnos de que alguien va a querer tener algo serio con nosotros. No se planea, sucede. Si les preocupa el cierre de una historia, es porque están intentando anticipar una reacción en el otro, porque quieren volarle la cabeza al lector, porque buscan un aplauso estrepitoso al final. ¿Saben lo que pasa cuando uno intenta agradar? SE NOTA. He conocido incontables personas que, al intentar controlar mi forma de verlas, se anticipan a lo que creen que yo espero de ellas. Sé que yo también lo hice y lo sigo haciendo. Es algo natural, pero está bueno intentar controlarlo. Ser uno mismo es lo que atrae al otro. Si seguimos en la línea de las historias, lo que al lector le llama la atención va a ser lo mismo que les llame la atención a ustedes. No hay nada más sensual que el amor propio y la seguridad, y se nota mucho cuando un escritor está seguro de lo que está haciendo. Por el contrario, si lo que intentamos hacer es agradar, el lector no va a entender qué está pasando. Dicho en otras palabras, intentar que una historia tenga un final que te saque el aliento, un chiste en el medio, una descripción digna de ser escrita por Tolkien, un diálogo inteligente, una reflexión introspectiva e inteligente, un plot twist a la mitad del cuento que te deja recalculando y un final que te hace llamar a un amigo para decirle “wacho, tenés que leer esto” es como intentar ser linda pero humilde, adinerada pero tener consciencia de clase, tener un cuerpazo pero comer pizza todos los días, ser graciosa pero también sensible, saber sobre arte pero también sobre economía. ¿Hay personas que son así? Sí, pero son esas personas privilegiadas que nacieron de esa manera o tuvieron mucha suerte en el camino. Para el resto de los mortales, la realidad es que hay que conformarse con que uno no puede ser todo. Si intentamos tickear todos los casilleros de la otra persona para gustarle, lo más probable es que el otro sólo quede desconcertado frente a lo que somos, y no de una buena manera. Las historias que buscan generar aplausos, son iguales. No sé entiende qué quieren lograr porque quieren lograr todo. Traten, como siempre, de escribir desde lo que son, con honestidad y compromiso.
Y por último, hablando del clímax, recuerden que el final es increíble sólo si el resto del cuento sabe llevarte hacia él. Cuanto más juego previo y tensión hay, mejor es el sexo. Ser bueno en la cama no es saber hacer trucos, sino conectar y saber navegar la energía disponible a lo largo de todo el encuentro. Ser bueno rematando historias no es una cuestión de técnicas, sino de saber llevar al lector hacia un punto de cierre con tal destreza, que al final del día lo que importe termine siendo el trayecto y no la última estación. 

El rincón de Lady Data

Hola querides lectores! Acá Katerina. Como su dealer oficial de data local, vengo a traerles cosas lindas. Esta semana elegí correrme de la narrativa. Sí, la pesada al fin dejó de hablar de literatura de terror.
Lo que les traigo hoy son títulos que me crucé durante la cuarentena. Subidísima al tren de la escritura (todo gracias al taller increíble de Juana) me entraron ganas de aprender más sobre el tema y de cierta manera ‘nutrirme’ de la mirada que tienen los grandes escritores sobre la literatura. Primero lei On Writing de Stephen King (recomendadísimo) pero después me puse a pensar: ¿cómo puede ser que no haya nada hecho acá, siendo que Argentina es la cuna de los talleres literarios? Así me encontré con estas maravillas.

 

La trastienda de la escritura- Liliana Heker

 

Liliana Heker es una cuentista espectacular que venía siguiendo hace un tiempo. El año pasado sacó este li-bra-zo. Básicamente desglosa todo el proceso creativo y da un acercamiento a lo que son sus talleres literarios (son famosísimos en Buenos Aires, de ahí salió Samanta Schweblin). Es como una mini biblia de bolsillo para quienes recién arrancan a escribir y les cuesta estructurarse. ¿Te cuesta entender cómo usar primera,segunda o tercera persona? Liliana te lo dice. ¿Diálogo? También. Lo que más me gusta es que da ejemplos concretos dentro de la literatura y te llena de recomendaciones geniales. Es realmente para tomar apunte y marcar todo el libro.
 

Maestros de la escritura. Liliana Villanueva


Tengo a este libro todo maltratado, lleno de post-its y anotaciones. Liliana Villanueva hace un recorrido sobre toda la larga tradición del taller literario en Argentina, entrevistando a grandes maestros y alumnos sobre su paso sobre alguno de los más famosos núcleos creadores de la narrativa contemporánea. ¿De quienes y con quienes habla? Abelardo Castillo, Hebe Uhart, Liliana Heker, Mario Levrero, Maria Esther Gilio, Alberto Laiseca, Alicia Steimberg y Leila Guerriero. Hay de todo: se habla de talleres de cuento, de novela, de crónica. Lo más lindo son las entrevistas a personas que asistieron a esos lugares mágicos y cuentan su experiencia. Incluye varios ejercicios de esos mismos talleres.
Les dejo una de mis citas preferidas:
“Para escribir hay que ser curioso. Tiene que haber algo, en el mundo y en la vida, que te llame la atención. Un escritor es un chismoso refinado y un chismoso tiene mala fama, es como un detective. El escritor hace el mismo trabajo que un detective pero de una forma más controlada […] Para escribir, lo que tengo que hacer es educar mi atención, aprender con calma y profundamente. Educar la atención es una artesanía y la artesanía de la escritura es una escuela de paciencia.”  -Hebe Uhart.

