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No es sopa
 
Hola, ¿cómo están? En esta cuarta entrega les voy a hablar de un encuentro particular entre Fito Páez y el Indio Solari. Sucedió en 1987, antes de un show de Los Redondos en Cemento. El corazón fue la clave y la excusa de la charla. Sobre todo, para entender la tragedia y la reflexión en tiempos crudos. De “Yo vengo a ofrecer mi corazón” a la “Ciudad de pobres corazones” y la promesa de cuidarlo como si fuera un genio amor. Ahí vamos.
 
Por Cristian Secul Giusti 

Noviembre de 1987
En los camarines de Cemento, antes del recital de Los Redondos, Fito Paéz se acercó a saludar a los integrantes de la banda. El Indio Solari lo vio, se levantó de la silla, caminó hasta donde estaba el rosarino y le dijo, con mucha seriedad: “No digas más eso”. El músico se sonrió, pero entendió rápidamente el mensaje. ¿Qué quiso decir el líder ricotero? Un breve repaso para comprender la escena.

Septiembre de 1984
Luego de integrar la trova rosarina que acompañó a Juan Carlos Baglietto entre 1982 y 1983, Charly García contactó a Fito Páez y lo invitó a las presentaciones del disco Clics Modernos (1983). El rosarino (con 20 años cumplidos) saltó en una pata, se integró rápidamente a la banda y participó en la producción de Piano Bar (1984), la gran obra del bicolor en tiempos de democracia.
Páez estaba donde quería estar, pero necesitaba publicar temas propios en un material solista. Fabiana Cantilo, su compañera musical y de amores, lo incentivó a grabar. De esas andanzas salió Del 63. “Tres agujas” y “La rumba del piano” fueron las canciones más celebradas en las radios. “Es peronista y reo y desde esa perspectiva callejera (...) de las mejores esperanzas de un rock mejor”, se leyó en Clarín. Acercate a escuchar a este pibe que tiene casi la misma edad que el rock”, apuntó la revista Canta Rock.

 
Diciembre de 1985
El segundo álbum se tituló Giros y, desde una perspectiva rockera, se aproximó al tango (“Giros”), la balada “Once y seis” y el folclore (“Yo vengo a ofrecer mi corazón”). La fuerte personalidad y calidad musical de Páez no pasaron inadvertidas ni para los/as seguidores ni para los/as otros/as artistas. “Estoy viviendo una especie de conmoción constante por lo que pasa con el disco. Les gusta a los intelectuales, se escucha en el barrio, es un gusto general”, dijo antes de presentar el trabajo en el Luna Park. La revista Canta Rock, por su parte, continuó valorando su labor musical: “Viene a ofrecer su corazón con la misma pasión que los más grandes momentos de esta historia de música sincera”.

 
Noviembre de 1986
En el viejo caserón de Rosario no se veían movimientos y eso llamó la atención en el barrio. Una persona se inquietó, forzó la entrada, se fijó con mucho cuidado y encontró una escena de terror: encontró los cuerpos de Fermina Godoy, Josefa Páez y Belia Zulema Ramírez de Páez (abuela y tía de Fito Páez, respectivamente). El músico se enteró en Río de Janeiro, en plena gira. Sumido en un estado de shock y tristeza, volvió de Brasil, se presentó en la comisaría y se topó con periodistas, fotógrafos y cámaras de televisión. “Ojo, loco, al primer zarpe me voy. En mis recitales no aparece nadie y ahora están todos”, le comunicó a la prensa. “No tengo ningún mensaje. En este momento estoy confundido y desamparado. Mataron a mi gran amor, mi abuela”, agregó
.
Por consejo de Cantilo y otros amigos, decidió meterse de lleno en la composición de música y presentar el disco La la la (grabado junto a Luis Alberto Spinetta) en el estadio Obras (diciembre de 1986). Entre las canciones de la nueva obra, logró mechar un tema inédito para compartir con la asistencia. Si bien no dijo el nombre ni tampoco explicó mucho más, sorprendió al público con una frase potente en el estribillo: “Matan a pobres corazones”.


Marzo de 1987
Juan Carlos Baglietto entró a la sala de ensayo y vio a Fito tirado en el suelo, mirando el techo. “¿Cómo andás, che?”, le preguntó. Lentamente, con su mano derecha, el músico prendió el radiograbador que estaba tirado al lado suyo y contestó: “Así, Juan”. Se escuchó una voz furiosa: “En esta puta ciudad, todo se incendia y se va, matan a pobres corazones”.

“El disco es un bajón, pero lo loco sería que no fuese así”, adelantó en una entrevista. “Es difícil de escuchar, es difícil que llegues a tu casa y quieras ponerlo porque es… trágico”, avisó. En sintonía con estas declaraciones y la preparación de ese tercer disco, la policía detuvo a Walter De Giusti, responsable de la muerte de las tres mujeres y condenado a reclusión perpetua al poco tiempo. “No puedo calificarlos. Son locos, pero todos estamos locos. Yo tengo mis rollos y ellos los suyos. Los conocía desde hace muchos años, eran vecinos”, expresó.
 
Septiembre de 1987
“Completás tu ruptura con cierta imagen de pibe bueno, potable para televisión, que puede gustar al público en general y esas cosas”, consultó Clarín, a poco del estreno del disco Ciudad de pobres corazones. “Si, fuera del dolor, en lo teórico, fue un poco reaccionar contra eso también, desde un inconsciente. Ojo, fue reacción contra lo que yo mismo había creado, canciones como ‘Yo vengo a ofrecer mi corazón''', contestó Fito. En distintas charlas volvió a reiterar esa idea y en una de las entrevistas fue más tajante aún y dijo que no buscaba ofrecer “una mierda” su corazón. Lo recalcó en otros reportajes más y a la revista Satiricón directamente pidió: “Que me lo devuelvan”.
 
Noviembre de 1987
El encuentro entre Fito Páez y el Indio Solari se dio luego de esas declaraciones dolosas y tras la edición de su tercer álbum. “Había dicho que no ofrecía una mierda mi corazón, y que se fueran todos a la puta que los parió, algo así, una barbaridad”, recordó el rosarino, tiempo después. “El Indio me agarró en el camarín y me retó. Me dijo que no tenía que decir eso, y me recordó que la canción era bellísima. Fue el único encuentro que tuve con él, y fue inolvidable, porque me puso en mi lugar”, subrayó.

“Tenía muchas razones, y bien atendibles, para estar cabreado”, le mencionó Solari a Marcelo Figueras en su libro de memorias Recuerdos que mienten un poco. “Lo habrá sentido como un reto porque me vio como un hombre más grande, pero todo lo que le dije fue que me parecía una pena que renegara de lo que había hecho, porque conozco pocas frases mejores que esa. No cualquiera dice -y se banca decir- ‘Yo vengo a ofrecer mi corazón’. No es sopa”, concluyó el líder de Los Redondos.
Link de la canción “Yo vengo a ofrecer mi corazón”, de Fito Páez (editado en Giros, 1985).


Cristian Secul Giusti 

Doctor en Comunicación - Docente (UNLP). Si te gustó el artículo podes invitarme un cafecito, también podes hacer un pequeño aporte a la revista aquí
 
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