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Escritura creativa
para escritores creativos

Lo que sangra

Tardé bastante tiempo en encontrar qué temática quería tratar en este newsletter. Desde que me auto-impuse la idea de que cada mes tengo que darle a este espacio un marco lógico que unifique las secciones me cuesta descubrir la forma de decir todo lo que quiero decir y así hacerlo sonar coherente. La idea llegó a mí mientras veía Wandavision y recibí un mail de una de ustedes, que me dijo que disfrutaba leer este newsletter y descubrir no sólo cosas relacionadas a la escritura sino mis "historias de amor caóticas". Lo pongo entre comillas porque me pareció hermoso, porque sí, yo soy caótica como lo es la magia de Wanda y como debería ser siempre el amor. Y al final, siempre termino hablando de eso, de lo que amo, lo que me cuesta amar, lo que otros amaron antes que yo, pero creo que es momento de dedicarle un newsletter entero al amor, el lenguaje del amor, las historias de amor y la forma que tenemos de vivirlo.
 

 

Foto: Sara Sammartino.           

Seguramente les hable de mí en la sección Nosotros, que jamás planeo por anticipado y suele salir bastante orgánica cuando me siento a escribir, pero prometo no ponerme tan autorreferencial. En las otras secciones voy a hablarles un poco sobre el uso del lenguaje citando a Julia Kristeva (no la pueden creer, Juani CITANDO A UNA ACADÉMICA en lugar de hablar de Taylor Swfit), voy a dar mis propias opiniones sobre cómo hacer que los lectores se enamoren de los personajes y prometo dar recomendaciones que los ayuden a mejorar la calidad de lo que escriben y ojalá a darle más amor a lo que leen y hacen. Todo esto, si me sale bien. Seguramente encuentre la forma de hablar de mí en cada sección. Pero bueno, es que soy muy buena hablando de amor. Esta temática me tiene muy feliz. ¿Están listos? Empezamos.

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Podés encontrar las ediciones anteriores
acá.

 Nosotros

A esta altura no puede ser novedad para ustedes que yo vea tarotistas en Youtube. Si lo es, bueno, ahí tienen, veo tarotistas en Youtube. Las veo por el mismo motivo por el cual siempre fui partidaria de contar todo lo que me pasa a más personas de las recomendables, las veo por el mismo motivo por el cual me emociono cuando veo películas de amor aunque sean estúpidas. Veo tarotistas de Youtube porque no confío en mi criterio a la hora de amar.
A veces creo que vivir es imposible. O sea, nos sale igual, porque no queda otra, pero cuesta mucho. Cuesta mucho hacerlo bien. No digo que yo ahora sepa vivir, pero creo que en algunos ámbitos aprendí a vivir mejor. Ya sé cocinar medianamente bien, no mezclo la ropa blanca y de color, no me da mucha culpa separarme de amigos que no valen la pena, no me tomo a pecho que las personas que quiero no tengan todo el tiempo del mundo para mí, extraño a mi familia de una forma funcional, entiendo cuánto alcohol me conviene tomar y entiendo que pasarme de esa línea en realidad no lleva a nada. Aprendí un poco a vivir sobre la marcha, practicando, equivocándome, y ahora creo que me sale hacerlo de una forma equilibrada, pero estoy segura de que nunca aprendí a enamorarme.
Como dije, lo que sé sobre la vida lo aprendí practicando. En mi casa siempre se me permitió errar y, si bien mi madre me ha querido matar más de una vez porque arruiné sartenes, siempre tuve derecho a mandarme cagadas. No sé quién o qué me dijo que en el amor no podía equivocarme. Creo que fue una mezcla de mi miedo al ridículo y esa vergüenza que se siente cuando las cosas no resultan a tu favor. Nunca me permití experimentar y, cuando lo hacía, me terminaba dando latigazos emocionales cuando algo salía mal. Creo que tampoco ayudó que por esas casualidades de la vida todas mis amigas tuvieran novios, creo que tampoco ayudó que mis padres y abuelos tuvieran relaciones tan respetuosas y a mi entender exitosas. Creo que muchas cosas no ayudaron pero por sobre todo la que menos ayudó fui yo.
Les voy a pedir un párrafo pequeño de falopa galáctica, les prometo que ya vuelvo a la escritura. Este mes volví a leer Star Wars y la filosofía y me quedé pensando mucho en uno de los capítulos en los cuales se analiza por qué Anakin cae en el lado oscuro. Yo tengo un tatuaje de Darth Vader y me planto ante cualquier rebelde de la alianza que quiera venir a culpar a un pobre niño incomprendido que no supo mejor qué hacer, por eso ese capítulo resonó tanto conmigo. Sigo creyendo que ningún pibe nace sith y que Anakin se autodestruyó con ayuda de aquellos que doblaron su moral cuando deberían haber estado apuntalándolo. Ahora, es verdad también que él tuvo su gran cuota de culpa en toda su historia. Una frase particular del libro habla sobre la falta de humildad de Anakin frente a sus propias limitaciones, dice que su
"creencia exagerada en los propios poderes y su negativa a encontrar consuelo en las últimas palabras de  madre provocan un exceso de culpa".  En lugar de aceptar que él no puede salvar a sus seres queridos de la muerte, se corrompe y realiza actos imperdonables, siempre usando como justificativo lo injusto de su circunstancia. Y es verdad que la circunstancia es injusta y que él no merece pasar por tanto sufrimiento, pero la vida es injusta, papi, y va siendo hora de que te relajes dos toques.
¿Por qué les hablo de esto en este newsletter del amor? Porque no sé muchas cosas de Anakin pero sé que a veces somos prácticamente la misma persona. Sé que yo nunca encontré el punto justo entre la culpa y la bronca, que casi siempre fui yo la que amó más y la que salió perdiendo y aún así siempre me sentí responsable de todo lo que me pasaba. Sé que muchas veces intenté revertir lo injusto de mis relaciones perdonando de más para ver si así lograba tener una formalidad que justificara los maltratos. Todavía no sé enamorarme, creo que recién este año aprendí a gustar de alguien. Aprendí sobre la práctica, prestándole mi tiempo a una persona que de buenas a primeras no era para mí o no era para siempre, dejando de lado la idea de que sólo vale la pena lo eterno. Aprendí que gustar de alguien es más lindo de lo que yo creía y que no depende tanto del otro sino de mí. Aprendí que no importa lo que le pase a él, que mi brújula debería ser siempre cómo me siento yo y que mis términos no necesitan más justificación que un presentimiento propio. Aprendí que tengo derecho a decir lo que me pasa siempre y cuando eso me sirva a mí y que no tengo por qué despertar a alguien que elige dormir en los laureles mientras yo me empiezo a ir. Aprendí, sobre todo, que la forma que puede tener otro de tratarme no refleja nada sobre mi propio valor. Aprendí a dejar que se vayan sin esperar a que vuelvan y a pasar semanas enteras gustando de alguien sin pensar todo el tiempo en él. Aprendí a verlos volver sin sentirlo como un triunfo porque sólo el orgullo quiere ganar, no el amor y la verdad tener razón no es algo que me llene tanto como tener un abrazo o tenerme a mí. Aprendí que es lindo entender por qué la gente hace lo que hace pero que eso no me obliga a elegir a alguien que no me da lo que merezco. Aprendí que si aprendo a desligarme de la idea de que la otra persona es un reflejo de mí, su destrato me molesta pero no me duele. Aprendí a enojarme con alguien por su desprecio sin sentirme triste o despreciada.
Todavía no aprendí a enamorarme porque nadie me gusta tanto, pero creo que cuando lo haga va a ser más lindo que la última vez. Espero que no tenga un tinte de culpa, espero poder ser más como Luke y menos como Anakin. Mientras escribo esto estoy en un momento que sé que es una bisagra, porque últimamente la intuición no me falla y yo sé que algo está a punto de pasarme. Sin embargo, sé que llegué al final de un proceso largo que fue de a dos y también fue de a uno y sé que me tranquiliza mucho entender que, como dice Mirtha, como te ven, te tratan, y esas son dos elecciones que escapan de mi control. Si alguien elige verme como una persona que se va a bancar sus cambios de humor, allá él. Si alguien elige tratarme como si hubiese otras Juanas alrededor del mundo, allá él. Su decisión, su problema. A veces pienso en los años que pasé faltándome el respeto a mí misma para ver si conseguía que me lo diera alguien más, intentando revertir sus errores para poder perdonarlos y así darles el amor que no merecían ni me pedían y que al final del día yo tampoco estaba segura de darles. Qué se yo, son procesos, no creo que sean años perdidos sino aprovechados, y creo que quizás por eso hoy logro dejar que la gente se vaya en paz y me deje en paz.
Todo esto empezó porque yo les contaba de mi tarotista de Youtube a la que veo porque no confío en mí misma. Por mucho tiempo amé por los motivos equivocados, buscando cosas que no necesitaba en lugares donde no iba a encontrarlo, y eso me dejó el sentimiento de que yo no sé enamorarme ni sé elegir y que si llego a enamorarme de casualidad de alguien que elegí bien de casualidad, eventualmente voy a salir lastimada y va a ser mi culpa. Entre todas las cosas espirituales que dijo esta señora de las cartas, me quedo con una, que es que tengo que aceptar que soy alguien que quiere amar. Quiero enamorarme no sólo con lo bueno sino también con lo malo. Quiero ser alguien que recolecta historias fallidas, que está abierta a las posibilidades porque aprendió a detectar las señales y sabe hasta dónde es seguro arriesgarse, que no se aferra a nadie porque cree en el amor de verdad, ese que fluye y llega y se va con ritmos que uno no controla. Quiero ser una persona que se anima a darle una oportunidad al afecto incluso cuando no conviene, incluso cuando viene de la mano de una persona que no tiene nada que ver conmigo aparte del miedo a salir lastimado. 
A lo que voy con todo esto es que recién este año que está empezando aprendí que en La nueva Cenicienta tenían razón y que no por miedo a errar voy a dejar de jugar. Y que si erro siempre puedo pedir perdón y empezar de vuelta, y que si erra el otro eso ya es su problema. Mientras tanto, intentaré trabajar en la humildad que necesito, esa que me dice que no soy el centro del mundo y que no tengo la responsabilidad de asegurarme que todo alrededor mío salga bien. Espero que me vaya mejor que a Anakin, pero incluso si caigo en una igual de dramática que la de él, me consuela saber que siempre queda algo de bien en nosotros, y que eventualmente llega esa circunstancia que te hace elevarte a la altura de la nobleza que llevás adentro.

