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Escritura Creativa
Anti Apocalipsis

 
Newsletter semanal para sobrevivir la cuarentena

El insoportable optimismo del ser sagitariano

Buenos días, tardes, noches. Así arranca Barley, mi podcast favorito, y siento que les estoy robando, pero a la vez es una recibida muy efectiva.
Intentaré que el newsletter de hoy sea cortito y al pie, un golpe certero a todo lo que hay que comunicar. Siempre digo que una oración de cuatro palabras bien elegidas vale más que un párrafo rebuscado, que el escritor con talento es aquel que conmueve siendo conciso, que hay que aprender de Twitter y reducir los caracteres. Pero claro, después me siento frente a la computadora que no me cobra un peso por lo que tipeo y termino abusándome  de las posibilidades infinitas. Y les escribo, Dios cuánto que les escribo! Les cuento de fotolog y de ese chico que conocí en una noche de citas y ya les hablé de Chano de Tan Biónica once veces y ustedes siguen firmes junto al pueblo (un pueblo chico, monohabitado) cada viernes. Gracias por eso. Hoy prometo intentar ser precisa, pero de alguna forma ya siento que estoy fallando. A ver, volví a nombrar a Chano, claro que estoy fallando.
Hoy les quiero hablar sobre nuestras falencias, la actitud que tenemos que tomar frente a ellas, el lugar que tienen que ocupar en nuestra caja de herramientas. Las falencias son esa desgracia que queremos evitar con tanta fuerza que terminamos ignorando su existencia. Si no lo miro no está ahí. Y qué error más grande es ese, siendo que tienen tanto para enseñarnos, tanto lugar para hacernos crecer. Yo a las falencias las tomo como desgracias (menores) pero sobrevivo porque a las desgracias (menores) las veo como oportunidades para encontrarme con tesoros. Hace poco en Instagram conté la historia de cuando en San Francisco nos rompieron el vidrio de un auto que habíamos alquilado y gracias a eso terminamos manejando una camioneta 4x4 que nos salvó las papas cuando tuvimos que bordear precipicios inestables. Desde ese entonces, estoy buscando las maravillas que se esconden detrás de las angustias. A veces creo que se torna peligroso, porque fallo en ver la maldad de lo malo, pero si sirve para que sea feliz, bienvenido sea.
Hace poco tuve un golpe de negatividad, un lapsus de falta de fe muy doloroso. Pasé un invierno oscuro en el hemisferio norte viendo como todas las personas que quería estaban juntas en piletas mientras mi alma se marchitaba detrás de un escritorio que me hacía sentir ínfima y chamuscada. La luz de esperanza en mi horizonte era mi mamá que iba a visitarme en abril, pero aún así me dolía saber que después de meses sin verla, iba a encontrarse conmigo en mi peor momento. La tristeza y el estrés me habían dejado muy flaca, ojerosa, con la piel gris y el llanto inminente. La esperaba con ansias, pero incluso el mejor panorama seguía siendo un espanto, porque yo no quería que viera a la Juana que era en ese momento. Yo podía ser una versión mucho mejor de mí misma, por qué no venía unos meses más tarde?
Lo que sí vino fue el coronavirus, la cancelación del viaje de mi mamá, la incertidumbre por no saber cómo iba a pagar el alquiler si no podía trabajar. Contrario a mi naturaleza, pataleé mucho. Lloré, me enfermé, volví a ver a la cara a un tipo de angustia que pensé que no iba a sentir nunca más. Una angustia fría, eterna, espesa, omnipresente. Victoria me dijo que sólo estaba en el momento malo antes del momento bueno y mi mamá me dijo que no llore pensando que nunca iba a volver a verla porque los aviones no estaban extintos como los dinosaurios. Recién cuando miré la realidad a la cara y acepté que estaba en cuarentena en un lugar ajeno y que quizás nunca en mi vida había estado tan desahuciada, pude hacer algo para cambiarlo. De a poco, con ayuda, con suerte. Hoy estoy otra vez en mi peso ideal, que seguramente no sea ideal para Instagram pero lo es para mi corazón, dejé de tener cuasi moretones en lugar de ojeras, dejé de llorar día por medio y sobre todo encontré un tipo de paz que no pensé que existía. Estoy cocinando, leyendo poesía, transplantando plantas. Canalizando a mi abuela Clara, me gusta pensar. Mi tiempo es mío, de mis alumnos, de mis libros, de mi música, de ustedes que me están leyendo. No sé cuando voy a volver a ver a mi mamá, intento no pensar en fechas para no llorar. Sé que ya no la extraño en el esternón, porque me di cuenta que no la necesito para renacer. Ya me dio a luz una vez, no puede hacerlo siempre. Sé que cuando nos reencontremos, no va a tener que ayudarme a dejar de llorar, sino acompañarme a no parar de reír. Y no, no agradezco que esta pandemia haya llegado, y quizás lo mejor hubiese sido que mi mamá me juntara las partes del alma en un bar de Berlín en abril, pero no sucedió, y en lugar de ver una fantasía que potencialmente podría ser mejor, tengo que ver la realidad que existe en su grandioso esplendor.
Hoy vamos a hablar de falencias, pero primero había que hablar de desgracias y las desgracias, cuando son menores, en realidad son algo increíble. Ya descubrieron mi falencia? Es no aprender a callarme. Hay desgracias peores, hoy esta me dejó un apartado bastante lindo. No seré breve, pero tengo estos párrafos.

