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  |  LUNES, 22 DE ENERO, 2021

Una fundación holandesa, en la cúspide del “expolio” de Abengoa

Los accionistas sindicados de Abengoa han denunciado que la banca y los fondos buitre han “expoliado” la compañía desde 2016, cuando se gestó la primera reestructuración financiera que acometió la multinacional para salir del preconcurso que solicitó en noviembre de 2015, tras haber impedido la ampliación de capital de 650 millones de euros al imponer el cese de Felipe Benjumea como presidente del grupo andaluz. 

El pago de intereses “usureros”y comisiones desorbitadas era la forma que, según la sindicatura Abengoashares, los acreedores tenían de “sangrar” la compañía y recuperar una parte del dinero de la deuda convertida en capital y de la quita que asumieron. En pocas palabras, la conclusión de los accionistas es que la banca y los fondos decidieron no dejar caer a la empresa en 2015, para poder “exprimirla en los años siguientes”. Cifran en 3.000 millones de euros los gastos financieros desde 2016 a 2019, que es el último ejercicio del que se han presentado cuentas. Las de 2020 aún no se conocen.

Al hacer su denuncia de expolio, los minoritarios ahora convertidos en accionista de referencia del grupo apuntan a Luxemburgo y al entramado societario y financiero creado en este “paraíso fiscal”, para cobrar allí esos altos intereses y comisiones. Los periódicos del Grupo Joly desvelan hoy que sobre ese entramado luxemburgués se creó una fundación en Holanda, que fue la única propietaria de la sociedad que prestaba el nuevo dinero aportado al grupo en la reestructuración financiera aprobada en 2017. Stichting Seville (literalmente Fundación Sevilla en holandés) es el nombre de esta fundación, que sirvió de pantalla para que no se conozcan quienes eran los beneficiarios.

Esa fundación estuvo en funcionamiento hasta el 24 de diciembre de 2019, una vez aprobada la segunda reestructuración, que fue presentada a los accionistas como una solución para obtener liquidez y avales para el negocio, pero que incluyó una reestructuración societaria y la emisión de una serie de bonos convertibles que, como reconoció la propia Abengoa al convocar la junta de accionistas en la que se aprobó, tenía la potencialidad de permitir a los acreedores hacerse con el 100% de las filiales que se crearon para alojar garantías y activos, los más valiosos, como el A3T mexicano o la participación en Atlántica Yield.

Una vez que se desmonta el entramado societario y financiero en Luxemburgo y Holanda, el consejo de Abengoa, que en septiembre de 2019 había organizado un investor day en el que glosó unas halagüeñas perspectivas de futuro para Abengoa, no entrega las cuentas en plazo, que retrasa hasta que ya no se puede impugnar ante los juzgados mercantiles la segunda reesctructuración. Cuando finalmente comunica los resultados del ejercicio en mayo, es ya para señalar que Abengoa S. A. está en causa de disolución y necesita un tercer rescate. Una nueva reestructuración que buscaba la escisión del grupo y dejaba todo el valor que aún queda en la multinacional en manos de los acreedores, que habían vendido casi la totalidad de las acciones que habían obtenido con la capitalización de la deuda en la primera reestructuración. Un rescate que denominan con sarcasmo Vellocino.

El análisis de todo lo acaecido exige no considerar las distintas reestructuraciones como elementos aislados, sino como un continuo que concluiría con la liquidación de la matriz, que dejaría en la estacada tanto a los accionistas, que lo perderÍan todo, como a los acreedores no financieros. El pasivo de Abengoa S. A. a cierre de 2019 era de 1.016 millones de euros, aunque la empresa no ha concretado cuánto corresponde con impagos a proveedores y otros acreedores no financieros.

El fracaso del Vellocino y la certeza de que la sindicatura que lidera Clemente Fernández accedería al control del grupo y, por tanto, a la información sobre lo ejecutado en el grupo en estos años, el nuevo consejo que traicionó a los accionistas ha solicitado concurso voluntario, cuando tenía protección para no hacerlo aún -que está a punto de ampliarse hasta el 30 de junio-, y la suspensión de una junta general que ya había votado su destitución. El juez, al declarar concurso, contra pronóstico suspende la junta e impide por tercera vez que entren los accionistas rebeldes -que han recurrido- a gestionar el grupo con el objetivo de impedir su desguace y mantener el grupo unido, sus empleos y revitalizar su negocio.

   OPINIÓN   
La incógnita de Abengoa


¿Por qué los administradores alineados con los acreedores ha impedido hasta tres veces la toma de control del grupo?.
Esta semana os recomiendo otros temas al margen de la actualidad de Abengoa que espero sean de vuestro interés:
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