Lo que yo no puedo darles, existe en alguien más.
Por eso, aquí van mis recomendaciones:



- Quizás esto sea muy sectario de mi parte, pero a esta altura no debería sorprenderlos esta recomendación. Pueden leer Star Wars y la filosofía? Por favor? Podemos hacer un grupo de estudio?

- Si están en una relación hace años, si están en una relación hace poco, si están solteros, si están casados, si piensan que jamás se van a enamorar, si se están enamorando, si son seres que creen en el amor, vean Jigsaw, el especial de Netflix de Daniel Sloss. Recomiendo ver Dark antes porque en Jigsaw spoilea algo central del primer especial y creo que desde el punto de vista narrativo Daniel es un genio y deberían apreciarlo, pero en cualquier instancia, vean Jigsaw. Obvio tiene subtítulos, no tienen excusas.

 
- Lean Cold Pastoral, el cuento de Marina Keegan. Está traducido al español en el libro El opuesto de la soledad y muestra de una forma increíble las sutilezas de ciertas relaciones jóvenes.

- Mientras escribo esto tengo a mi lado La adicción al amor, de Pia Mellody. Si tienen sus temas con el abandono en las relaciones, si sienten ansiedad por ser dejados o si les interesa ser escritores que abordan estos temas, este es un libro que cambia absolutamente todo.

- Les traigo dos capítulos de dos podcasts que me gustan mucho. Uno es How to Deal with Unrequited Love de Nobody Panic y el otro es el primer capítulo de Saturn Returns en el que Caggie entrevista a Elizabeth Day.

- Si les gustaría aprender a decir lo que sienten como lo hago yo, que no es la única ni la mejor forma, pero es la que me permite amar con las palabras, les recomiendo que hagan el módulo
O sea, me entendés? de El Semillero. Más info en el apartado que sigue :)

-  Vieron la película Shithouse? Está en Stremio y, además de ser excelente en términos de diálogos, muestra muy muy bien el desarrollo de una relación entre millennials, con sus likes y stalkeos y todo lo que eso conlleva. 

Eso 


«Lo que quiero decir es que deberías responderme.
Porque existe un precedente. Porque existe una urgencia.
Porque existe una hora para meterse en la cama.
Porque cuando el mundo se acabe a lo mejor no he cargado el móvil y si no respondes pronto,
no sabré si querrías dejar tu sombra junto a la mía».

Marina Keegan,
del poema «Nuclear Spring» [«Primavera nuclear»].



