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¡Buen dia!

Bienvenide nuevamente a “Contrato social”, el newsletter de Primera Generación desde donde comparto algunas reflexiones vinculadas a la política doméstica. En esta oportunidad me voy a correr un poco del culebrón político para detenerme en un elemento que en estos día (y en tantos otros) ha dado qué hablar: el dólar.

Si leíste la edición de ayer de Crecimiento Negativo habrás dimensionado el rol que  la divisa norteamericana tiene en la historia macroeconómica argentina. El dólar fue y es el protagonista de todas las caídas sufridas por nuestra economía, en su historia cíclica de expansión y recesión. Pero en esta oportunidad no me voy a detener en las características estructurales de nuestro crash con el verde, sino en su dimensión político, social y cultural. Me gustaría que pensemos cómo el dólar se metió en nuestras vidas, qué representa en nuestro imaginario social y por qué se volvió un objeto invaluable para la mayoría de nosotros. Hoy quiero hablarte del valor social del dólar.


El valor social del dólar

Martes a la noche, salí de bañarme y revisé el celular, un amigo había enviado a un grupo de whatsapp en común la captura de un tuit que decía “Los gastos con tarjeta de crédito o débito en el exterior serán a cuenta de la compra del dólar ahorro. Si gastaste 1200 dólares, son seis meses sin poder comprar”. Busqué el anuncio en internet, no lo encontré. Tampoco encontré la cara ni la voz de ningún funcionario hablando al respecto. No hubo anuncio, no hubo caras ni voces, solo una resolución del Banco Central.

En medio de la sorpresa, las expresiones de indignación caían como paracaídas en  mi teléfono. Tengo más amigos ahorristas de lo que creí, pensé. Abrí twitter y la escena era de desolación

El termómetro

Los economistas liberales suelen presentar la economía cómo un espacio neutral, en este relato el mercado es un escenario donde se encuentran individuos con diversos intereses que son ordenados por el cálculo racional, y en consecuencia el dinero figura como un instrumento de intercambio, neutral y transparente. Pero si pensamos en la manera en que la divisa norteamericana se internalizó en nuestras vidas, ¿podríamos decir que esa relación histórica se dio en base a prácticas meramente utilitaristas? o más concretamente, ¿podemos considerar los brotes de indignación que despiertan los controles cambiarios como el resultado del cálculo racional?

Hace décadas, una parte de la sociología económica entendió que el dinero lejos de ser neutral está cargado de sentido, y que para entender toda su complejidad es necesario indagar en sus dimensiones políticas y sociales. En esta dirección, algunos trabajos, como el de Ariel Wilkis y Mariana Luzzi, se interesaron en  analizar el proceso de “popularización del dólar”, es decir cómo esta divisa se volvió parte de nuestra vida cotidiana. Este proceso, que lxs autores identifican a partir de la década del 50, contó con la gran ayuda de los medios de comunicación, que por medio de diferentes estrategias lograron sacar al dólar del nicho de “expertos” y volverlo accesible para todos, todas y todes.

En este punto, es interesante detenerse en cómo la popularización del dólar “transfirió” un conjunto de saberes y prácticas específicas del mercado cambiario a nuestra vida cotidiana, performando nuestra identidad “inversora”. Si bien es indudable que nuestra relación con la moneda extranjera está relacionada a las características dependiente de nuestra estructura económica, es clave pensar cómo esa dependencia se convalidó en la reproducción de lógicas cambiarias dentro de la vida cotidiana, que expresan tanto en la tasación del mercado inmobiliario como en el valor de un auto usado. En criollo, cómo dolarizamos gran parte de nuestra vida.

Así, el dólar se presenta hace décadas como un salvavidas ante la latencia de una  hecatombe económica, que con el paso del tiempo fue ganando cada vez más espacio en las operaciones cotidianas, transformando a comerciantes y amas de casa en pequeños inversores. El valor social de la divisa norteamericana se fue construyendo al fuego de devaluaciones y crisis económicas en un recurso de salvaguarda, pero también en un resorte de movilidad social. A medida que el neoliberalismo erosionó los espacios universales de ascenso social, el acopio de dólares se convirtió en la alternativa individual para poder mejorar los niveles de ingresos y de calidad de vida.

Y en este punto es cuando vuelvo a citar a Wilkis y Luzzi para hablarles de otra dimensión interesante de la divisa, la ilusión de autonomía. Pensemos que en el aprendizaje histórico de la sociedad argentina la divisa norteamericana es la única institución que se presenta como estable, inmune a los estallidos económicos y sociales, es decir independiente del Estado. Es una especie de blindado que nos protege de los devenires político-económicos. En consecuencia, y en la medida en que los controles cambiarios impiden el acceso a la divisa, también se vuelve un espacio de resistencia, pensemos en la legitimidad que tiene las cuevas cambiarias y el dólar paralelo. Pensemos cómo la cotización del blue se da en los noticieros con la misma naturalidad que se da la temperatura.

Lo que intento decir es que el dólar es mucho más que una moneda de ahorro o un instrumento para expandir nuestras ganancias. Es un termómetro social que mide no solo la devaluación del peso, sino también la devaluación de la relación entre la sociedad y el Estado, es un sensor que impacta de lleno en el humor social.

Quizás esa fue la razón por la cual no hubo anuncio, ni caras ni voces. Como tampoco lo hubo el 1 de Septiembre de 2019, cuando el Macrismo decidió restablecer los controles cambiarios rompiendo con la única promesa de campaña cumplida. Es que cuesta construir argumentos que perforen el desencanto social cuando el Estado te dificulta acceder a un bien tan simbólico. La vicejefa de gabinete, Cecilia Todesca suele hacer mención al enclave cultural del dólar en nuestra sociedad y en cómo su abordaje implica transformaciones de largo plazo. Es que en definitiva, hay una clara conciencia de que el desafío de las políticas destinadas a revertir la vinculación de la sociedad argentina con el dólar deben trascender la creación de instrumentos económicos novedosos, asumiendo que no se limita a un problema de incentivos. Implica transformar saberes y prácticas sociales y reconstruir la vinculación entre la sociedad y el Estado. La tarea es titánica porque se trata de volver a poner al Estado como la institución que da certidumbre y previsibilidad.

Si bien las posibles soluciones necesitan de escenarios macroeconómicos y políticos estables a mediano y largo plazo que permitan crecer económicamente de manera sostenida en el tiempo, también requieren de políticas redistributivas que generen nuevos caminos comunitarios de integración y movilidad ascendente. Se trata de reconstruir la confianza ya no en el peso, sino en el país.

Para cortar con tanta seriedad les dejo el “bio” que los chicos de “Pais de boludos” le hicieron al dólar. Es una belleza. Cómo siempre les comparto lo que escucho mientras escribo, en esta oportunidad me acompaña John Lennon con algunas de las reediciones de  Gimme Some Truth” . El 9 de octubre John cumpliría 80 años y Yoko lo conmemora con la reedición de 36 canciones icónicas de su obra.

Bueno ya, hasta aca llegamos, espero que lo hayas disfrutado.

Hasta la próxima
 

Sol Rossa

Soy politóloga y maestranda en Sociología Económica en la Unsam. Escribo sobre lo que me interesa: politica y desarrollo económico. Si te gustó el artículo podes hacer un pequeño aporte a la revista aquí
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