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Hola, bienvenido a una nueva edición de Crecimiento Negativo, el Newsletter de política económica de Revista Primera Generación. Hace 15 días te comentaba un poco sobre el desarrollo acelerado del sudeste asiático, y para la edición de hoy había prometido un texto sobre las trayectorias de desarrollo de Argentina y Brasil. Sin embargo, el tema dólar se devoró la agenda y resulta insoslayable.

Vamos a intentar, como siempre, ir de lo general a lo particular. El problema del dólar en Argentina es histórico y, según los que saben, multicausal. Marcelo Diamand habla del “péndulo argentino” para referirse a las idas y vueltas de la economía de un país que, desde su independencia, no ha resuelto que camino debe seguir y oscila desde hace décadas entre gobiernos populares (generalmente industrialistas) y liberales agroexportadores.

Para presentarlo de manera muy resumida, Diamand señala que en los gobiernos populares e industrialistas aumentan los salarios y la actividad económica, lo que hace que la economía requiera dólares tanto para el desarrollo como para la adquisición de bienes y servicios importados, o fabricados con componentes importados que la clase trabajadora demanda con su nuevo poder adquisitivo (autos, electrodomésticos y, en el siglo XXI, Netflix, Videojuegos, etc).

Estos dólares deben salir, por el momento, de las exportaciones de bienes agropecuarios, básicamente porque la Argentina es altamente productiva en estos bienes, mientras que tiene una productividad muy baja en bienes industriales. Estos son muy caros comparados con los que se venden en el mercado internacional, y por lo tanto, es imposible exportarlos.

Una cuestión relevante en los países priorizados, es que el carácter dependiente de sus economías presenta dificultades ante las variaciones de los precios internacionales. Argentina no puede controlar el valor internacional de la soja, y al no exportar bienes industriales, las devaluaciones, a diferencia de lo que pasa en las economías desarrolladas, no se traducen en el aumento de exportaciones industriales y por ende tampoco en aumento del empleo.

Al no poder el sector agropecuario abastecer del todo los dólares necesarios mientras se logra el desarrollo industrial al mismo tiempo que se abastecen las demandas de una clase media y trabajadora con ingresos altos, los dólares se acaban, se recurre a controles cambiarios o directamente a programas de austeridad llevados adelante por gobiernos liberales. El problema de estos programas es que, centrados en la austeridad, reducen la actividad económica y equilibran la balanza de pagos, pero lo hacen mediante  el desplome de importaciones que se da por la caída de la actividad y la baja de poder adquisitivo de la sociedad. El resultado: recesión y pobreza.
 

Volviendo a 2020
 Supongo que cuando leían los párrafos anteriores pensaron en los gobiernos Kirchneristas y en el periodo macrista que vino después. Y si, es que estamos siempre con problemas parecidos. Expansión económica, control de cambios, liberalización y toma de deuda externa, recesión, nuevamente controles, hasta que llegamos a la semana pasada, en la que se anunció que el cupo para adquirir 200 dólares mensuales sería encarecido y que al impuesto país,se le suma 35% de adelanto de ganancias.
 
En un principio, y como ya se imaginaran, las medidas se toman porque, básicamente, no hay un mango. Mucho se escribió en estos días sobre los pormenores: la supuesta interna entre Pesce y Guzmán (que 72 horas antes del anuncio del BRCA había manifestado que su idea era ir hacia una mayor apertura), las acusaciones de “tilingos” y “anti patria” a los que compran dólares, los llantos interminables en redes sociales por el aumento de Netflix y Amazon Prime, entre otras cosas.
 
Como si esto fuera poco, Caludio Lozano, presidente del Banco Nación, salió a decir que los 200 dólares de ahorro no eran el problema central de la falta de divisas, sino que la cosa pasa por que los agroexportadores liquidaron las divisas necesarias, que se estiman en 4 mil millones encanutados a la expectativa de que el precio de la soja continúe en alza. Además, Lozano afirmó que las empresas que se endeudaron en dólares de manera irresponsable están haciendo la plancha y no se esfuerzan mucho en conseguir financiación, ya que venden sus productos en el mercado interno tomando el dólar de referencia a 100 pesos mientras que el BCRA les vendía el mayorista a 79 para cancelar los créditos. A todo esto, en el oficialismo todavía no pasaron el auto a nafta, y el impuesto a las grandes fortunas, que debería aportar el equivalente a 3 mil millones de dólares, aún sigue demorado.
 