Les dije que hoy traía DATA y data es lo que traigo. A veces soy la persona que cita a Taylor Swift, pero también puedo ser la que trae a Julia Kristeva a la mesa. Cuando estaba en tercer año del profesorado de inglés, mi profesor de literatura (que ojalá desde algún rincón del mundo me esté leyendo y sonría porque esto le sirve de confirmación de que logró impartirme sabiduría y que sigo recordando esa clase vívidamente a pesar de que seguro estuve dibujando pingüinos toda la hora) nos trajo a Kristeva. No recuerdo todo lo que dijo, no recuerdo el debate, pero una frase particular quedó resonando siempre en mí. Julia Kristeva dijo que el lenguaje del amor es “imposible, inadecuado, en seguida alusivo cuando querríamos que fuese muy directo, el lenguaje amoroso es un vuelo de metáforas: es literatura” . 
Yo siempre escribí historias de amor, siempre leí historias de amor, siempre busqué mis historias de amor. Soy la persona que llega a una previa y escanea los presentes a ver de quién se va a enamorar antes de que llegue el momento de irse al boliche, soy la profesora que analiza a sus alumnos de ocho años y trata de adivinar quién va a terminar casado con quién, soy la que le pide a su papá que le cuente por quinta vez la historia de todas las mujeres con las que salió antes de su mamá y después se dedica a buscarlas en Facebook para ponerle cara al personaje. Siempre escribí cartas, desde que tengo memoria, desde antes de saber escribir. Esto es real. La primera vez que escribí una carta de amor fue a los tres años, poniendo sólo las vocales. Mi mamá escribió la traducción debajo y juntas se la dimos a Nicolás, el chico que me gustaba. Hace poco la leímos de vuelta, porque la mamá de él es amiga de la mía y siempre recuerdan la anécdota. Haciendo orden yo encontré una que evidentemente jamás mandé, una en la que le digo que si quiere lo invito a plantar arroz en la casa de mi abuela y después cosecharlo para comerlo juntos. Si obviamos el hecho de que yo claramente tenía las mismas armas de seducción que un cavernícola recolector, podemos aplaudirme por el compromiso con la causa. ¿Y cuál era la causa? Darle palabras a lo que vivía adentro mío, conseguir lo imposible.
Tenía tres años cuando escribí mi primera carta de amor y tenía veintiuno cuando descubrí a Julia Kristeva. Y, contrario a lo que uno pensaría, leerla me llenó de inspiración. Me gustan las cosas difíciles, me encanta saber que tengo frente a mí un desafío que nunca voy a poder conseguir. Así como dicen que nunca hay que conocer a los ídolos, creo que tampoco está bueno cumplir los sueños, porque la realidad nunca está a la altura de la fantasía. Con esto no digo que nos quedemos siempre en el molde, sin movernos, sino que, por lo menos a mí, me parece conveniente separar la fantasía de la realidad y dejarla ahí. El Londres de mis sueños no es el Londres de mi realidad. Es diferente, tiene otros olores, otros colores, otros ritmos. A veces, cuando me freno en Regent St. a la noche y veo los colectivos pasar, siento que por un segundo puedo agarrar esa idea que yo siempre tuve acerca de esta ciudad, pero enseguida se me escapa. Con el amor me pasa un poco lo mismo. Ninguno de los hombres que me gustaron jamás fueron los que yo imaginé antes de conocerlos. Y me gustaron mucho cuando fueron reales, pero reconozco que a veces me costó acercarme a ellos porque tenía miedo de perder para siempre mi fantasía inalcanzable. Con el tiempo, aprendí a dividir mis amores y mis sueños. Amo la Londres que habito pero nunca dejo de desear poder verla como mi corazón la sueña. Lo vi a él entrando por la puerta de un pub y pensé que algún día me gustaría irme a dormir con un chico como él, pero cuando lo tuve acostado al lado mío, el sueño no se sintió cumplido.  Y con esto no quiero decir que me decepcionan las personas que me gustan o que no amo la ciudad que hoy es mi casa. Me desarma la ternura que mis fantasías no imaginaron cuando creyeron que él era un estereotipo que yo ya conocía, me inspiran esos atardeceres que jamás pensé que Londres tenía. Y me quedo siempre con esas realidades, las elijo todos los días, pero la fantasía no muere nunca y creo que es gracias a eso que mi espíritu curioso tampoco. 
Tenía tres años cuando escribí mi primera carta de amor, tenía veintiuno cuando descubrí a Julia Kristeva y tengo veintiocho ahora, mientras intento contarles por qué para mí no existe cosa mejor que el desafío de perseguir eso que nunca va a estar a mi alcance. Yo siempre voy a intentar poner en palabras lo que siento por los otros, un poco porque me gusta imponerme como un recuerdo en las memorias de los demás como *esa chica que una vez me escribió un poema*, otro poco porque me da miedo la muerte y me aterroriza pensar que quizás alguien no sepa que yo quise dejar mi sombra junto a la suya. Pero ese es el tema, jamás se sabrá del todo. Jamás voy a encontrar la forma de explicar que mi alma es lo que es porque existió un otro que se acercó a mi existencia. Voy a fallar, cada vez, y por eso voy a seguir intentándolo, y por eso cada te quiero que salga de adentro mío va a sonar como el primero. El desafío de darle claridad al lenguaje del amor es como mis sueños: imposible, inalcanzable, eterno, inmortal.  Cuanto más profundo el amor, más lejos se encuentra la meta, más dura la vida, más se aleja la muerte. 

🌸El taller que va a hacer que sus días florezcan 🌸

 
Los invito a conocer El Semillero.  Cuatro encuentros grabados para hacer a tu tiempo en la comodidad de tu hogar:

O sea, me entendés? - un taller para aprender a poner tus sentimientos en palabras, mejorar tu comunicación con los demás y quizás escribir por fin esa carta de amor que nunca te animaste a enviar.
Había una vez - Storytelling personal para Instagram. Trucos para hacer que el lector viaje con vos y viva tus historias desde adentro.
Todos los días, amor, toda la vida - los diarios como herramienta para mejorar tu autoconocimiento y hacer que tu amor propio crezca a través de escrituras cortas de todos los días.
Los trapitos al sol - distintas herramientas para salir del closet creativo y empezar a mostrar lo que escribís, sin miedo y con apoyo.

Podés ver ejemplos de qué cosas enseño en el taller en estas historias destacadas. Si decidís sumarte, toda la info para anotarte
acá. 

Ellos 

No seré maravillosa en todo lo que hago, pero si hay algo que sé hacer, eso es escribir una historia de amor y hacer que los que me leen se enamoren de los personajes. Y no es una cuestión de talento, es una cuestión de paciencia. Es una cuestión, también, de entender cómo funcionan los tiempos del enamoramiento. Es una cuestión de enamorarme primero yo de los personajes, de querer conocer su historia en profundidad. Como en el amor de verdad, es una cuestión de tiempo.
Para ilustrar este punto, voy a contarles una de mis historias de amor. Una muy vieja, de esas que un poco invento porque los recuerdos se me escaparon. Les voy a contar la historias dos veces, rápido y con palabras magnificas y después con tiempo y detalles. Quiero que ustedes sientan lo que quiero explicarles. Quiero que se enamoren y quiero que aprendan a identificar con cuál forma de contarlo sienten más.
Primero les voy a contar la historia rápido, como si quisiera aturdirlos con la inmensidad del dolor adolescente que sentí. Una vez me enamoré de un amigo que me prometió que yo era la única persona que le gustaba y dos meses después me enteré de que estaba con otra. Ahí tienen. ¿Es suficiente? ¿Es memorable? ¿Les rompí el corazón?  Si es así me temo que entonces ya venía resquebrajado de antes, porque no hay motivos por los cuales deberían sentirse interpelados por lo que conté. Es una historia que quizás suene shockeante pero en realidad no deja de ser una más del montón. Claro que para mí en ese momento, no se sintió así. Se sintió como la única y la más importante que había existido. ¿Por qué? Porque ese amigo mío terminó siendo el diablo y, como sabemos, el diablo está en los detalles. Y, si me lo permiten, voy a pasar a contarles la historia lo más detalladamente que pueda en el espacio que este newsletter me permite. Les pido que sean críticos. Parte de aprender a escribir tiene que ver con aprender a apreciar, aprender a criticar y aprender a ver los hilos de los escritores. Yo me voy a poner a tejer, traten de ver cómo lo hago.