Tu nene es un forro, Claudia 

Ya les dije una vez que sus historias no son sus hijos, pero con los personajes no puedo decirles lo mismo. Los personajes que nosotros ayudamos a crecer se convierten irremediablemente en una parte de nuestra alma. Los queremos, incluso a los más odiados, con ese amor incondicional de madre. Y quizás ahí radica una falla clave y yo diría incluso peligrosa: frente a ellos perdemos la objetividad.
Una falencia que nos toca a todos los escritores es la incapacidad de ver a nuestros personajes tal cual son. Queremos salvarlos todo el tiempo, del mal y de la crítica. Queremos que los quieran, queremos que no sufran. Por eso muchas veces disfrazamos sus fallas, las justificamos, como si fuéramos madres avergonzadas explicándole a la maestra que nuestro nene no es siempre así, que está estresado y por eso le mordió la oreja al compañerito. No, tu nene es un forro, Claudia. Y nuestros nenes también son egoístas, iletrados, ignorantes, retrógrados, violentos, altaneros, forros.
Este apartado será corto porque no tengo mucho más para decir. Cuando escriban, acepten la idea de que quizás muchos lectores que aman nuestra historia odien a nuestros personajes. No pierdan de vista la perspectiva, que el amor no les tape el bosque. Acepten que sus hermosas creaciones, sus graciosos seres humanos de tinta, sus inteligentes retoños, pueden ser falibles. En otras palabras, si van a escribir sobre un viejito adorable nacido en 1923 que tiene poco contacto con la realidad actual, contengan el deseo de colgarle un pañuelo del aborto de la silla de ruedas. Y aunque les duela, dejen que sus personajes se equivoquen, no los rescaten antes de que hayan aprendido la lección. Mi mamá me dijo que lo más difícil de criarme fue verme caminando derecho hacia el precipicio y decidir no frenarme, porque sabía que no servía de nada hacerlo. Dejen que sus personajes caigan, vean su dolor a la cara y, una vez que la tragedia haya encontrado su justificación, ayuden a sus hijos a levantarse. 