Mientras que en las redes sociales se desata una batalla de dólar si o dólar no y el presidente del BCRA acusa a los compradores de divisas (que en su mayoría buscan proteger sus ahorros) de participar del negocio de la venta de armas, la realidad parece indicar que ante la imposibilidad de cobrar impuesto a las grandes fortunas, expropiar Vicentín para participar en el comercio de granos, o arrancar con el proyecto de las mega granjas de cerdos chinas, el gobierno tuvo que tomar una medida que venía esquivando desde julio por poco popular y porque, mal que le pese a algunos, perjudica a su base electoral.

La pata política
Es importante no perder de vista que si bien algunos sectores asocian al Frente de Todos con el partido de los pobres, lo cierto es que el sector encabezado por Fernández-Fernández incluye a los sectores más postergados, pero estos de ninguna manera son los únicos. Y probablemente, ni siquiera sean la mayoría en un país de ingresos medios, que aunque viene muy golpeado luego de 4 años de liberalismo, se mantiene con un alto porcentaje de trabajadores sindicalizados y en blanco, al menos para los estándares de para la región. Entonces, es lógico que haya un elevado número de personas de clase media real y un número mucho más grande de clase media aspiracional.

Este conjunto de personas representa a la mayoría de la población, esa que hace ganar o perder elecciones a los partidos políticos, y tiene, claramente, consumos dolarizados, ya sea mediante el acceso a la tecnología, a un automotor, a vacaciones en el extranjero o a servicios digitales que cotizan en dólares. Y el que aún no tiene consumos dolarizados, aspira a tenerlos cuando la cosa mejore. Porque no nos olvidemos que la gente que la está pasando mal y votó a los Fernández, lo hizo para que la cosa mejore.
 
La salida, ¿para acá o para allá?
Me imagino que a esta altura, si es que no dejaron de leer para entrar en un pozo depresivo, se estarán preguntando de qué manera salimos de este problema, que ya lleva décadas con nosotros. Como se mencionó al principio, cuando las personas compran bienes de consumo importados o con componentes importados, esos bienes equivalen a dólares, y como bien señaló el presidente, los dólares deben ser utilizados para la producción, porque lamentablemente hay pocos y se imprimen solamente en EEUU.

Acá podemos hacer una conexión con todo lo que expuse en los tres primeros newsletter. Si un país quiere divisas que le permitan desarrollar su industria (o su sector de servicios) para aumentar los salarios y el nivel de vida de su población, tiene que exportar bienes con alto valor agregado, y para eso debe ser competitivo. Y la forma de lograrlo es aplicando ciencia y tecnología a su producción, pero también diversificándose, porque como vimos, con la plata de los cereales y la carne no alcanza.

Por lo tanto, es más importante controlar que es lo que se importa a controlar quién es el que importa. Los dólares deben ser para producción, pero no para cualquier producción, sino para la producción de bienes o servicios que tengan posibilidad de generar divisas genuinas en el mediano plazo. No es lo mismo entregar dólares a 80 pesos a las automotrices para que traigan autos importados o piezas de ensamble y luego se las ingenien para venderlos en el mercado local pesificados a una cotización más elevada, que financiar proyectos relacionados con el petróleo o el litio.

En ese sentido, el camino es sinuoso pero las posibilidades existen. Más allá del sector energético, la Argentina cuenta con una buena base en química, farmacéutica, agroindustria, metalmecánica y en menor medida software, por lo que existen sectores que de ser incentivados otorgarían resultados positivos. De todas maneras, es necesario tener presente que toda reforma de estas características implica tener que afrontar conflictos políticos, como quedó demostrado en el caso Vicentín, por lo que el gobierno debe estar fortalecido a la hora de encarar la tarea.

Para cerrar, es bueno recordar que el gasto por dólar ahorro es de 700 millones de dólares mensuales, mientras que en 2018 las autoridades del central llegaron a vender 2 mil millones de dólares diarios para mantener la cotización en torno a los 20 pesos, por lo que hay que tomar con pinzas los consejos, planes económicos y sugerencias que vengan de la oposición.

Si la coyuntura nacional nos deja, en 15 días nos encontramos para explorar un poco las trayectorias de desarrollo de Argentina y Brasil, los dos colosos de sudamérica, que obviamente también están atravesadas por la moneda norteamericana, y mucho.


Emiliano Delucchi

Soy periodista y licenciado en comunicación social por la UNLaM, escribo sobre política, desarrollo económico y alguna que otra cosa en Primera Generación.. Si te gustó el artículo podes invitarme un cafecito, también podes hacer un pequeño aporte a la revista aquí
 
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