Su nombre siempre me había gustado, pero ahora hace un raqueteo en mi cerebro y me parece sonoramente molesto. No quiero nombrarlo de verdad, así que lo llamaré Juan, porque a él le gustaba sentirse diferente y me gusta esta forma de vengarme, poniéndolo en un lugar tan común. Nos conocimos por msn, pero yo siempre supe quién era él. Había salido con algunas chicas que yo conocía y sin ir más lejos se hablaba con una amiga mía. En ese momento hablarse con alguien era una nada que significaba todo. Bastaba con tener una conversación constante con un chico para sentir que algo te estaba pasando. Yo no tenía conversaciones constantes con nadie. Sólo me gustaba mi vecino, que de día me ignoraba y de noche en el boliche me decía que estaba enamorado de mí. Mi vecino iba a la misma escuela que Juan, pero era un año más grande. Juan tenía mi edad y una fama que lo precedía: era un rompecorazones sin vergüenza. Hoy miro fotos de él de esa época y me fascino con lo angosta de mi visión adolescente. Con mis 28 años no puedo dejar de pensar que es la persona más normal que conocí, pero en ese momento me parecía excepcional. Quizás lo era sólo porque era mi excepción.
Yo no me hablaba con ningún chico pero sí me hablaba con él. Por cuestiones circunstanciales (sus conquistas, una de ellas mi amiga) siempre fuimos amigos, desde el minuto cero. Empezamos a conocernos en marzo, de a poco, y para abril ya éramos presencias constantes en la vida del otro. Yo sabía todo sobre él. Me contaba sobre las discusiones de sus compañeros y cómo él  se mantenía por supuesto al margen, porque estaba para cosas más importantes. Me contaba sobre su ex novia y cómo la relación había terminado, me contaba sobre sus partidos de fútbol y las canciones que le gustaban. Me mandaba videos de canciones que me pudiesen gustar y yo le compartía las mías. A veces empezaba la conversación con un "I've been looking so long at these pictures of you" y me mandaba una foto de mi Facebook en la que yo había salido mal. Me molesta saber que The Cure siempre me va a hacer acordar a él, pero a la vez pienso que quizás todo el drama valió la pena sólo porque gracias a él conocí mi canción favorita.
En semana santa salimos al mismo boliche pero no nos cruzamos. Mi amiga, que a veces hablaba con él, sí lo vio y chaparon contra una pared como se estilaba hacer cuando uno era joven y no tenía vergüenza. Creo que fue contra una pared, yo no lo vi y ya no soy amiga de ella como para corroborarlo. Yo festejé, porque los quería a los dos y me gustaba que estuviesen juntos. Esa noche mi vecino me dijo que estaba enamorado de mí por vez número mil, pero yo no se lo conté a Juan porque yo nunca le contaba cosas. En parte porque en ese momento de mi vida lo único que me parecía digno de contar eran las cosas amorosas y él era amigo de mi vecino y no quería que la información saltara de persona a persona. Mayormente, en realidad, porque mi forma de amar era una parte muy íntima y honesta de mí, y no quería que él la conociera. Él, que era un chico cool, seguro pensaba que yo era una fracasada.
Los meses fueron pasando. Yo me peleé con mi vecino, Juan se fue de viaje con el colegio y se enteró que su ex novia había estado con su amigo. Me habló desde un cyber de Europa para contarme todo y me agradeció por bancarlo siempre. Cuando volvió, me contó sobre dos chicas que le gustaban y yo le daba consejos de cuál me parecía que iba mejor con él. Una noche nos encontramos en el boliche y nos sacamos una foto para conmemorar el momento. Su perfume sigue siendo hoy mi favorito y cuando lo olí esa noche pensé que las chicas que gustaban de él tenían suerte. Quizás a esta altura ustedes están pensando cómo puede ser que yo no supiese que estaba enamorándome de él, pero para mí el amor siempre había sido pintado como una cosa que te deslumbra y te saca el aire y te hace flotar y mil eufemismos más y con él no me sentía así. Con él me sentía tranquila,  cuidada. Sabía que me quería y eso le quitaba a la situación un dramatismo que yo siempre había confundido con amor.
Cuando me fui a Bariloche me encontré a sus amigos y después recibí un mensaje de él, que no había ido, diciendo que me deseaba un buen viaje "comiendo bichos". Durante el viaje yo llamé a mi vecino varias noches estando ebria, pero jamás pensé en Juan por un segundo. No era momento de smartphones y los mensajes de texto no son como Whatsapp, así que no hablamos hasta que yo volví. Cuando llegué a Rosario, hablamos de que me había cruzado con sus amigos, entre ellos el chico más lindo de la ciudad. A Juan siempre le había molestado que su mejor amigo fuese hermoso, pero no es mi culpa, lo era. El jueves siguiente a que yo volviese, me dijo que me iba a presentar a su amigo, que íbamos a ir bien juntos. Esa misma noche me llegó una notificación del chico agregándome a Facebook, pero yo no la vi hasta que abrí la computadora el sábado, y para entonces la historia ya era otra.
El viernes salí de la escuela y me fui derecho a la casa de una amiga porque esa noche salíamos. Tomamos en la calle aunque hiciera frío y bailamos en vals con mis compañeros. A veces me llegan esos recuerdos y pienso que el amor estaba ahí, que yo jamás me había sentido juzgada por esas personas y que es una lástima que hubiese estado tan empecinada buscando un romance en otro lado cuando ya tenía todo el afecto que necesitaba. Pero bueno, así como uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde, uno no sabe que no se está perdiendo de nada hasta que tiene eso que siempre quiso.
Llegamos al boliche a las dos de la manaña, antes de que se venciera el free. Para los rosarinos, los ubico en Loft, que cruzaba toda una manzana y albergaba muchísima gente joven y borracha al mismo tiempo. Aún extraño a la señora de los baños que una vez me arregló una pollera con invisibles. A mis amigas las perdí enseguida, pero me encontré con mi vecino y le di un ultimátum. Le dije que si esa noche no me llevaba en taxi hasta mi casa, cementando así la pareja como algo oficial que incluía acompañar al otro a su casa a la salida del boliche, entonces no me interesaba saber nada con él. Por supuesto, no sirvió de nada. Una hora más tarde su mejor amigo me dijo que se había ido porque jugaban al fútbol al día siguiente.
Cuando por fin logré entrar al VIP convencida de que ahí estaban mis amigas, me encontré con Juan. Me sentí bien enseguida, me sentí segura. Tomamos champagne con speed y yo le pedí que me llevara a mi casa cuando la noche terminara porque no quería volverme en taxi sola. Recuerdo haberle dicho que no me importaba si se volvía con una chica, que yo podía ir en el asiento del acompañante si ellos querían estar solos. Él se rió y seguimos hablando y riéndonos hasta que se hizo tarde y preferimos irnos antes de que se complicara conseguir taxi. En el camino a la salida la vi de lejos a una chica que le gustaba y se la señalé. Él me dijo que no importaba y yo recuerdo pensar (incluso en mi ebriedad) que era un boludo por dejar pasar la oportunidad, porque él no salía nunca y ella tampoco y no iban a volver a cruzarse.
Logramos salir después de pelearnos con mil cuerpos bailarines y llegamos a la esquina.  Yo me paré mirando los autos a ver si distinguía un taxi y él se quedó atrás mío. Cuando me di vuelta para decirle algo, me dio un beso y yo recuerdo haber pensado que eso era exactamente lo que siempre había querido tener. Él era esa persona con la que siempre había soñado. Y no me equivocaba tanto. Tuvieron que pasar siete años para que yo volviera a sentir lo mismo con un primer beso. Nos separamos rápido y le pregunté qué hacía, porque no paraba de pensar en mi vecino que era su amigo y mi amiga que había estado con él y lo inconveniente que era enamorarme de él. Mientras yo me encontraba con la incómoda certeza de que en realidad ya era tarde para evitar traiciones y, sobre todo, mis sentimientos, él me sonrió y me dijo "¿de verdad no te diste cuenta de que me gustás desde que te conozco?".

Ya conocen lo que sigue porque se los dije desde un principio. Me prometió estar sólo conmigo y a los dos meses estaba con otra. Y si esto fuese un libro y no un newsletter, les contaría toda la historia y les haría doler el corazón, pero lo que quise hacer acá fue enamorarlos como me enamoré yo, despacio y con motivos. ¿Funcionó? Un poco espero que sí y otro poco espero que no, porque no es recomendable enamorarse de él, pero esa es otra historia.

Este espacio funciona a base de amor por la propuesta, libros que leo para crecer todos los días un poco más y Coca Cola que me acompaña cuando tengo sueño. Si quieren ayudarme a solventar esos libritos y coquitas, pueden hacer click acá desde el exterior o acá desde Argentina.

Elles 

 
Ya es hora de mi sección favorita. El podio de todes les ganadores del Mundialito Regional del taller de terapia creativa. Lo que más me gusta destacar de esta competencia es que no sólo la calidad de escritura sube mes a mes, sino que emociona ver cómo los chicos se felicitan entre ellos. En las clases hablamos mucho sobre la mirada ajena, la competencia y los miedos. Y yo me pongo a pensar que quizás si nos enfocáramos en conmover y sorprender sólo a los escritores talentosos que también tienen el corazón y la humildad para apoyar a sus amigues, entonces sería mucho más fácil sacar nuestras historias de adentro.
Ahora sin más, les paso a mostrar el podio. 


Categoría Lugar: un cuento que me molesta no haber escrito yo

La conozco a Victoria Mac Clay hace algunos meses, pero sin dudas Las vías del tren es lo mejor que leí de ella. Tiene ese final insatisfactorio que, para mí, tienen que tener los cuentos. Es una escena que te permite ver una vida entera, un instante que transmite con sensaciones una certeza que no es necesario poner en palabras. Este cuento podría haber aparecido tranquilamente en una antología de alguna de mis autoras favoritas. Por suerte tengo la suerte de que aparezca en el newsletter.