Su basura es su tesoro

Otra sección en la que, espero, voy a poder ser breve. Este quizás sea un golpe duro, así que tómense su tiempo para realizar el ejercicio. ¿Tienen un vasito de whisky al lado? ¿Una lata de coca de ayuda? Listo, empezamos.
Para ser buenos escritores, van a tener que aceptar que a veces son basura. Nadie es perfecto, no podemos hacer todo bien. Como tenemos el ego frágil, elegimos escapar de eso que hacemos mal, negarlo, incluso muchas veces llegamos a convencernos de que en realidad somos buenísimos haciéndolo. Bueno, no. Reconocer nuestra basura es encontrarnos con nuestro tesoro, es conocer por dónde podemos mejorar.
Me gustaría que hicieran una lista de todo lo que ustedes sienten que hacen mal o no saben hacer con respeto a la escritura. Cualquier cosa. Si no se les ocurre, pueden copiar en su cuaderno los enunciados que siguen con los que estén de acuerdo.

No soy buen escritor porque:
- No leo seguido.
- Leo seguido pero no lo suficiente.
- Leo lo suficiente pero lo que leo no es buena literatura.
- Leo buena literatura pero no la entiendo.
- No sé escribir diálogos.
- No sé escribir descripciones.
- No sé escribir acciones.
- No sé arrancar historias.
- No sé terminar historias.
- No sé estructurar historias.
- No sé poner signos de puntuación.
- No sé conjugar los tiempos verbales.
- No tengo ideas.
- Tengo ideas pero son aburridas o poco originales.

Supongo que deben haber copiado más de uno, porque todos somos bestias del autoboicot pero, además, porque todos tenemos muchas más fallas de las que nos gustaría. Ahora bien, habiendo reconocido lo que les falta, ya ganaron la mitad de la batalla. Lo que sigue es un plan de ataque, solucionar cada problema como mejor salga.
Si sienten que sus fallas pasan por la lectura, la solución es leer. No existe la literatura buena o mala, o mejor dicho sí, pero no existe la literatura que no enseñe. Lean críticamente y les prometo que absolutamente todo va a ayudarlos a ser mejores escritores. Lean con astucia, lean lo que les conviene. Sí, Dickens fue un capo, pero a mí hoy por hoy leerlo a él me es contraproducente. Tardo el mismo tiempo que tardaría leyendo cuatro autores contemporáneos que me van a ayudar a soltarme mucho más y me van a enseñar a escribir el tipo de diálogos contemporáneos que yo quiero escribir. Lean algo parecido a lo que quieren escribir, lean lo opuesto a lo que quieren escribir y aprendan como evitarlo. Pero sí, hay que leer, siempre, en puchitos de cinco minutos si es necesario. Con todas las otras "fallas", hay vueltas de tuerca que podemos dar, pero en este caso, la solución es una: leer.  
Si, por el contrario, se sienten conformes con lo que leen pero no con lo que escriben, hay dos cosas que pueden hacer. La primera es educarse. ¿Cómo? Y, principalmente, leyendo. Sí, de vuelta, lo siento.  Lean libros aclamados y vean por qué ganaron esos laureles. No hay mejores maestros del diálogo, las descripciones y las escenas de acción que un buen escritor que hizo su tarea. Lean manuales de gramática y estilo, lean libros de escritura. Vayan a charlas, a talleres, a cualquier tipo de curso que exista. Tomen lo que les sirve y dejen de lado lo que no, pero dense la oportunidad de aprender más de lo que ya saben.  Y cuestionen todo lo que intentan enseñarles. Tampoco es cuestión de que maten su creatividad por lo que dice un profesor de carpetita y corbata. Aprendan los trucos y úsenlos cuando sea necesario. Si entienden que su fuerte nunca va a ser la descripción, aprendan a describir en dos oraciones para saltar directamente a lo que más les gusta. Dicho de otra forma, algunos jugadores se corren toda la cancha, otros patean penales increíbles. Descubran qué clase de jugador son, entrenen para no ser malísimos en lo que no es su fuerte y exploten al máximo lo que los hace especiales.
Si lo que sienten que les falta es conocimiento de cómo estructurar una historia, lean. Sí, hay que leer. Noten las vueltas que da la historia y fíjense cómo lo hace. Empiecen a escribir la historia por donde la historia empieza y termínenla donde termine para ustedes. Sí, quizás una historia de misterio necesite un final más concreto que una historia de amor, pero siempre podemos recurrir a ese final abierto ambiguo que deja todo en manos del lector. Mientras no terminen con "y despertó y descubrió que todo había sido un sueño", van a estar bien.
Y por último, si lo que les pasa es que les falta inspiración, salgan a buscarla. Agarren la primera oración de una novela y escriban una historia con eso, saquen una foto e imaginen qué podría representar, vuelvan a los newsletters anteriores y escriban algo con cualquiera de los ejercicios que yo les dejé. La inspiración siempre está esperándonos. ¿Saben cómo hacemos para llamarla? Dándole un espacio constante en nuestra cabeza, un lugar que sea sólo de ella donde pueda cantarnos de día y hacernos soñar de noche. Y se arranca a hacer eso de muchas maneras, pero yo recomiendo una. ¿Ya saben cuál? Sí, leyendo.