Hoy sólo les dejo estas dos recomendaciones. Ninguno de estos libros les va a enseñar a escribir, pero si están dispuestos a tomarlas, los van a llenar de herramientas. Así que si pueden, léanlos. Y si les cuesta escribir, acuérdense de que Samanta Schweblin fue angustiada a preguntarle a César Aira cómo hacía para sacar dos libros por año. Aira la miró fijamente y le dijo, agarrando una lapicera invisible: “Levanto la birome…y empiezo a escribir”
Me despido hasta dentro de dos semanas. Ya saben que si tienen alguna consulta o crítica, me pueden charlar por tuiter o instagram. Los dejo con esto que me crucé hace poco, es de Leila Guerriero. Chaucito. Cuídense. Escriban mucho.

“Hay que amasar el pan. Hay que amasar el pan con brío, con indiferencia, con ira, con ambición, pensando en otra cosa. Hay que amasar el pan en días fríos y en días de verano, con sol, con humedad, con lluvia helada. Hay que amasar el pan sin ganas de amasar el pan. Hay que amasar el pan con las manos, con la punta de los dedos, con los antebrazos, con los hombros, con fuerza y con debilidad y con resfrío. Hay que amasar el pan con rencor, con tristeza, con recuerdos, con el corazón hecho pedazos, con los muertos. Hay que amasar el pan pensando en lo que se va a hacer después. Hay que amasar el pan como si no fuera a hacerse nada, nunca más, después. Hay que amasar el pan con harina, con agua, con sal, con levadura, con manteca, con sésamo, con amapola. Hay que amasar el pan con valor, con receta, con improvisación, con dudas. Con la certeza de que va a fallar. Con la certeza de que saldrá bien. Hay que amasar el pan con pánico a no poder hacerlo nunca más, a que se queme, a que salga crudo, a que no le guste a nadie. Hay que amasar el pan todas las semanas, de todos los meses, de todos los años, sin pensar que habrá que amasar el pan todas las semanas de todos los meses de todos los años: hay que amasar el pan como si fuera la primera vez. Habrá que amasar el pan cuando ella se muera, hubo que amasar el pan cuando ella se murió, hay que amasar el pan antes de partir de viaje, y al regreso, y durante el viaje hay que pensar en amasar el pan: en amasar el pan cuando se vuelva a casa. Hay que amasar el pan con cansancio, por cansancio, contra el cansancio. Hay que amasar el pan sin humildad, con empeño, con odio, con desprecio, con ferocidad, con saña. Como si todo estuviera al fin por acabarse. Como si todo estuviera al fin por empezar. Hay que amasar el pan para vivir, porque se vive, para seguir viviendo. Escribir. Amasar el pan. No hay diferencia.”

Si les soy honesta, nunca sé que título ponerle a estos apartados finales

Esto debería enseñarnos un poco sobre cómo la relajar a la hora de cerrar cosas, no?
No tengo mucho más decirles esta vez aparte de GRACIAS. Gracias por contarme qué cosas les gustaría conocer en este newsletter (si quieren dejar su opinión pueden hacerlo en este formulario), gracias por compartir este proyecto con tanta gente, gracias por el entusiasmo y gracias porque cada vez somos más!

Les cuento que ya están abiertas las inscripciones para el taller de escritura de agosto. Para los que son nuevos, esta es la modalidad:
Los cursos constan de 4 clases dadas por Zoom, una por semana. Técnicamente son de una hora pero siempre terminamos extendiéndonos un poquito más (he descubierto que cuando ponés a un par de personas creativas a hablar, no se callan más). Durante las clases vamos a hacer un poco de terapia creativa, trabajar hábitos y empujarnos a escribir más y mejor. No hay bibliografía obligatoria, como mucho les puedo hacer leer las hojas de alguna novela (el PDF será enviado por mail) sobre todo para hacer análisis y no hay tareas que entregar semana a semana. Vamos a trabajar sobre todo los sentimientos que salen a la luz mientras escribimos, la mejor manera de leer críticamente y escribir con compasión hacia nosotros mismos. No es necesario tener nada de experiencia en escritura!
El programa de las clases es el siguiente:
Semana 1: hábitos de escritura, técnicas para mejorarlo, una introducción general a cómo escribir con más libertad.
Semana 2: construcción de personaje.
Semana 3: diálogo.
Semana 4: descripción y una breve introducción a la edición.

Al finalizar la semana 4 voy a invitarlos a que compartan algo conmigo de hasta 2000 palabras y yo les daré feedback individualmente tanto de forma escrita como por videollamada. El que no quiera compartir, no será obligado a hacerlo, claro. Si bien cada semana les voy a dar ejercicios opcionales, ninguno va a tener que ser compartido. La idea es que aprendan a cultivar una conexión armónica entre ustedes y su arte. Todavía hay cupos disponibles para los cursos que arrancan el jueves 06/08 a las 8 y 10 am.  Sí, habilité un turno bien temprano para aquellos que trabajan y parece que hay quorum!
El costo del curso es de $1500 y se puede pagar mediante transferencia, Mercadopago o Paypal. Si les interesa, contesten este mail y en la semana mando info para que reserven su lugar!

Para mis alumnitos anteriores que se quedaron en el camino, les cuento que el nivel 2 se dará los martes a las 10 am y los jueves a las 15 hs. 

No tengo mucho más para decirles hoy, pero espero haber sido de ayuda y que después de este newsletter escriban con más alegría y menos presiones.

Los quiere,

Juani

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