Categoría forma: incorporamos Juaniters LCC Records a la familia
Cuando di la consigna de hacer algún trabajo escrito que jugara con la forma, debería haber imaginado que Ginny Lupin, periodista de música, iba a traer literalmente UN DISCO. Ginny es la muestra obvia de que cuando alguien diga que no puede escribir ficción hay que obligarlo a que pruebe porque esta mujer entró con el rabo entre las patas y ahora nos deja llorando clase tras clase. Es un honor poder ver cómo se expresa y crece.

Categoría diálogo: algunas penurias póstumas
Tanto Violeta Cosmano Sánchez como Tamara Postorivo cuentan con herramientas que no te hacen necesariamente buen escritor, pero definitivamente ayudan a que lo seas. Un maravilloso uso de las palabras, una sensibilidad para decir mucho sin abrumar y, sobre todo, el ojo para descubrir detalles que diferencian un montón de oraciones de una historia. Los dos cuentos relatan, sólo a través del diálogo, historias de muerte y de amor. Parecen hechos a medida de este newsletter.  Las aplaudo y las abrazo, son enormes como sus palabras.

Haciendo click acá van a acceder al compilado de ganadores de este mes. Si tienen ganas de explorar los ganadores anteriores, los encuentran acá.

Si se suman al taller de Terapia Creativa para escritores van a:

- trabajar sus miedos en un ambiente seguro.
- hacer ejercicios concretos para mejorar sus técnicas de escritura.
- tener acceso al grupo de Discord en el cual compartimos material y recibimos feedback.
- ser parte de proyectos en grupo, como el
cuaderno viajero que largamos hace poco.
- poder participar del torneito regional de escritura entre compañeros, para ganarse un lugar y mostrar sus cuentos en este newsletter.

Pueden sumarse al grupo de los martes a las 15:30 o los jueves a las 8 de la mañana. Encuentran más info 
acá y reservan su lugar respondiendo a este mail.

Vos 


Esta es una sección nueva, creada especialmente para vos. ¿Para vos? Sí, para vos, que querés convertirte en un autor publicado y no sabés cómo hacerlo. 
Hacía rato que quería que este espacio sirviera más que para sólo producir, y fue por eso que me puse en contacto con Belu, ex alumna del taller y ex editora de estilo con muchísima experiencia en el rubro. A partir de febrero, Belu va a estar respondiendo tus preguntas acerca de la industria. La primera pregunta de esta sección es:

 
Si publico mi primera novela sin muchos contactos, ¿conviene imprimirla independiente e ir a librerías o buscar una editorial?
  
Aprovecho que surgió esta palabra mágica para hablar un poquito de cómo funciona la industria editorial. "Independiente" es uno de esos términos que usamos como si hubiese un consenso universal de significado pero, en realidad, a cada uno le remite a algo distinto (véase cuando en Twitter hablan de "progres", todos sabemos pero a la vez nadie sabe bien qué es eso y cómo se define).
En Argentina, por ejemplo, Penguin Random House y Grupo Planeta son dueños de casi todas las editoriales que ves en librerías. Por nombrar solo algunas de los más conocidas que tienen en su haber, tanto de literatura como de ensayo y crítica: 
  • PRH: Alfaguara, Debate, De Bolsillo, Literatura Random House, Lumen, Penguin Clásicos, Sudamericana, Taurus.
  • Grupo Planeta: Booket, Paidós, Planeta, Ariel, Empecé, Minotauro, Seix Barral, Tusquets.
En la industria editorial, "independiente" se refiere a los sellos cuyos dueños no son estas grandes empresas que monopolizan el mercado del libro. El más conocido y prestigioso en Hispanoamérica es, probablemente, Editorial Anagrama. En Argentina tenemos también, por ejemplo, a Eterna Cadencia (literatura, ensayo), Caleta Olivia (poesía), Siglo XXI (ensayo y ciencias sociales), Adriana Hidalgo (literatura), Beatriz Viterbo (literatura), Caja Negra (ensayo), Entropía (literatura)... y un millón más. Enserio, hay muchas. La próxima hablo más de ellas.
 
Ya sea que sean parte de algún grupo grande o independientes, estos dos tipos de editoriales son editoriales “convencionales”: es decir, hay que hacerles llegar el manuscrito, ellos eligen si lo publican o no, y, dato importante, NO te cobran por publicarte. 
 
Pero hay un tercer tipo de “editorial”, y acá es cuando viene la confusión, porque se suele asociar esta opción con edición independiente. Son las famosas editoriales por encargo: les mandás tu texto, pagás, lo editan e imprimen. Técnicamente, no son editoriales, son “empresas que ofrecen servicios editoriales”. ¿Se entiende la diferencia? Acá mandes lo que mandes lo van a poner entre dos tapas e imprimir en formato libro, porque es el servicio que ofrecen al mercado: imprimir libros.
¿Cuál sería el problema, entonces, con esta opción? El principal, tal vez, es la distribución. Muchas prometen, además de imprimir tu libro, darle difusión en librerías: esto rara vez es cierto. O si lo mandan a algún lado, después queda arrumbado en una caja de depósito. Y esto tiene que ver con un segundo problema: como diría Damian en
Mean Girls, publicar con ellas es un social suicide. Como es ampliamente sabido que cobran a los autores, eso se lee como que no hay un criterio de formación de catálogo o de identidad de la “editorial”: se publica a quien sea que pague por ello. Y la verdad es que, aunque nunca podemos descartar del todo que haya un Faulkner o una Almada incomprendidx y sin contactos que se hartó de idas y vueltas y decidió publicar de ese modo, no suele ser el caso. 
No es que a las librerías las atiendan seres del mal que le hacen bullying a los libros que vienen de editoriales no prestigiosas, también pasa que, como justamente estas no son editoriales, no ganan plata con tu libro en sí: su ingreso principal es lo que te cobran cuando editás el texto. Después, como la impresión es a demanda, no les importa vender uno, dos o mil ejemplares, porque no pierden plata en ningún caso. Si alguien desde una librería se los pide, genial, imprimen uno y se lo mandan, pero no se van a esforzar en tenerlo stockeado de antemano. 
Hasta ahora suenan horribles estas empresas editoriales, ¿tenemos que cancelarlas? No necesariamente. Pueden ser útiles si, por ejemplo, nos interesa tener el libro físico solamente para compartirlo entre familia y amigxs, o venderlo de manera particular en un grupo reducido (como material teórico de un curso que dictamos, por ejemplo). Pero si el objetivo es ser leídos por desconocidxs o hacerse #famosos en el mundo literario, la mejor opción siguen siendo las editoriales convencionales. 
Y acá volvemos a la pregunta: es muy difícil para unx autorx hacerle difusión a su propio título en librerías. Son las editoriales convencionales las que controlan tanto la distribución de libros en papel como la publicidad y prensa en los medios. Ellas sí tienen un sistema de promoción y difusión de los títulos que imprimen, justamente porque los consideran una inversión, una apuesta a hacer crecer su proyecto editorial. No siempre lo consiguen, o no como quisieran, pero si invirtieron en tu libro, lo lógico va a ser que vayan a esforzarse en hacerlo. 
Si realmente deciden imprimir a demanda y hacer difusión ustedes, más que por librerías apuntaría a ferias, eventos literarios, espacios culturales (muchas veces, esos espacion han sido semillero de grandes autorxs). O también a métodos de impresión/edición artesanales, como fanzines o novelas por fuera del sistema (sin ISBN, que es como el DNI de los libros, por ejemplo). Otro mundo ese, muy interesante, que lo dejo para otro newsletter. Besos! ❤💌

Si tenés material que quieras publicar o simplemente te gustaría saber de antemano, te invito a que dejes tu pregunta en este formulario. Belu va a estar seleccionando tus preguntas en la próxima edición del newsletter. 