La La Land ganó el Óscar

¿Cómo? ¿Qué es eso que estoy leyendo? ¿Acaso La La Land ganó el Óscar a mejor película? Pues parece que sí, que no hay ningún articulo que diga lo contrario. Qué bien, che.
Yo soy tercamente positiva. A mí nadie va a convencerme de que algo que no me gusta sucedió. Taylor Swift es de Sagitario como yo y escribió Love Story, que habla de cómo Romeo y Julieta terminaron viviendo juntos y felices para siempre. Tarantino sin ir más lejos nos convenció de que Hitler murió quemado en un cine. Cuando las historias, reales o ficticias, se sienten muy adentro, la injusticia que representan se nos hace insoportable. Me gustaría darles un ejercicio para que jueguen un rato. Piensen en una historia que haya terminado mal, injustamente, quizás incluso dejando atrás un estallido de odio e insatisfacción en nuestros corazones. (¿Es "Game of Thrones última temporada" eso que estoy oyendo?) Busquen en su memoria el recuerdo de un libro revoleado o una televisión apagada con bronca, identifiquen cómo esa historia les falló y escriban otro final, su final, ese que les da satisfacción y alegría. 

Mujer de palabra

Les dije que iba a traerles a LA VEDETTE de este newsletter de vuelta y así lo estoy haciendo. Señoras y señores, con ustedes, se vuelve a abrir la inscripción para No Estén Solos, el Tinder de escritura para conocer a un compañero creativo. ¿Cómo funciona?
 

  1. Dejan su mail en este formulario,
  2. Esperan a recibir mi correo explicando el programa y dándoles algunos consejos para empezar el intercambio.
  3. Le escriben a su compañero.
  4. Son felices y comen perdices.

La idea de este programa es que se encuentren acompañados en un contexto en el cual muchos estamos solos, en torno a una disciplina que es intrínsecamente solitaria. Por eso, si bien me encanta el entusiasmo, les pido que no se anoten si no están comprometidos a generar un vínculo de correspondencia, ya que lo que menos queremos lograr es que alguien que vino buscando apoyo se sienta abandonado.
Como siempre, mi bandeja de entrada está abierta para ustedes si quieren contarme algo, me encanta cuando lo hacen! En el mes de junio vamos a tener muy pocas vacantes para empezar el taller de escritura creativa, así que si quieren anotarse y quieren más info, me escriben con urgencia para pedir más info reservar un lugar.
Ojalá después de leer esto no se sientan pinchados por lo que les falta y puedan ver esos huecos como oportunidades para aprender a lograr todo lo que pueden lograr. Porque de eso se trata: aceptar la realidad, reconocer lo que falta, apreciar lo que sobra, emparchar donde se pueda y tomarse una copita de vino para felicitarnos por ser todos los días un poquito mejores.
Les mando un beso grande,
Juani.

 
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