La alegría sólo es verdadera cuando es compartida,
o al menos eso dicen. 
A todos los que hacemos este espacio nos gusta conocer gente nueva con ganas de compartir proyectos para colaborar.
Si tenés algo en mente y te gustaría verlo en este espacio o en nuestras redes, podés responderme este correo y contarme un poco de vos y cómo creés que podríamos trabajar juntos.

Ella

Hola Juaniters! ¡Felicitaciones por sobrevivir a Marzo (a.k.a. el lunes de los meses)! Hoy estamos hablando de amor y no voy a caer en recomendarles novelas románticas porque hay demasiadas y sinceramente no leí tantas. Les traigo libros sobre amor no necesariamente entre parejas, sino amor de familia, amor de hermanos, amor de madre, amor para bien y amor para mal. Más arriba Juani dijo que por ahí el amor estaba en una noche fría tomando fernet en la calle con tus amigas. El amor no romántico también merece ser escrito, y por qué no, recomendado. Así que acá vamos:

Seres queridos, Vera Giaconi

Apenas lo terminé tuve la sensacion de haber leido un *instant classic* y se convirtió un libro al que vuelvo buscando referencias o confort. Es un gran libro para este momento del año donde todos estamos tapados de obligaciones y todavía no logramos terminar de estructurarnos, pueden consumirlo de a bocaditos con cada cuento y dosificarlo en sus ratos libres.
Fue el libro que me hizo tirarme de cabeza a las obras sobre vínculos familiares, porque habla del amor dentro de las distintas maneras de relacionarse que existen. Un abuelo y su nieta, dos hermanas, un hijo y su madre: relaciones exploradas desde la introspección y la nostalgia. Son diez relatos sobre el amor más primordial y el cuidado en diferentes momentos de la vida. Mención especial al último cuento, que rompe con la vibra de todo el libro y es medio un híbrido entre la obra de Mariana Enríquez y Samanta Schweblin. 
Sobre la creación de esta estructura, Vera dice esto:

"Me propuse trabajar con la idea de seguir en orden cronológico a los personajes. O sea, que en un cuento el foco estuviera puesto en alguien muy joven; en otro, en una persona más adulta; en otro, en alguien decididamente mayor. Así me di cuenta de que eso que estaba explorando era ni más ni menos que la familia. O las familias. Uno es hijo de alguien pero no es del mismo modo a los diez años que a los cuarenta. Y tampoco esos padres son de la misma manera a lo largo del tiempo. O sea que los cuentos se fueron armando por esos dos lados: el de la familia y el de los cambios al interior de esas relaciones."

 

Vera Giaconi es uruguaya, pero vive hace años en Buenos Aires. Chusmeando entre los archivos de internet me cruce con este relato sobre su madre que me conmovió muchísimo, sobre todo porque vi reflejada a mi propia mamá y su relación con el arte. Es una autora para visitar y volver cada vez que necesiten un abrazo

Nada se opone a la noche, Delphine de Vigan

A este libro agarrenlo 1) cuando necesiten sentir algo, aunque sea desolación o 2) cuando estén en un buen momento emocional como para soportarlo. Es una novela sincera, triste y visceral, que se intensifica cuando caes en la cuenta de que es la historia real de la autora. 
Delphine se pone en el papel de cronista de la vida y muerte de su madre, a quien encuentra muerta en su departamento. El duelo actúa como un disparador, llevándola a desenredar su historia y, consecuentemente, de toda la familia. Tejida a partir de testimonios de todos los miembros restantes de la familia, diarios, filmaciones en Super 8, Nada se opone a la noche funciona como un museo vivo de lo que fue esa familia. Es una gran obra que nace a partir de del duelo, y citando a Vision: "What is grief if not love persevering?". Se nota que la autora busca ir hacia el amor, encontrarlo entre la maraña de desastre y tristeza, y nos regala pasajes hermosos como este:

"[…] Posiblemente tenía ganas de rendir homenaje a Lucile, regalarle un ataúd de papel -pues me parece el más hermoso de todos- y el destino de un personaje. Pero también sé que a través de la escritura busco el origen de su sufrimiento, como si existiese un momento preciso en el que el núcleo de su persona hubiese sido mellado en forma definitiva e irreparable, y no puedo ignorar hasta que punto esta búsqueda, no contenta con ser difícil, es vana. A través de ese prisma he interrogado a sus hermanos -en los que el dolor, en ciertos casos, fue al menos tan visible como el de mi madre-, les he preguntado con la misma determinación, ávida de detalles, a la caza en cierto modo de una causa objetiva que se me escapa a medida que creo acercarme a ella. Así es como les he interrogado, sin plantear nunca esa pregunta a la que sin embargo me respondieron: ¿acaso el sufrimiento estaba ya allí?"

Poeta Chileno, Alejandro Zambra

Me voló la cabeza. Es un libro sobre escritores, poetas, que escriben y se enamoran y sufren, sobre las palabras y su peso, sobre las masculinidades, el fracaso y la felicidad. Se mantiene un dialogo constante entre la literatura y la familia, mezclando la inmersión paulatina de Gonzalo tanto en la poesía como en su vida amorosa y vincular. El amor en este libro aparece de muchas maneras, primero en la relación adolescente entre Gonzalo y Carolina, que te parte el alma por lo representade que te podes sentir en esa incomodidad púber. Después aparece Vicente, para disparar la pregunta clave de la segunda parte del libro: ¿qué tan padre puede ser un padrastro? ¿Cómo se ama a un hijo ajeno? Esta obra es una oda al amor romántico, al amor familiar, al amor por la literatura y la poesía. Zambra nos regala pasajes hermosos como este:

"Dicen que eso es la felicidad: nunca sentir que sería mejor estar en otra parte, nunca sentir que sería mejor ser alguien más. Otra persona. Alguien más joven, más viejo. Alguien mejor. Es una idea perfecta e imposible, pero igual, durante todos esos años, Carla generalmente quería estar exactamente donde estaba. También Gonzalo. Y también Vicente, sobre todo Vicente quería estar exactamente donde estaba, con excepción de los fines de semana con su padre, cuando extrañaba su pieza, su casa, su familia."

Párrafo aparte, este libro me enamoró totalmente. Hacia mucho tiempo que no me devoraba un libro "gordo" (tiene 420 páginas) que me dejara tan llena de satisfacción y sensaciones hermosas. Apenas cerrás el libro, extrañás a los personajes y te dan ganas de releerlo. 

Acá les dejo una linda entrevista del autor presentando el libro.

¡Eso es todo amigues! Nos vemos el mes que viene, después de haber digerido los huevos de chocolate y la rosca de pascua. Cualquier cosita me escriben a @katepetrich tanto en Twitter como en Instagram. ¡Cuídense!

Si tienen ganas de formar parte de una comunidad de escritores que se juntan por Zoom a aprender técnicas de ficción, comparten clubes de lectura y se apoyan los unos a otros, ¿por qué no le dan una oportunidad al taller de Escritura Creativa? El miércoles 07/04 comenzamos con el taller de abril. Toda la info está acá.

Ustedes y yo

"Me pesa el tiempo, 
todo el tiempo.
Temo esperar de más
Y no sé esperar."

Estelas,
Fermín Sagarduy


Por lo general dejo este apartado para ser escrito en el último segundo del viernes, así está bien fresco y ustedes se llevan lo más reciente de mí, pero hoy (una semana antes de que este newsletter llegue a ustedes) me largué a llorar mientras lavaba los platos y pensé que esta emoción debía ser plasmada lo más rápido posible. Hoy hice milanesas después de un largo día y planeaba disfrutarlas mucho, pero no pude. No pude comer nada. No es la única vez que una emoción me cierra el estómago, pero en este momento sólo puedo acordarme de una. Fue en 2017, cuando tuve una última conversación con una persona. Se fue y yo me quedé sola en mi casa, esperando su respuesta a mi más grande confesión de amor hasta la fecha (y eso que he regalado varias). Hice milanesas y no pude comer ni una, porque la expectativa me ocupaba todo el cuerpo y no dejaba lugar para más. A la noche siguiente tuve un cumpleaños. Mis amigas siempre hacían chistes sobre no llevarme a Kerry Jones, un bar sobre Avenida Pellegrini que ya no existe más, porque cada vez que iba me escapaba llorando. No tenía nada el bar en particular, pero el 2017 fue complicado. Llegué y a los quince minutos me fui corriendo porque no podía contener el llanto. Creo que era mi forma de descargar mi incertidumbre. Mi amiga Natacha, quizás la persona más resolutiva que conozco, me persiguió, me metió en una cochera y me abrazó por diez minutos mientras yo lloraba muy fuerte, soltando mocos y manchando mi blazer rojo y su blazer negro de maquillaje. Me subió a un taxi cuando me calmé un poco y le dijo al taxista que me llevara a mi casa. Cuando llegué, mi hermano estaba comiendo las milanesas recalentadas y mi papá estaba parado al lado de su silla, hablando con él. Abracé al hombre de casi dos metros que siempre pudo poner todo en su lugar en mi mundo y descubrí que hay dolores que ni siquiera un padre como él puede curar. Creo que mi mamá le había contado qué me pasaba, porque me preguntó algo sutil que significaba "¿dijo que no?" y yo le contesté que no, que no había dicho nada, que esperaba que dijera que sí pero que en realidad no podía esperar. Hace poco me di cuenta de que siempre que digo "espero que..." en realidad creo lo contrario. Cuando tengo fe de que algo va a pasar, jamás digo que lo espero, porque lo sé. Por eso no digo que espero publicar mi novela, ni digo que espero ver a familia antes de que la nostalgia se haga demasiado grande, ni digo que espero que mis amigas se enamoren de alguien que las merezca. No lo espero porque sé que va a pasar. En esta situación, aunque hubiese dicho mucho que esperaba que él me quisiera como yo lo quería, sabía que no iba a ser así. El tiempo pasó y yo jamás obtuve ninguna respuesta, ni una positiva ni una negativa, porque hay personas que ni siquiera pueden hacer el esfuerzo de darte una verdad. Un año después,  escribí lo siguiente:

"Hace unos meses me encontré una tarde sola en mi casa muy nerviosa porque iba a tener una charla que me aterraba. Fue uno de esos momentos que te dan pánico vivir, más que nada porque yo sabía que después de esa charla muchas cosas iban a cambiar y yo iba a quedar muy expuesta ya que iba a decir cosas que no me había animado a decir antes. El punto es que me aterraba el después. No el antes y no la charla en sí, sino cómo iba a seguir mi vida después de decir algunas cosas que ya no iba a poder borrar de la cabeza de la persona que me iba a escuchar. Creo que lo más difícil de decir la verdad, esa verdad con la que vos sola estuviste viviendo tanto tiempo, es tener que bancarte después las repercusiones. Saber que hay alguien que posee una parte tuya y no poder imaginar cómo van a usarla. Se va a enojar? Me va a abrazar? Me va a odiar? Se va a reír? Va a llorar? Le voy a hacer bien? Le voy a hacer mal? Qué va a pensar la gente si se entera de lo que estamos hablando? Qué van a pensar si ven que no nos hablamos nunca más? Por meses corrí en círculos postergando el momento en el cual iba a tener que tener esa charla sobre todo porque quería hacerlo bien, quería hacerlo a mi manera, eligiendo las palabras correctas. Personalmente creo que el lenguaje moldea el mundo entonces no iba a dejar que un momento que tanto esfuerzo mental me demandaba estuviese ensuciado de ahre o same o rt o fav o esas mierdas que usamos ahora para hablar. El punto es que le abrí la puerta, hablamos un rato de idioteces mientras yo pensaba que capaz esa era la última vez que íbamos a hablar así. Yo me paré para buscar papas fritas y cuando volví encontré un papel tirado en el suelo. En el momento me pareció rarísimo porque yo me había asegurado de haber limpiado todo y estaba segura de que no había ningún papelito en el medio del living pero estaba nerviosa así que no le presté atención y me lo guardé en el bolsillo. 
Lo que pasó en esas dos horas no es relevante a mi historia, solo diré que a la mañana siguiente yo todavía estaba esperando el impacto de ese encuentro y de esas palabras que yo había elegido con tanto cuidado. Y el miedo seguía estando. Miedo a perder a alguien, miedo a perder a varios, miedo a que se hablara de mí, miedo a salir lastimada, miedo a que todo saliera bien y ese fuese el fin de mi angustia. Porque si uno vive tanto con un demonio adentro, a veces cuando se va te sentís sola. Cuando me empecé a vestir para ir a trabajar metí la mano en el bolsillo de mi pantalón y encontré el papel que había levantado del piso el día anterior. Ese papelito que había aparecido en mi living vaya uno a saber cómo y  por qué. Cuando lo abrí descubrí que era uno de esos papeles que te vienen en las galletas de la fortuna, con una frase filosófica que por lo general no tiene sentido. Yo había comido una hacía unas semanas y pensé que el papel era uno que ya tenía guardado. Bueno, no. Fui a buscarlo y todavía estaba en mi cajón. Aparte de esa galleta yo no había comido otra desde abril en Buenos Aires y esto pasó en septiembre en mi casa. Bue hasta ahí ponele que no es tan raro, apareció un papelito de galleta de la fortuna en medio de mi living que yo ya había limpiado justo en el día más intenso de todo mi año, no big deal, poneeeele, pero cuando leí la frase del papel me sorprendí un montón.
Cuando yo decidí tener esta charla, antes de avisarle a esta persona en cuestión, se me había dado por escuchar Él Mató. Justo en ese momento ellos sacaron El Tesoro, (canción muy linda, si no la escucharon vayan). Sucedió que por un par de meses yo tuve esa charla, aún hipotética y futura, en el fondo de mi cabeza. Al mismo tiempo, me recitaba como un mantra el “todo lo que hago es para vos, ah, el tesoro se está hundiendo”. Yo soy muy de musicalizar momentos con canciones específicas y para mí esa canción fue la que me acompañó cuando tuve que hacer el trabajo mental necesario para tener esa conversación que me daba miedo y me entusiasmaba por partes iguales. Al día siguiente de tenerla, cuando ya había pasado el shock de adrenalina y yo me encontraba mirando la pared como el meme del zorro, abrí ese papel de la galleta de la fortuna y leí que decía “Tesoro es lo que tenés”. 
Creo que si esa charla hubiese salido como yo quería hoy quizás no recordaría esta historia, pero no fue así. No pasó nada muy terrible, pero todo salió para otro lado y yo pasé un tiempo puteando al universo porque nunca me da lo que yo quiero. Hoy volví a encontrar ese papel y me puse a pensar en retrospectiva todo lo que viví desde ese día hasta hoy, todas las cosas buenas que me pasaron que no me habrían pasado si esa charla hubiese dado los resultados que yo esperaba. Me dio otros resultados, me dio meses de paz lejos de una situación que me hacía mal y que, terminé comprobando con el tiempo, nunca iba a hacerme bien. Y pasaron los meses y yo sigo teniendo todo lo que tenía en ese momento. Tengo todo lo que vive todo el tiempo adentro mío, el amor que me da la gente que quiero y el amor que me permiten darles que recircula todo el tiempo entre todos. Tengo mis libros y mi música y la suerte que siempre tuve de encontrarlos en el momento justo. Siempre dije que una de las cosas que más agradecía era esta capacidad que tengo de notar cosas y de sentir todo, lo bueno y lo malo, y de que para mí todo pese y todo sea importante, desde un papelito hasta una canción que tampoco dice tanto. Creo que tesoro es recibir todo el tiempo estímulos y tener la suerte de que mi sensibilidad hace que para mí signifiquen algo, porque la vida es mucho menos dolorosa si un final viene con una señal o un guiño. Qué se yo, ya ni sé que estoy diciendo, pero para mí, en ese momento donde estaba vulnerable y confundida, encontrar ese papel en medio de mi living fue una manera de decorar el barro que tenía alrededor. Y ya que estamos y que nadie me corta como en el discurso de los Oscars (igual deberían) creo que también es un tesoro que te pasen cosas malas. No hablo de tragedias o fatalidades, sino de pequeños dramas que te duelen y te hacen conocerte un poco más. Yo por lo menos me respeto mucho más desde que viví esa situación. Sigo teniéndole miedo a las palomas pero se que soy valiente porque puedo decir la verdad cuando da miedo. Sigo siendo una persona común pero se que puedo transformar lo que me hiere en historias que me ayudan a sanar.


Hace un rató lloré porque no pude terminar de comer una milanesa porque en lo que va de este 2021 pasé por un proceso muy arduo y profundo de mirar la soledad a la cara. Porque estuve toda mi vida sola, jamás tuve un novio, pero nunca me animé a aceptarlo. Nunca me permití tener una vida en la cual yo era la persona más importante en mi cabeza, nunca paré de pelear contra esa realidad que se me hacía tan inevitable. Y no voy a tomar mérito por mi cambio este año. Realmente creo que cambié mi actitud porque no me quedaron más fuerzas para mentirme como hice hasta ahora. Hubo un momento en enero en el cual casi actúo como hice siempre, reteniendo aire para hacerme creer que mis manos no estaban vacías. Por primera vez, decidí no hacer nada. Decidí dejar que las personas me decepcionen, decidí que no puedo emparchar algo que el otro rompe, sobre todo si ese algo es mi corazón. Por una semana entera, sentí que estaba pasando por un síndrome de abstinencia, pero luego entendí que estaba bien. Estaba igual que siempre. No había nada terrible en aceptar vivir lo que ya de por sí estaba viviendo: una sucesión de días en los que todo está bien porque yo soy yo, yo me sé dar amor, yo me cuido mejor que nadie. Hoy lloré porque no pude comer milanesas porque por primera vez en toda mi vida no tengo que decir "espero que..." porque escucho mi intuición y sé que lo que sea que se viene es bueno. Porque ahora que no tengo miedo de estar sola y puedo decir sin vergüenza que hay límites que no estoy dispuesta a cruzar, descubro que en mi lado de la cancha hay gente que está dispuesta a quererme como quiero. Hoy lloré porque no pude comer milanesas y me acordé de esa época en la que tenía que inventar historias para que el dolor doliera menos, me acordé de todas las veces que defendí la integridad de la persona que me había lastimado porque me daba vergüenza aceptar que no había sabido ver su egoísmo y su maldad. Hoy lloré porque por fin siento que entre todos los tesoros que tengo, el más importante soy yo.

Hoy no hay avisos parroquiales porque en abril se cumple un año desde que empecé a mandar este newsletter y por eso voy a enviarles un pequeñísimo newsletter con un pequeñísimo (mentira, saben que no sé ser breve) texto de lo que este camino está siendo para mí. Para cerrar este newsletter, quiero parafrasear a Dolly Alderton y escribir todo lo que sé sobre amor. Me lo voy a dedicar a mi yo de hace un par de años, para ahorrarle un poco de sufrimiento. Gracias a ustedes por leerme, sobre todo en esta edición tan autorreferencial e íntima.  Acá va:


Everything I Know About Love


- Es una cuestión de timing y suerte.
- Es casi 100% probable que en tres años digas "qué bueno que esta persona no me dio lo que quería", a pesar de que ahora estés llorando.
- Uno no sabe cuán insignificante es eso que quiere hasta que lo tiene.
- Cuando hay que elegir entre seguir en una relación que nos tiene insatisfechos o cortarla, hay que entender cuáles son las opciones. No estoy eligiendo entre luchar por el amor de mi vida o perderlo. Estoy eligiendo entre tener mi propia compañía que es constante y satisfactoria o quedarme con alguien mediocre que no va a ser el amor de mi vida porque no quiere.
- La gente no es su potencial, es su realidad. Elegir a alguien porque podría ser genial si se esfuerza sólo es válido si la persona quiere esforzarse.
- Obligar a alguien a ser suficiente para uno es injusto para las dos partes. Hay que dejar que la gente no nos merezca e irnos en paz. Si no es como si tuviésemos a la Nasa diciéndonos que estudiemos un poco más así podemos trabajas con ellos. No quiero, dejame ser feliz con mi trabajo medio tiempo. A veces la gente quiere ser feliz con sus parejas pasajeras y no podemos obligarlos a CRECER así pueden formar el futuro soñado con nosotros.
- Nosotros también somos mediocres a veces. Sólo porque siempre seas el que termina llorando en la relación no significa que hayas hecho todo bien.
- Un vaso de agua y una oportunidad no se le niega a nadie, pero si te demuestran que no son dignos de tu tiempo, huye.
- A veces vas a tener una relación hermosa y la vida va a ser una mierda igual. 
- Se puede querer mucho a alguien aunque no le veas perspectiva de futuro.
- What is grief if not love persevering?
- No podés pelear dos esquinas al mismo tiempo. No podés enseñarle al otro a que te valore ni despertarlo antes de que se de cuenta de que te perdió. No somos relojes despertadores. Si el otro quiere herirte y decepcionarte, dejalo. No dice nada sobre vos, no significa que vos no seas digna de ser respetada. Significa que esa persona se maneja de maneras que no te copan, sólo eso.
- Me gusta porque es alto o me gusta porque usa el Terre d'Hermes?
- A veces los hombres son graciosos de verdad y otras veces sólo están imitando a Daniel Sloss.
- Amar no te hace débil, gustar mucho de alguien no es vergonzoso. 
- Es necesario que llamés a ese chico que te trató mal? El tiempo que tardás en empezar a gustar de alguien es 0.8 segundos. Sólo porque en este momento no haya nadie que te gusta no significa que para el casamiento de tu hermano menor en 2089 vas a seguir sola. Es posible de que conozcas a alguien que te guste en los próximos tres días. Podés aguantar? Lo más probable es que estés bien y encuentres otras formas de llenar tu tiempo. Si realmente estás muy mal, lo que necesitás es cualquier tipo de amor, y de hecho es mejor que en este momento no te busques a una pareja porque seguramente le vas a pedir que solucione todos tus problemas.
- No importa quién es él, no es el único hombre alto en Londres.
- Está bien que tengas miedo de que el tarado que te ofrece la luna te deje pagando. Seguramente lo haga. Igual, mandale ese poema por correo para el cumpleaños. Nunca dejes de intentar ser memorable. 
- Quizás es malo, quizás tiene tanto miedo como vos y se está haciendo el malo. Cortá el juego y mirá qué pasa.
- Lo que querés que pase puede pasar. A veces, pasa mejor de lo que pensaste.
- Ante la duda, mientras no duela, decí que sí.
-El amor de tu vida ya existe. Cruza el planeta para verte cinco días, te ayuda a cada paso de tu proyecto, cae al velorio de tu abuela con dos botellas de Coca Cola y se pone a repartir a los presentes, organiza tus fiestas de despedida y te lleva al trabajo en auto sólo para poder pasar más tiempo con vos. Se llama Victoria y siempre va a ser tu mejor amiga. Si algún día te falta ella, estás vos. Al lado de vos, de ella y de ustedes dos juntas, cualquier hombre alto de Londres o de Rosario es decorado.

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